jueves, 5 de julio de 2012

Moonrise kingdom


Título original: Moonrise Kingdom
Año: 2012
País: EE.UU.

Dirección: Wes Anderson
Guión: Wes Anderson y Roman Coppola
Producción: Wes Anderson, Jeremy Dawson, Steven M. Rales & Scott Rudin  
Fotografía: Robert D. Yeoman
Música: Alexandre Desplat
Montaje: Andrew Weisblum 
Diseño de producción: Adam Stockhausen 
Dirección artística: Gerald Sullivan
Decorados: Kris Moran
Vestuario: Kasia Walicka-Maimone
Reparto: Bruce Willis, Edward Norton, Bill Murray, Kara Hayward, Frances McDormand, Tilda Swinton, Jason Schwartzman, Jares Gilman, Harvey Keitel, Bob Balaban, L.J. Foley, Seamus Davey-Fitzpatrick, Jake Ryan, Charlie Kilgore, Neal Huff, Lucas Hedges, Gabriel Rush, Tanner Flood, James Wilcox, Tommy Nelson, Chandler Frantz, Wyatt Ralff, George J. Vezina, Jordan Puzzo, Preston Hatch, Andreas Sheikh, Rob H. Campbell, Joshua Meehan, Rob H. Campbell, Michael Malvesti, Dylan Cataldo, Christopher Alan, Coledyn Garrow… 

como vivir en la bola de cristal

Que Wes Anderson retorne al cine de imagen real, después de la maravillosa Fantastic Mr. Fox (2009), no quiere decir que haya dejado de lado las técnicas de animación. Además de seguir siendo fiel a sí mismo, tanto por el tema que trata como por el estilo y estética con el que lo lo aborda, Moonrise Kingdom se convierte en una deliciosa película que al ubicarse en los años sesenta, parece encontrar el marco idóneo para desarrollar tanto las peculiares relaciones de sus personajes, como para alcanzar el esplendor de su particular estilo visual, que le enmarca como uno de los miembros más estimulantes de ese peculiar grupo de cineastas que denomino como ladrones de orquídeas.

En perfecta coherencia con las premisas que viene promulgando a lo largo de su trayectoria, Anderson vuelve a rodearse de sus colaboradores habituales, quienes ya constituyen familia profesional. Si Roman Coppola fuera el director de la segunda unidad de The Life Aquatic with Steve Zissou (2004) y de The Darjeeling Limited (2007), en este última también era responsable del guión junto al propio director, al igual que lo es en Moonrise Kingdom. Reincide también el prolífico compositor francés Alexandre Desplat después de su magnífica colaboración en Fantastic Mr. Fox. Pero la colaboración que resulta definitiva en esta ocasión es la de Robert D. Yerman, que viene siendo su director de fotografía habitual desde Rushmore (1998). Su particular uso de la luz es lo que permite esa coherencia estética que nos transporta a unos años sesenta de ensueño en los que no sólo no rechinan sino que resplandecen tanto el vestuario de los personajes, como el fabulosa diseño de producción de Adam Stockhausen, con quien ya trabajara también en The Darjeeling Limited.

Igual de afortunado resulta el equipo artístico encabezado por Bruce Willis, Frances McDorman y Edward Norton, que a pesar de ser la primera vez que participan en una película de Anderson, captan a la perfección el sentido del humor necesario para conseguir unas interpretaciones sobreactuadas, pero en perfecta sintonía con el tono de la película. Una capacidad que ya dominan colaboradores habituales de la familia Anderson como Bill Murray o Jason Schwartzman. No puedo dejar de mencionar a los dos adolescentes que protagonizan verdaderamente la película, Kara Hayward y Jared Gilman, absolutamente encantadores en su primera interpretación cinematográfica. Y es obligatorio aludir la deliciosa intervención de Bob Balaban, tierno y entrañable como ninguno de los profesores que pudieras imaginarte y que sirve además como narrador de la película.

Muchos espectadores disfrutarán con las señas de identidad de Wes Anderson como esos planos frontales y cenitales que transmiten esa claridad con la que los personajes ven su realidad, o los planos con movimiento que contribuyen a crear esa dimensión mágica que traspasa todas y cada una de sus películas. Pero podemos incluir como una de las características más interesantes de la película que los encuadres no siempre están diseñados a la medida de los personajes, sino a la de la naturaleza. Porque en Moonrise Kingdom las fuerzas de la naturaleza se convierten en un personaje más, que sirve como metáfora del amor, ese sentimiento incontrolable que empuja a Sam y Suzy a planear su escapada y a querer permanecer juntos aunque todo esté en su contra, y a pesar de sus respectivas circunstancias, que les abocan a neuróticos deseos de ser el otro sin ser conscientes de que tendrían las mismas necesidades y carencias.

El amor es para el cineasta la respuesta y solución para la incomprensión que puedan sufrir los miembros de una familia que no viven ni sienten de la misma manera que sus padres y hermanos, como también es la única salvación para aquellos que ni siquiera tienen familia. Muchas películas recientes tratan el tema de la crisis familiar, pero desde una perspectiva más negativa, poniendo en tela de juicio los valores de la institución. La respuesta de Anderson es clara: si te sientes un bicho raro, si crees que nadie te comprende, si no tienes nada que compartir con la familia a la que perteneces, la única solución es fundar la tuya propia, acorde con tus gustos y necesidades. Lo interesante es que para transmitir su mensaje, Anderson sigue siendo fiel a su trayectoria previa, reivindicando que “sólo no puedes, con amigos sí”, tal y como promoviera antaño La Bola de Cristal, aquel maravilloso programa de Radio Televsión Española en el que cualquiera que se sintiera peculiar, podía encontrar su sitio y su lugar, sentirse querido y comprendido, y explorar las virtudes de la clase de pájaro que le había tocado ser.

