domingo, 27 de enero de 2013

Django desencadenado


Título original: Django unchained
Año: 2012
País: Estados Unidos

Dirección: Quentin Tarantino
Guión: Quentin Tarantino
Producción: Reginald Hudlin, Pilar sazone & Stacey Sher  
Fotografía: Robert Richardson
Montaje: Fred Raskin
Diseño de producción: J. Michael Riva
Dirección artística: page Buckner, David F. Klassen, Mara LePere-Schloop & Suzan Wexler
Decorados: Leslie A. Pope
Vestuario: Sharen Davis 
Reparto: Jamie Foxx, Christoph Waltz, Leonardo DiCaprio, Kerry Washington, Samuel L. Jackson, Walton Goggins, Dennis Christopher, James Remar, David Steen, Dana Michelle Gourrier, Nichole Galicia, Laura Cayouette, Ato Essandoh, Sammi Rotibi, Clay Donahue Fontenot, Escalante Lundy, Miriam F. Glover, Don Johnson, Franco Nero, James Russo, Tom Wopat, Don Stroud, Russ Tamblyn, Amber Tamblyn, Bruce Dern, M.C. Gainey, Cooper Huckabee, Doc Duhame, Jonah Hill, Lee Horsley, Zoe Bell, Michael Bowen, Jake Garber, Ted Neeley, James Parks, Tom Savini, Michael parks, John Jarratt, Quentin Tarantino… 

el cine ardiente y desencadenado de tarantino

Pocos cineastas contemporáneos tienen esa capacidad de hacer películas que resulten satisfactorias a tantos niveles como Quentin Tarantino. Y Django Unchained, su última película, que ya se ha colado en las nominaciones a los premios Oscar 2013, vuelve a ser uno de esos ejemplos. Lo fascinante es que, a la vez que consigue ser una película emocionante, también te induce a reflexiones temáticas, intelectuales o a las meramente cinéfilas. Pero sólo si tú quieres, porque el lenguaje que Tarantino utiliza es lo suficientemente sencillo para ser asequible para los espectadores de a pie, como tan elaborado y refinado para entusiasmar a los más avanzados. Tarantino lo ha vuelto a hacer, ha vuelto a acertar de lleno.

Django Unchained es una película que te atrapa a través de los sentidos. El fabuloso trabajo de ambientación consigue transportarte con exactitud a los tiempos de la Guerra Civil estadounidense. El espléndido vestuario diseñado por Sharen Davis consigue evitar la sensación de que los integrantes del reparto están disfrazados. Y la fabulosa fotografía de Robert Richardson-habitual colaborador de Tarantino-, consigue transmitirte el estado emocional de los protagonistas de la película con sus tonos cálidos. Porque estamos hablando de una película completamente ardiente.

Django Unchained es una película que te atrapa a través del relato. Quentin Tarantino acierta de lleno con un guión en el que parece haber capturado la esencia de Pulp Fiction (1994), para fusionarla con los mayores aciertos de Malditos bastardos (Inglourious Basterds, 2009) introduciendo algunos guiños a Jackie Brown (1997). Si te lleva a su terreno desde la primera secuencia, después consigue armar una estructura en episodios a la que consigue dotar de entidad global. Si a simple vista sus personajes parecen estar dibujados con dos plumazos, cada uno de los actores consigue infundirles profundidad, por lo que el espectador puede hacerse una idea exacta y precisa de todos y cada uno de ellos. Pero si definitivamente consigue arrebatarte, es por la empatía que consigue establecer con un personaje como Django, al igual que sucediera en Jakie Brown con el que interpretara Pam Grier.

Django Unchained es una película que te atrapa a través de sus personajes. Si Jamie Foxx y Christoph Waltz están, como es habitual en ellos, absolutamente espléndidos, debo decir que hay tres intervenciones que me han sorprendido favorablemente. En primer lugar está Samuel L. Jackson, absolutamente extraordinario en ese personaje que todos odiamos desde el primer momento en que aparece. Después está Leonardo DiCaprio, que salvo en Infiltrdaos  (2006, Martin Scorsese) y sus películas previas a convertirse en estrella, casi nunca me había llegado a convencer del todo. Aquí no sólo me convence, sino que me entusiasma. Aunque quien quizás me sorprenda verdaderamente sea Don Johnson, en un personaje minúsculo, pero que sabe aprovechar al máximo y con el que deja claro (él o Tarantino) que nos hemos perdido a un actor en la línea de John Travolta, es decir, de esos que saben hacerlo bien pero que no saben cómo ni dónde.

Pero el mayor logro de Django Unchained es emocional. Por un lado está el uso de la violencia, que como suele ser habitual en su cine, es total y absolutamente lúdico, nunca incita a la violencia, si acaso resulta liberador, como la de un videojuego. Después está esa capacidad, casi atonal, para sincronizar el tema musical con los personajes, con las imágenes, con los movimientos de cámara, con el tono de la película. Encuentro fascinante el uso anacrónico de algunos temas, particularmente los de hip-hop, con los que parece querer decirte lo que escucharía Django si viviera en nuestros días. Después están las alusiones cinéfilas, tanto en lo que respecta al uso de ciertos recursos estéticos que, como ya sucediera con Inglourious Basterds, está más cerca del spaghetti western que del western clásico estadounidense, como a la cita explícita de la película de Sergio Corbucci, que se confirma con la inclusión de Franco Nero y sus breves líneas a propósito del nombre del protagonista, que también fuera el suyo.

Pero, por último, están el fabuloso sentido del humor y, sobre todo, la satisfacción de la rebelión. La respuesta de Django, en sintonía con el final distópico de Inglourios Basterds, ante la deplorable actitud de los blancos que llevaron al pueblo africano a la esclavitud en lo que después sería los Estados Unidos de América. Eso es lo que de verdad consigue arrebatarte, emocionare, entusiasmarte y hacértelo pasar de puta madre con Django Unchained. Una película que demuestra que quien está desencadenado realmente no es Django, sino Quentin Tarantino, que no pierde el ritmo ni su capacidad para crear obras tan divertidas como estimulantes.

Publicado originalmente en EXTRACINE