miércoles, 6 de noviembre de 2013

El juego de Ender


Título original: Ender's game
Año: 2013
País: EE.UU.

Dirección: Gavin Hood
Guión: Gavin Hood, basado en una novela de Orson Scott Card
Producción: Orson Scott card, Robert Chartoff, Lynn Hendee, Alex Kurtzman, Linda McDonough, Robert Orci, Gigi Pritzker & Ed Ulbrich  
Fotografía: Donald McAlpine
Música: Steve Jabonsky
Montaje: Lee Smith & Zach Staenberg 
Diseño de producción: Sean Haworth & Ben Procter 
Dirección artística: Greg Berry, A. Todd Holland & Clint Wallace
Decorados: Peter Lando
Vestuario: Christine Bieselin Clark
Reparto: Asa Butterfield, Harrison Ford, Hailee Steinfeld, Abigail Breslin, Ben Kingsley, Viola Davis, Aramis Knight, Suraj Partha, Moises Arias, Khylin Rhambo, Jimmy 'Jax' Pinchak, Nonso Anozie, Conor Carroll, Caleb J. Thaggard, Cameron Gaskins, Stevie Ray Dallimore, Andrea Powell, Brandon Soo Hoo, Kyle Russell Clements, Wendy Miklovic, Jasmine Kaur, Han Soto, Edrick Browne, Tony Mirrcandani, Christopher Coakley, chase Walker, Gavin Hood… 

la guerra no es un juego de niños

El juego de Ender es una de esas películas que llegan rodeadas de gran expectación, sobre todo para el colectivo geek. Primero porque parte de la popular novela homónima de Orson Scott Card que, al ser uno de los productores de la película, se puede interpretar su aprobación sobre el proyecto. Pero por otro lado, porque aglutina algunas de las tendencias más valoradas por este tipo de público, como son la ciencia ficción y los videojuegos, haciendo incluso las delicias de los más frikis por la alusión indirecta a La guerra de las galaxias debido a la inclusión de Harrison Ford en el reparto. 

Quizás muchos deberían haber sido más prudentes al dar rienda a sus expectativas, porque finalmente, tanto el encargado de adaptar el texto a la pantalla, como el director de la película, ha sido Gavin Hood, responsable de la película más floja de la saga X-Men, X-Men Orígenes: Lobezno (X-Men Origins: Wolverine, 2009). Lo único que demuestra en su nueva película es que pondrá mucho empeño, pero le falta desempeño. A mi favor juega no conocer la novela de antemano, más que nada porque así mi percepción de la película está menos contaminada al no poder establecer las diferencias con la novela, por lo que si me gusta o no, no podré decir aquello de «el libro estaba mejor». 

Acorde con su presupuesto, toda la parte técnica y artística de El juego de Ender está resuelta con soltura y mucho esplendor. El diseño de producción es fabuloso, como los efectos visuales resultan espectaculares, así como también el vestuario y la fotografía. Quizás la banda sonora de Steve Jablonsky resulte un poco cansina —muchos bodrios en su trayectoria justifican mi percepción—, sobre todo porque es de esas partituras que se empeñan en dirigir tus emociones. El montaje de la película es adecuado y, en general, puedo decir que estamos ante una película considerablemente entretenida. Harrison Ford abusa del estereotipo, pero Viola Davis salva cualquier situación, de la misma manera que lo hacen Ben Kingsley y Nonso Anozie —importado de Juego de tronos, por si les suena y no se acuerdan de dónde. 

Pero entonces, ¿dónde está el problema? Podríamos buscarlo en el reparto infantil, convenientemente crecido para la credibilidad del relato en la pantalla, y creo que este es el primer error. Primero porque Asa Butterfield es incapaz de transmitir los conflictos de su personaje, y segundo por la las actitudes de estos jóvenes resultan contradictoras en sí mismas. Quiero decir, si la mayoría de los adolescentes que han sido escogidos para este deseado programa de formación son conscientes de su suerte y las posibilidades que tienen por delante, ¿por qué se siguen comportando como pandilleros de extraradio? ¿Porqué se empeña la familia de Ender en que no siga adelante, a pesar de que estaban encantados de que su hermano y hermana pasaran antes por el mismo programa? Sencillamente, porque lo pone el guión, y aquí reside el gran problema de la película, que sólo se preocupa en plantear, sin ofrecer justificación alguna.

¿Qué le pasa a esta sociedad que tiene que recurrir a niños para ir a la guerra? ¿Donde está la amenaza real de los insectores? Es posible que sobre el papel, el relato funcionara muy bien. Incluso contar la película puede dar la impresión de que estamos ante un relato de fantasía bastante logrado e incluso interesante. Pero tratar temas como la violencia juvenil, los conflictos fraternales, el bullying, la guerra y la muerte a través de unos personajes tan superficiales, hace que se desmorone por completo la verosimilitud del relato. Tampoco ayuda que Halle Steinfeld demuestre que lo de Valor de Ley fue cosa de su personaje, que no sus dotes para la interpretación. Si hasta casi son más profundas las secuencias de animación que las reales. De hecho, el propio juego al que juega Ender es más interesante que la película en sí. Lástima que forme parte de la nota más femenina de la película y quede relegada en favor de la acción.

Es posible que el autor de la novela original asumiera la influencia de la saga de la Fundación de Isaac Asimov y de los trabajos de la Guerra Civil Americana de Bruce Catton —al final los insectores van a ser los negros y estamos ante una película financiada por la ultraderecha—, pero a un servidor le resulta inevitable no relacionar la historia con El señor de las moscas, la maravillosa, cruel y violenta novela de William Golding. La relación es obvia en cuanto a los niños —más infantes que no adolescentes—, aunque en la isla no tenían que luchar contra las moscas (o los insectores), sino que acababan luchando contra ellos mismos. Lo que dotaba al relato de una mayor fuerza era la ausencia de adultos, que es otra de las notas discordantes de El juego de Ender. Los diálogos y actitudes entre niños y adultos son demasiado antinaturales, la distancia entre unos y otros no permite que acabemos de entrar de lleno en un relato que es más fantástico por este tipo de relaciones, que por todo lo demás.