Publicado originalmente en EXTRACINE

Blancanieves y la leyenda del cazador


Título original: Snow White and the Huntsman
Año: 2012
País: EE.UU.

Dirección: Rupert Sanders
Guión: Evan Daugherty, John Lee Hancock & Hossein Amini
Producción: Sam Mercer, Palak Patel & Joe Roth  
Fotografía: Greig Fraser
Música: James Newton Howard
Montaje: Conrad Buff IV & Neil Smith 
Diseño de producción: Dominic Watkins 
Dirección artística: Andrew Ackland-Snow, Alastair Bullock, John Frankish, Oliver Goodier, Stuart Rose & David Warren
Vestuario: Colleen Atwood
Reparto: Kristen Stewart, Chris Hemsworth, Charlize Theron, Sam Claflin, Sam Spruell, Ian McShane, Bob Hoskins, Ray Winstone, Nick Frost, Eddie Marsan, Toby Jones, Johnny Harris, Brian Gleeson, Vincent Regan, Noah Huntley, Liberty Ross, Christopher Obi, Lily Cole, Rachael Stirling, Hattie Gotobed, Raffey Cassidy, Xavier Atkins, Izzy Meikle-Small, Anastasia Hille, Elliot Reeve, Mark Wingett, Jamie Blackley, Dave Legeno, Matt Berry, Greg Hicks, Oeter Ferdinando, Andrew Hawley, Joey Ansah, Gregor Truter, Tom Mullion… 

más espartaco que juana de arco

Resulta obvio que Snow White and the Huntsman no es más que el resultado de una estrategia comercial desarrollada a tres bandas. Por un lado tenemos a la compañía productora Roth Films, dispuesta a rentabilidad cualquier cualquier cuento popular infantil. Si comenzaron destrozando Alice in Wonderland (2010, Tim Burton), acaban de estrenar esta renovada versión de la historia de los hermanos Grimm, ya se está produciendo su particular punto de vista de uno de los más populares cuentos estadounidenses con Oz: The Great and Powerful, y continuarán con la que no dudo será también original adaptación del cuento popular que plasmó por escrito Charles Perrault y que ellos titulan Maleficent. De otro lado está Universal Pictures, reina del cine terror con influencia expresionista de antaño, corona que parece pretender recuperar ahora a golpe de estética neogótica. En el tercer vértice estaría el director de la propuesta, Rupert Sanders, un cineasta debutante, sin experiencia previa conocida al que poder echar la culpa de todo en caso de que la operación resulte un descalabro. No ha sido así, al menos económicamente hablando, aunque tampoco ha cumplido con todas las expectativas que prometía en sus avances publicitarios.

Un segundo triángulo, el de los guionistas, resulta clave para entender la aproximación que han realizado, no ya al cuento original, sino a la adaptación que Walt Disney ofreciera del cuento en 1937 y que, con toda probabilidad permanece realmente tanto en la memoria del espectador como en la de los productores de la película. El trabajo de Evan Daugherty, John Lee Hancock y Hossein Amini -no conozco los trabajos del primero pero los otros dos son estupendos- demuestra que no tienen ningún escrúpulo en ser infieles a su modelo original, lo cual celebro completamente.

Lo que no entiendo es cómo no se les ha ocurrido cambiar el nombre del personaje protagonista, capaz de hacer que chirríe en un sólo momento la esmerada puesta en escena de la película. Dentro de la estrategia de marketing de la que estamos hablando, pareciera que no han sido capaces de disimular los modelos a emular para tratar de acaparar a un mayor número de espectadores. A un servidor le parece claro que han aprovechado que las adaptaciones de cuentos están de moda, añadiendo el ingrediente romántico que le resulta tan atractivo al público femenino, pero sin descuidar el sentido épico que atrae al sector masculino. Restamos cualquier atisbo de sexo y violencia, más allá de las que vienen implícitas hacia los personajes malos malísimos de la muerte como la bruja y su hermano, para poder llevar a los más pequeños al cine y ya tenemos un producto familiar listo para vender.

El problema viene cuando abordamos al triángulo protagonista que queda descompasado desde el momento en que Kristen Stewart y Chris Hemsworth se enfrentan a una actriz del calibre de Charlize Theron. Claramente, siguiendo la misma estrategia del guión, al contar con Bella sólo pretenden llamar la atención de los seguidores de The Twilight Saga, de la misma manera que lo hacen sobre los que quedaron impresionados con la fuerza (y estupidez) de Thor. Pero entre que sus respectivos personajes son algo ñoños y lo estupendamente bien definido que está el de Ravenna, no queda ningún lugar para comparaciones. No hay color. La película es de Charlize, a pesar de ser el vértice del triángulo que no aparece en el título de la película. De hecho, si Snow White and the Huntsman comienza bastante bien, en cuanto desaparece la bruja del plano, la película baja en intensidad, en tensión, en emoción, en atractivo y en todo.

