sábado, 5 de febrero de 2011

De dioses y hombres


Título original: Des hommes et des dieux
Año: 2010
País: Francia

Dirección: Xavier Beauvois
Guión: Xavier Beauvois & Etienne Comar
Producción: Pascal Caucheteux & Etienne Comar
Fotografía: Caroline Champetier
Montaje: Marie-Julie Maille
Diseño de producción: Michael Barthélémy
Reparto: Lambert Wison, Michael Lonsdale, Olivier Rabourdin, Philippe Laudenbach, Jacques Herlin, Loïc Pichon, Xavier Maly, Jean-Marie Frin, Abdelhafid Metalsi, Sabrina Ouazani, Abdellah Moundy, Olivier Perrier, Farid Larbi...

la pasión de los monjes cistercienses

Des hommes et des dieux, la película de Xabier Beauvois ganadora del Premio Especial del Jurado en el pasado Festival de Cannes, es una mística película que alcanza su climax emocional dentro de la más pura austeridad formal(...).

A partir de la historia acontecida en las postrimerías del siglo XX, que narra el secuestro y posterior asesinato de unos monjes que viven perfectamente integrados en la sociedad musulmana, un núcleo rural ubicado en las montañas de Argelia, y que ante la amenaza de una ola de violencia fruto del fundamentalismo religioso, deciden permanecer en su monasterio, realizando sus tareas habituales, conscientes del serio peligro que corren sus vidas.

Puede que algunos se echen las manos a la cabeza por haberles destrozado el final de la película, pero eso es como si pretendieran ver una película sobre Juana de Arco ignorando que acaba en la hoguera, o sobre Jesucristo eludiendo que acaba en la cruz. Precisamente, la alusión a La pasión de Juana de Arco (La passion de Jeanne d’Arc, 1928, Carl Th. Dreyer) en algo más que un mero referente, pues a Xavier Beauvois no le interesa tanto lo que le suceden a sus personajes, sino la manera en la que ellos lo viven y asimilan, al igual que le sucediera a la torturada protagonista del filme de Carl Th. Dreyer.

Más allá de creencias religiosas, Des hommes et des dieux se convierte en un ejemplo de cine existencialista en el que el hombre es el mayor enemigo del hombre, independientemente de su religión. Y la mejor manera de combatir la ceguera de la ignorancia, los efectos de la ausencia de conocimiento que llevan a la irracionalidad, y el integrísimo de esta, y cualquier otra religión, es con integridad.

Contrariamente a lo que piensen, creo que fue la colonización francesa, ese robo organizado, la que nos ha retrasado.

Paradójicamente, y aparte de la lectura que pueda hacerse sobre los devastadores efectos de la colonización en lo que común y erróneamente se considera el tercer mundo, todavía más curioso resulta comprobar que todos estos acontecimientos tuvieran lugar antes del fatídico 11-S, cuando la respuesta de occidente ante los ataques de los integristas islámicos no se contraatacara con la misma integridad que lo hacen los monjes, sino con el mismo integrísimo de los fundamentalistas, aunque quieran llamarlo de otra manera. Igualmente, dentro del relato tampoco son muy diferentes los métodos de los terroristas de los que no lo son.

Resaltar el impecable trabajo actoral, que aunque esté encabezado por un interesantísimo Lambert Wilson y el siempre efectivo Michael Lonsdale, todos y cada uno de los miembros del monasterio están absolutamente sublimes en sus interpretaciones. La fotografía naturalista, el vestuario impecable, el austero diseño de producción y una dirección que, acorde con el espíritu de los monjes, permanece estática y enclavada al suelo, permite que sólo con la contemplación alcancemos a apreciar un ápice de la iluminación que alcanzan estos personajes.

Una de las secuencias más líricas es el momento el que, al son del El lago de los cisnes, se representa una especie de última cena, que es la que acaba por convertir en dioses a estos hombres y en la que se subliman nuestras emociones para hacernos comprender que han encontrado una paz espiritual que les permite aceptar un destino que no es el que hubieran elegido, pero sí el que les ha tocado vivir.

Publicado originalmente en EXTRACINE