Charlize Theron es capaz de lograr la empatía con el espectador a través de un personaje que nunca es feliz, víctima de una maldición que no termina de explicarse, y que resulta cautivadora a pesar de su maligno comportamiento. Quizás también la simpatía nazca de las probables fuentes de inspiración de los guionistas, que no dudaría evocan a Miriam, aquella vampiro interpretada por Catherine Deneuve en El ansia (The Hunger, 1983, Tony Scott), que arrastraba una maldición desde los tiempos del dios Ra. De la misma manera, si nos vendieron que el personaje de de Blancanieves era una especie de Juana de Arco, más se parece al revolucionario Spartacus (1960, Stanley Kubrick), sobre todo en la secuencia en la que trata de exaltar a los que fueran súbditos de su padre a la rebelión, y de cuyo personaje tampoco se explica realmente de dónde le nace tanta bondad ni porqué es la elegida ni nada de nada. Por no hablar de un final total y absolutamente calcado de Star Wars (1977, George Lucas), al que tan sólo faltaba el embriagador gruñido de Chewbacca.

Si claramente prefiero esta puesta al día del cuento clásico de Blancanieves que el tormento por el que nos condujera Tarsem Singh en Mirror Mirror (2012), tan sólo dos cuestiones me preocupan. ¿Hacía falta? Por que lo cierto es que no logro entender qué es lo que nos quieren contar con Snow White and the Huntsman. Probablemente nada y por eso ya me he olvidado por completo de la película (menos de Charlize). La otra pregunta va dirigida a aquellos fervientes defensores de Avatar (2009), que ante las quejas de plagios múltiples se defendían alabando las gracias y virtudes de la exuberante naturaleza que se mostraba en la película de James Cameron, luego ¿quedarán igualmente prendados del mismo alarde naturalista que se realiza en Blancanieves y la leyenda del leñador?

Publicado originalmente en EXTRACINE

miércoles, 4 de julio de 2012

Men in Black 3


Título original: Men in black 3
Año: 2012
País: EE.UU.

Dirección: Barry Sonnenfeld
Guión: Etan Choen, basado en un comic de Lowell Cunningham
Producción: Laurie MacDonald & Walter F. Parkes  
Fotografía: Bill Pope
Música: Danny Elfman
Montaje: Wayne Wahrman & Don Zimmerman 
Diseño de producción: Bo Welch 
Dirección artística: Kasra Farahani, Luke Freeborn, W. Steven Graham, Kevin Ishioka, Maya Shimoguchi & Chris Shriver
Decorados: Susan Bode
Vestuario: Mary E. Vogt
Reparto: Will Smith, Tommy Lee Jones, Jermaine Clement, Emma Thompson, Michael Stuhlbarg, Mike Colter, Nicole Scherzinger, Michael Chemus, Alice Eve, David Rasche, Keone Young, Bill Hader, Cayen Martin, Clarke Thorell, Adam Mucci, Tom McComas, Douglas Crosby, Woodie King Jr., Jack O0Connell, Tobias Segal, Jon Shaver, Gerritt Vandermeer, Alexandra O'Hara, Violet O'Hara, Valence Thomas, Chloe Sonnenfeld, Lanny Flaherty, Jonathan O'Hara, Rick Baker, Joe D'Onofrio, Joseph R. Gannascoli, Katy Frame, Kevin Townley, Stephen Brian Jones, Tyler Johnson, Kati Rediger, Victor Joel Ortiz, Charlie Barnett, Ian Blackman, Jeremy Beiler, Liliane Klein, Britt Johnson, Jared Johnston, Ken Arnold, Jonathan Drew, Joel Brady, David Pittu, Lenny Venito, Anthony J. Gallo, James Martin Kelly, Will McLaughlin, Kimmy Suzuki, Kirk Larsen, Javier José Rivera Nieves, Barry Sonnenfeld, Susan Ringo, Stephanie Ellis, Ben Mac Brown, Amy Erwitt… 

los hombres de negro se vuelven sentimentales

Puede que Barry Sonnenfeld no sea un director demasiado brillante, pero no cabe duda que siempre resulta efectivo. En su trayectoria nos encontramos con dos sagas como la de La familia Adams (The Addams Family, 1991) y estos Hombres de negro, que ha salteado con otras películas, de corte siempre cómico, como Cómo conquistar Hollywood (Get Shorty, 1995) o Wild Wild West (1999). Una trayectoria simpática en la que su principal objetivo siempre es el de entretener, lo que desde mi punto de vista, cumple a la perfección, y lo que vuelve a conseguir en Men in Black 3, aunque no con tanto acierto como en sus películas precedentes.

Quizás sea porque ha pasado justo una década desde que se estrenara la última aventura de estos Hombres de Negro, o porque en casi todo ese período el cineasta haya estado trabajando en la televisión, pero se puede apreciar una leve falta de sincronización en esta tercera aventura de los agentes J y K, que si bien reflejaban a la perfección el cine cómico y de acción que se realizaba en los años noventa, parecen quedar parcialmente obsoletos entre los mastodónticos blockbusters de hoy en día. Probablemente se deba a que el cómic original de Lowell Cunnungham fuera en sí una obra de los años noventa en la que tantos extraterrestres poblaban la Tierra. Como ahora la mayoría de la población ya está alienada, las diferencias entre terráqueos y extraterrestres no son tan visibles.

Si por un lado es muy acertado ese viaje en el tiempo para tratar de salvar esa distancia entre la época actual y las películas precedentes, fijar excesivamente la atención en los lazos emocionales que unen los agentes J y K, resulta un tanto excesivo para un producto de estas características. Confieso que mi memoria sobre Men in Black (1997) y su secuela es bastante vaga, las recuerdo como películas divertidas en las que disfruté tanto de su acción como de sus gags cómicos, por eso me sorprende esta excesiva atención hacia los vínculos emocionales de sus protagonistas, que no recuerdo fueran tan fuertes en las anteriores. No es que no les prestaran atención, simplemente que lo resolvían de otra manera, no siendo el centro de la trama, ni la mayor preocupación de sus protagonistas.

En cualquier caso no hay mucho lugar para la decepción, Men in Black 3 ofrece lo que promete: acción, humor y una curiosa colección de extraterrestres. Si deliciosa es la corta intervención de Emma Thompson, prodigiosa resulta la creación de Josh Brolin, que en muchos momentos hace dudar de que sea él y no una animación del propio Tommy Lee Jones rejuvenecido. Will Smith está en su línea, así que si te gusta te lo pasarás pipa, y si no te gusta, tendrás que hacer como que no está, porque hace su personaje de siempre, el de Men in Black y el de cualquier otra película que haga.

Aunque la peor nota se la lleva, precisa y curiosamente, Danny Elfman que nos tortura con una partitura excesivamente descriptiva, de esas que pretenden indicarte el tipo de emoción que debes sentir en cada momento, lo que acompañado de esos excesos sentimentales del guión de Etan Cohen, propician que una vez terminada la proyección y por mucho que hayas disfrutado, te olvides de la película en busca de otro producto de entretenimiento que consiga perdurar un poquito más.

Publicado originalmente en EXTRACINE

Martha Marcy May Marlene


Título original: Martha Marcy May Marlene
Año: 2011
País: EE.UU.

Dirección: Sean Durkin
Guión: Sean Durkin
Producción: Antonio Campos, Patrick Cunningham, Chris Maybach & Josh Mond  
Fotografía: Jody Lee Lipes
Música: Daniel Bensi & Saunder Jurriaans
Montaje: Zachary Stuart-Pontier 
Diseño de producción: Chad Keith 
Dirección artística: Jonathan Guggenheim
Vestuario: David Tabbert
Reparto: Elizabeth Olsen, Christopher Abbott, Brady Corbet, Hugh Dancy, Maria Dizzia, Julia Garner, John Hawkes, Louisa Krause, Sarah Paulson, Adam David Thompson, Allen McCullough, Lauren Molina, Louisa Braden Johnson, Tobias Segal, Gregg Burton… 

la angustia de la falta de identidad

El cineasta estadounidense Sean Durkin obtenía en Sundance el premio al mejor director por Martha Marcy May Marlene, una de esas películas que siempre te llaman la atención pero que, una vez vista, te arrepientes por no haberla visto antes. Lo que comienza como una drama de una joven que quiere escapar de la comuna en la que ha vivido los últimos dos años, acaba por convertirse en un angustioso drama sobre la falta de identidad de una persona que tampoco consigue encontrar paz y tranquilidad, ni mucho menos a sí misma, junto a su hermana, la única familia que le queda.

Película tan intimista como emocionante que plantea conflictos de muy diversa índole haciendo que el espectador se haga las mismas preguntas que la protagonista y revelando a su director como un auténtico terrorista psicológico en la onda de cineastas como Lars Von Trier que consiguen que se te encoja en corazón, pero al que odias profundamente por dejar su película abierta, inconclusa, dejando que sea el espectador quien decida el destino de su protagonista. La naturalista aproximación visual facilita extraordinariamente la verosimilitud y veracidad de una historia que se siente como una auténtica película de terror, pero que, afortunadamente, evita cualquier cliché del género, en el que podría haber caído con mucha facilidad. Autor también del guión, el hecho de que Sean Drukin decida desarrollar la narración en primera persona y de que sólo el espectador conozca de manera progresiva y mediante pequeños flashbacks el terrible periplo por el que pasa Marcy May en la comuna, permiten la empatía del espectador tanto con ella como con su hermana, que sintiendo lo que se esconde detrás de su terrible silencio, termina revelándose incapaz de hacer nada por ayudar realmente a Martha.

Sin desmerecer en absoluto el trabajo de Sarah Paulson, que interpreta a la hermana de Martha, tan confundida por el estado psicológico en que la encuentra como por no haber tenido contacto con ella en los últimos dos años; o el impresionante John Hawkes, cuya carrera se desarrolla principalmente en el seno del cine independiente pero con una fuerza imparable; o la más breve pero estimulante aportación de Louisa Krause en el pequeño pero agradecido papel de Zoe, la amiga y confidente de Marcy May en la comuna; una de las mayores virtudes de Martha Marcy May Marlene es la asombrosa revelación de Elizabeth Olsen en un papel por el que tuvo que hacer audiciones en dos ocasiones y para el que sólo tuvo dos semanas para prepararse antes de rodar.

En ningún momento se me ocurriría pensar que la relación de Elizabeth con sus hermanas en la vida real, Ashley y Mary-Kate Olsen, fuera a ser como la que mantiene Martha con su hermana en la ficción, pero no dejan de ser irónicas las similitudes entre actriz y personaje. De la misma manera, aquellos que estén familiarizados con las prácticas (y abusos) de Charles Manson y su “familia”, verán como se les pondrán los pelos de punta en determinadas secuencias de la película, para nada tan salvajes como las acciones de la familia Manson, pero cargadas de toda la angustia y terror que propagaron en los años sesenta.

Y es que Martha Marcy May Marlene pone de manifiesto la necesidad que tiene el individuo de sentirse aceptado e incluido en una familia, ya sea biológica o social, pero en la que se sienta apoyado y a través de la que pueda realizarse a sí mismo. El problema surge cuando la propia familia es foco de conflictos, más que de cariño, o que la comunicación entre miembros se realiza por códigos incomprensibles para el otro, lo que termina por exponer al individuo más débil a peligros tan despiadados y desnaturalizadores como una secta.

Publicado originalmente en EXTRACINE

La sombra de la traición


Título original: The Double
Año: 2011
País: EE.UU.

Dirección: Michael Brandt
Guión: Michael Brandt & Derek Haas
Producción: Patrick Aiello, Ashok Amritraj, Andrew Deane & Derek Haas  
Fotografía: Jeffrey L. Kimball
Música: John Debney
Montaje: Steve Mirkovich 
Diseño de producción: Giles Masters 
Dirección artística: Caty Maxey
Decorados: Erin Boyd
Vestuario: Aggie Guerard Rodgers
Reparto: Richard Gere, Topher Grace, Martin Sheen, Tamer Hassan, Stephen Moyer, Chris Marquette, Odette Annable, Stana Katic, Yuri Sardarov, Ivan Fedorov, Ed Kely, Jeffrey Pierce, Lawrence Gilliard Jr., Mike Karft, Andy Manning, Randy Flagler, Ella Maltby, Dan Lernieux, Maxfield Lund, Jimmy Ortega, Darcy Leutzinger, Ele Bardha, Nina Kircher, Devin Scillian, Jimmy Rhoades, Hugh Maguire, Jamie Ridge, Sonja Crosby, Nicole Forester, David Shackelford, Isaac Ellis, matt McColm, Frank Fileti… 

acción obvia, suspense nulo

No es lo mismo escribir para otros, o mejor dicho, escribir un guión para otros que para dirigir uno mismo. Aunque cuentes con la ayuda de tu colega, Derek Haas, con el que has escrito los guiones de A todo gas (2 Fast 2 Furious, 2003, John Singleton), El tren de las 3:10 (3:10 to Yuma, 2007, James Mangold) o Wanted (2008, Timur Bekmambetov). Más que nada porque el principal defecto de La sombra de la traición es que deja traslucir excesivamente desde la primera secuencia que a su director, Michael Brandt, no le importa ni le interesan tanto la historia que cuenta, como los personajes que la desarrollan. Su empeño por conseguir un producto emocionante e imprevisible que genere acción y suspense a raudales, acaba traicionado por la ingenuidad de pensar que el público no se va a dar cuenta de la artificialidad de una propuesta que, de tan rebuscada que se presenta, acaba siendo total y absolutamente previsible.

No voy a dedicarme a desgranar cuales son esos giros absurdos que en lugar de despistar dirigen la atención sobre lo que tratan de enmascarar, dejaré que cada uno los descubra por sí mismo. Tan sólo les advierto que a los quince minutos de proyección uno ya sabe, o es capaz de barajar, todas y cada una de las opciones por las que discurrirá la trama de la película. Lo peor de todo no es eso, sino que en oposición a otros thrillers recientes, como Safe, en la que se dejaba traslucir la influencia que los acontecimientos mundiales provocados por la crisis y la indignación general están dejando en la sensibilidad de la sociedad, The Double pasa olímpicamente de ellos colocándose en un tono distante y casi absurdo que imposibilita que la apuesta tenga la más mínima credibilidad.

No ayuda en absoluto la banda sonora compuesta por John Debney -responsable de las partituras de bodrios como Hannah Montana: The Movie, Valentine’s Day, Iron Man 2, Predators, Yogi Bear, No strings Attached, The Change-UpDream House o New Year’s Eve-, que parece más un intento de emular las atmósferas de los videoclips de Massive Attack, que de dotar a la película de una banda sonora coherente y en sintonía argumento y personajes. Lo que termina por alejar a cualquier espectador que, como un servidor, siempre esté más interesado en que le cuenten una historia, que en que le entretengan con adrenalina inyectada a la fuerza.

Si por un lado se aprecia el esfuerzo de Richard Gere por dotar de credibilidad a su personaje, tampoco es que consiga parecer tan inteligente como se supone que es. Si en muchos momentos de la película uno se pregunta si el guión no estaría originalmente escrito para Harrison Ford, desde luego no ayuda en absoluto tener como antagonista un personaje interpretado por un actor tan torpe como Topher Grace. No sólo porque lo haga fatal, sino porque resultan incomprensibles los motivos por los que no es eliminado al momento por el villano de la película (que no quiero revelar aunque florece en la primera media hora de la película, para los que no se hayan dado cuenta a los quince minutos).

Quizás los productores de la película creyeron que incluyendo en el reparto de The Double a Martin Sheen iban a conseguir algo de la fuerza de una película como Infiltrados (The Departed, 2006, Martin Scorsese) con la que tiene muchos puntos en común, pero a la vista está que no ha sido así. Si acaso resaltar la breve intervención de Stephen Moyer, que junto a Sheen, son los únicos que aportan lo que sus respectivos personajes necesitan y de lo que carece en absoluto toda la película, que acaba siendo cualquier cosa menos simplemente entretenida.

Publicado originalmente en EXTRACINE

Los vengadores


Título original: The Avengers
Año: 2012
País: EE.UU.

Dirección: Josh Whedon
Guión: Josh Whedon, basado en una hisotria de Zak Penn y Josh Whedon, basado en los cómics creados por Stan Lee y Jack Kirby
Producción: Kevin Feige 
Fotografía: Seamus McGarvey
Música: Alan Silvestri
Montaje: Jeffrey Ford & Lisa Lassek 
Diseño de producción: James Chinlund
Dirección artística: Benjamin Edelberg, Jann K. Engel, Gregory S. Hooper, Billy Hunter, Richard L. Johnson & Randy Moore
Decorados: Victor J. Zolfo
Vestuario: Alexandra Byme
Reparto: Robert Downey Jr., Chris Evans, Mark Ruffalo, Chris Hemsworth, Scarlett Johansson, Jeremy Renner, Tom Hiddleston, Clark Gregg, Cobie Smulders, Stellan Skarsgard, Samuel L. Jackson, Gwyneth Paltrow, Paul Bettany, Alexis Denisof, Tina Benko, Jerzy Skolimowski, Kirill Nikiforov, M'laah Kaur Singh, Rashmi Rustagi, Powers Boothe, Jenny Agutter, Arthur Darbinyan, Donal Li, Warren Kole, Alicia Sixtos, Jesse Garcia, Maximiliano Hernández, Dieter Riesle, Kenneth Tigar, Walter Perez, Harry Dean Stanton, Josh Cowdery, Ashley Johnson, Katsumi Komatsu, Yumiko Komatsu, Momoko Komatsu, Robert Clohessy, Enver Gjokaj, Fernanda Toker, Andrea Vecchio, Robin Swoboda, Brent McGee, Jamie McShane, Michael Zhang, William Christopher Stephens, Kelley Robins, Romy Rosemont, James Exkhouse, Stan Lee, Pat Kiernan, Damion Poitier… 

muchos fuegos artificiales para el cine de la derecha

Hay sectores del público, tradicionalmente los que sólo buscan entretenimiento mientras engullen palomitas, que siempre evitan identificar una película con una determinada ideología política. Pero lo cierto es que toda expresión artística es política, esta era precisamente una de las afirmaciones que se escuchaban en Anonymous (2011), aquel bodrio dirigido por un señor tan reaccionario como Roland Emmerich. Aunque no hace falta ser necesariamente conservador para hacer cine de derechas o liberal para hacer el de izquierdas, fíjense en Clint Eastwood, cuyas obras cinematográficas siempre están adscritas más a un sentimiento liberal y progresista que al de la derecha en la que militaba políticamente. Dado que la creación artística siempre ha estado más identificada con la izquierda, asentada más en guionistas y directores, siempre ha sido más complicado para la derecha expandir su semilla, mucho más identificada única y exclusivamente con los productores y algún director solitario. Si estás interesado en identificar el cine de derechas, tan sólo tienes que seguir la misma premisa que sus políticas: busca el cine que utiliza los fuegos artificiales para esconder su discurso ideológico. Pero voy a intentar ponerlo un poco más fácil.

Por un lado puedes acudir a casi cualquiera de las producciones asociadas a nombres como Jerry Brukheimer -salvo Prince of Persia que estaba frontalmente en contra de la administración Bush, para eso estaba dirigida por un cineasta experimentado como Mike Newell-, James Cameron -que inteligentemente implanta la semilla más derechona en mentes jóvenes e inexpertas que caen rendidas ante la aparatosidad de sus propuestas de acción- o, a mucho menor escala, las de Luc Besson -que se conforma con productos estéticos de bajo calado moral. A ellos podemos añadir los nombres de esa colección de nuevos (y confusos) cineastas, herederos (probablemente inconscientes) de un movimiento artístico como el futurista, entre los que se incluyen nombres como David Fincher, Danny Boyle, Guy Ritchie, Matthew Vaughan, Zack Snyder, Jon Favreau o Joe Carnahan. También hay actores y actrices que no quieren ni pueden disimilar sus tendencias políticas, como es el caso de Matthew McConaghey o Kate Hudson, cuyas propuestas casi siempre están ligadas a un pensamiento claramente conservador y retrógrado. Y si podríamos añadir muchas de las adaptaciones de novelas gráficas, como las de Alan Moore, David Lloyd o Frank Miller, que han visto como, en algunos casos, se ha desvirtuado su discurso inicial para llevarlo hacia esa derecha, ahora ya podemos confirmar que The Avengers y toda la prole de películas periféricas de su entorno, están plenamente identificadas con la derecha más agresiva y belicosa, en oposición a un pensamiento mucho más demócrata que el que representan los X-Men.

Con una torpeza visual que no he sido capaz de asimilar y absolutamente deudora de su pasado televisivo, Joss Whedon viene a sumarse con extraordinaria fuerza a esta colección de cineastas de derechas que aprovechan productos diseñados para el entretenimiento, e introducir sus recetas políticas, que en el caso de Los vengadores, está en perfecta sintonía con aquellas políticas tan agresivas como las de la administración Bush. De hecho, sólo le hubiera faltado colocar el World Trade Center en su sitio para que fuera de nuevo derribado por las fuerzas malignas de Loki y sus tenebrosos asociados, de esta manera la comparación entre la ciudad de Nueva York devastada en la película sería perfectamente identificable con el panorama que tenía aquel fatídico 11 de septiembre.

Puede que sobre el papel, mezclar a Thor con Iron-Man, el Capitán América o Hulk tenga sentido, al menos están dibujados por la misma pluma, pero al verlos a todos juntos en la pantalla, cuando han sido rescatados de producciones de muy diferente concepción visual, chirría tanto como las torres gemelas en el final de Artificial Intelligence: AI. Más que a otra cosa me refiero al contraste de las indumentarias de todos y cada uno de los personajes que, si pueden funcionar en sus respectivas franquicias, aquí más parece una fiesta de disfraces que otra cosa. Si a esto sumamos un guión de lo más predecible y repleto de chistes obvios, burdos y extremadamente facilones, obra de la propia pluma de Joss Whedon, no me queda más remedio que rendirme ante la poderosa campaña de promoción que ha hecho de The Avengers un éxito tan extraordinario como olvidable.

De entre los miembros de su extenso reparto, si Robert Downey Jr ofrece, sin duda, lo que se espera exactamente de un personaje tan facha como Iron-Man, tan sólo Mark Ruffalo y Jeremy Renner, consiguen dotar de algo de carisma y profundidad psicológica a sus respectivos personajes. Los demás se limitan a hacer del cliché y la sobreactuación su marca distintiva, incluyendo a la liga de la triple S: Samuel L. Jackson, Scarlett Johansson y Stellan Skarsgard, de los que podríamos haber esperado algo mejor. Habrá muchas voces que proclamen que se trata de una película hecha única y exclusivamente para entretener. No me cabe duda. Si a ti te a entretenido, créeme que lo celebro, pero es que yo me aburrí soberanamente. No tanto como con Battleship, pero casi y en la misma línea.

Publicado originalmente en EXTRACINE

jueves, 28 de junio de 2012

Sombras tenebrosas


Título original: Dark shadows
Año: 2012
País: EE.UU.

Dirección: Tim Burton
Guión: Seth Grahame-Smith, según argumento de John August & Seth Grahame-Smith, basado en la serie creada por Dan Curtis
Producción: Christi Dembrowski, Johnny Depp, David Kennedy, Graham King & Richard D. Zanuck  
Fotografía: Bruno Delbonel
Música: Danny Elfman
Montaje: Chris Lebenzon 
Diseño de producción: Rick Heinrichs 
Dirección artística: Neal Callow, Dean Clegg, Chrsitian Huband, Jason Knox-Johnston, Chris Lowe & Phil Sims
Decorados: John Bush
Vestuario: Colleen Atwood
Reparto: Johnny Depp, Michelle Pfeiffer, Helena Bonham Carter, Eva Green, Jackie EaarleHaley, Johnny Lee Miller, Bella Heathcote, Clhöe Grace Moretz, Gulliver McGrath, Ray Shirley, Christopher Lee, Alice Cooper, Ivan Kaye, Susanna Cappellaro, Josephine Butler, William Hope, Shane Rimmer, Michael Shannon, Harry Taylor, Glenn Mexted, Guy Flanagan, Nigel Whitmey, Philip Bulcock, Sophie Kennedy Clark, Hannah Murray, Victoria Bewick, Sean Mahon, Alexia Osborne, Richard Hollis, Felicity Brangan, Michael Anthony Brown, Charlotte Spencer, Gabriel Freilich, Justn Tracy, Thomas Grube, Jeff Mash, Raffey Cassidy, Jonathan Frid, Kathryn Leigh Scott, Lara Parker, David Selby, Janine Craig, Adelle Young, Dminika Van Santen, Josephine McGrail… 

lujo gótico, pero en plexiglas y cartón piedra

Resulta irónico que cuando determinados cineastas alcanzan un auténtico estatus dentro de la industria audiovisual, en lugar de utilizar ese reconocimiento para arriesgarse artísticamente y hacer aquello que antes ni se habrían planteado, caen rendidos ante las mieles del éxito y el vil metal, abocando su obra artística a un continuo ejercicio de autocomplacencia. Esto es lo que, desde mi punto de vista, le ha sucedido al cine de Tim Burton en los últimos años. Dark Shadows tiene todos los ingredientes que la certifican como una obra del director de Bitelchús (Biteljuice, 1988): unos personajes divertidos llenos de ironía y sarcasmo, retratados con una estética gótica deslumbrante y extraordinariamente atractiva, sintonizados en una estupenda banda sonora compuesta por el habitual Danny Elfmann… pero nada más. Detrás de su versión de la historia de Barnabas Collins no encontraremos ni la ternura de Ed Wood (1994), ni las estimulantes contradicciones de los personajes de Batman Returns (1992), ni la maligna perversión de Mars Attacks! (1996). Tan sólo una película, más o menos simpática y entretenida, con demasiados clichés, más televisivos que cinematográficos, y que fracasa estrepitosamente en el momento en que está presentada como una comedia porque resulta tremendamente aburrida.

Dentro de todo este maremagnum de lujo gótico, debo decir que brillan con luz propia las interpretaciones de la divina Chlöe Grace Moretz, y de una estupenda y divertida Helena Bonham Carter -más burtoniana ya que el propio Burton. Pero el esfuerzo de ambas actrices queda deslucido con las pocas ganas del resto del reparto, que parecen no estar dispuestos a aportar nada más allá de lo que expresan sus respectivos maquillajes, incluyendo en esta desgana a Michelle Pfeiffer y Johnny Depp -aunque debo decir que es la primera vez que uno de sus personajes no da la impresión de ser gay. El primero.

Es posible que el guión de Seth Grahame-Smith no diera para lucirse demasiado: los personajes no están presentados -simplemente se van cruzando unos con otros-, el conflicto casi parece más propio de un cuento infantil -y no me vale la premisa de que se trata de un cuento porque Edward Scissorhands (1990) también lo era y no tenía nada de infantil-, los chistes de la película están demasiado desperdigados, las acciones que debieran hacer que la trama avance la retrasan, surgen giros imprevisibles cual conejos del sombrero de un mago… Y todo esto lleva a la pérdida progresiva de un interés absoluto por el destino de tan originales personajes. Que, por cierto, nunca se creería provienen de Liverpool.

Pero lo que sí he encontrado interesante son las reflexiones a las que estas Sombras tenebrosas me han llevado. La primera que me asalta es una reflexión cinéfila. Aparte del enésimo homenaje que hace al cine de la Hammer con la aparición de Christopher Lee, y del mucho más sentido que hace a La noceh del cazador (The Night of the Hunter, 1955, Charles Laughton), con el destino que reserva para la doctora Julia Hoffman (Helena Bonham Carter), la película podría esconder alguna que otra frustración del cineasta. ¿No pareciera que le hubiera encantado haber dirigido aquella adaptación cinematográfica de otro serie de televisión como La familia Addams (The Addams Family, 1991), que se estrenaba un año después que Eduardo Manostijeras? La alusión es obvia, pero el resultado es lamentablemente distante pues cuando todos y cada uno de los personajes de la película dirigida por Barry Sonnenfeld tienen carisma propio, aquí sólo lo tienen aquellos que han encontrado un estupendo actor o actriz que les de vida (las dos mencionadas). Todavía hay más, quizás le hubiera gustado hacer otra fantasía gótica como La muerte os sienta tan bien (Death Becomes Her, 1992, Ronert Zemeckis), que se estrenaba el mismo año que Batman Returns. O yendo algo más atrás en el tiempo, ¿cómo hubiera sido La guerra de los Rose (The War of the Roses, 1989) si en lugar de haberla dirigido el simpático Dany DeVito, hubiera sido una película de Tim Burton en lugar de haberse embarcado en Batman? Resultados que nunca sabremos, pero que afloran detrás de las sombras de Dark Shadows.

Y ya que hablamos de frustración, ¿porqué no hablar de psicoanálisis? Si estamos hablando de un cineasta que al igual que a los demás de los mortales y algunos de sus compañeros, deja mostrar la influencia que sus distinguidas parejas han tenido en su trayectoria profesional, ¿no les parece que Tim Burton está tratando de enviar un mensaje? Primero: si tanto se quieren y tanto les gusta vestirse de negro y prestarse el pintalabios morado, ¿cómo es que no le da a su queridísima Helena el personaje protagonista femenino? De entre tres personajes que tiene para escoger: la matriarca de la familia Elizabeth Collins (Michelle Pfeiffer); la malvada y vengativa Angelique Bouchard (Eva Green) o el auténtico amor de Barnabas, personaje doble con el nombre de Victoria Winters o Josette DuPres (Bella Heathcote), le relega a un personaje secundario como el de la doctora Julia Hoffman. Desde mi punto de vista el interés del personaje no estaba en el guión, sino que se lo da la propia actriz, de la misma manera que las otras tres no consiguen sacar ningún partido de sus respectivas interpretaciones. En el caso de Michelle Pfeiffer podría pesar la popularidad de la actriz en su elección, pero no me parece ya que nadie vaya a ver una película por el único motivo de que ella esté en el cartel. Tiran mucho más la propia Helena o incluso Chlöe. Si es la edad tampoco me vale, porque Johnny Depp podría perfectamente ser el padre de cualquiera de las otras dos actrices y casi sería más coherente que estuviera enamorado de Helena, que es poco más joven que él.

También está todo este rollo Disney de la familia y estar unidos y hacer cosas juntos y entender al otro y toda esta blandenguería que sin ninguna duda provocaría el vómito de la querida Wednesday (Christina Ricci) en The Addams Family. Todo esto sumado a las lindezas que le regalan a la doctora Hoffman: fea, vieja y resentida, me pregunto si el mensaje no estará dirigido a ella misma. Yo lo tengo claro: Tim Burton quiere dejar a Helena Bonham Carter y volver con Lisa Marie. De hecho, ¿no está caracterizada Eva Green total y absolutamente como una copia imperfecta de la propia Lisa Marie? ¡Vuelve con Lisa! ¡Tim, vuelve con Lisa! ¡Lisa escúchale! ¡Helena, vuelve a los siglos pasados que es donde más nos gustas!

Publicado originalmente en EXTRACINE