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domingo, 26 de enero de 2014

La vida secreta de Walter Mitty


Título original: The secret life of Walter Mitty
Año: 2013
País: EE.UU.

Dirección: Ben Stiler
Guión: Steve Conrad, basado en un relato de James Thurber
Producción: Stuart Cornfeld, Samuel Goldwyn Jr., John Goldwyn & Ben Stiller  
Fotografía: Stuart Dryburgh
Música: Theodore Shapiro
Montaje: Greg Hayden 
Diseño de producción: Jeff Mann 
Dirección artística: David Swayze
Decorados: Regina Graves
Vestuario: Sarah Edwards
Reparto: Ben Stiller, Kristen Wiig, Jon Daly, Kathryn Hahn, Terence Bernie Hines, Adam Scott, Paul Fitgerald, Grace Rex, Alex Anfanger, Amanda Naughton, Adrian Martinez, Nolan Carley, Joey Slotnick, Shirley MacLaine, Gary Wilmes, marcus Antturi, Amy Stiller, Rosamund Gundmunsdottir, Stuart Vornfeld, Maariu Olsen, Makka Kleist, Ólafur Darri Ólafsson, Ari Matthíason, Hendrikus Schraven, Finnur Jóhannsson, Eysteinn Gardarsson, José Alcántara, José Antonio Alcántara, Rodrigo Espinosa, Seba Alón, Miguel Baez-Olavarria, Daniel Orellana, Antonio Molina, Martin Lagos, Andres Quezada, Valur Snaer Hilmarsson, Eythor Atil Hilmarsson, Birgir Jarl Runarsson, Gunnar Helgason, Kai Lennox, Conan O'Brien, Andy Richter, Gurdeep Singh, Anthony Desio, Losang Thonden, Rinjee Sherpa, Haroon Nawabi, Stefan B. Onundarson, Mohammed Arif Baser, Mohammed Pancherri, Ehsan Nawroz, Steve Assil, Sean Penn, Ang Babu Sherpa, Ang Gelu Sherpa, Dawa Sherpa, Ngima T. Sherpa, Nuri Chhiri Sherpa, Sonam Sherpa, Walter Mudu, Liz Menkel, Brian Scott McFadden, Dian Graham, Richard DeDomenico, Matt Levin, Craig Castaldo… 

querer no siempre es poder

Ante todo dar las gracias porque ni Mike Myers ni Sacha Baron Cohen hayan protagonizado este remake de la película homónima de 1947 protagonizada por Danny Kaye. Contra todo pronóstico, quizás habría sido acertado que el protagonista hubiera sido Jim Carrey, no tanto porque sea un actor cómico en la misma línea que Kaye, sino por sus vinculación con ese particular círculo de cineastas que forman los ladrones de orquídea a través de una película como ¡Olvídate de mi! (Eternal Sunshine of the Spotless Mind, 2004, Michel Gondry). Directores de desbordante imaginación visual con la que impregna sus películas, dotándoles de un poder emocional a veces imposible sólo con la fuerza de un buen texto. Precisamente Ben Stiller es uno de los colaboradores habituales de Wes Anderson, uno de los más populares exponentes de este grupo, de cuya estética es deudora esta vida secreta de Walter Mitty.

Pero quizás ese sea el principal problema de la película, que Stiller abandona su estilo disparatado de Zoolander (2001) y Tropic thunder (2008), para instalarse en una onda poética que ni siqueira tiene nada que ver con la que fuera su ópera prima, Bocados de realidad (Reality bites, 1994). El arrebatador comienzo  consigue hacer que alberguemos esperanzas, pero la confianza en las buenas intenciones no es suficiente. Quieres que te guste a toda costa porque visualmente es muy original, pero el relato carece de la fuerza y consistencia necesarias para colmar las expectativas. 

La trama está dilatada y cuando ya estás convencido de que lo que ciertas partes van a ser un sueño, al final resulta que no lo son, a pesar de que no se sostienen como parte de la realidad, El viaje de Walter Mitty es demasiado fantástico para que finalmente acabe siendo verdad. Quizás me habría convencido más si el personaje hubiera sido más cobarde y no se hubiera atrevido a ir ni a Groenlandia ni a Islandia. Desde mi punto, en ese momento el personaje pierde su autenticidad, para convertirse en lo contrario de lo que era. Todos estos nubarrones se despejan en el momento en que nos damos cuenta de que el guión está adaptado  por Steve Conrad, responsable de textos infumables como los que dieron pie a El hombre del tiempo (The weather man, 2005, Gore Verbinski) o En busca de la felicidad (The pursuit of happyness, 2006, Gabriele Muccino).

Es una pena porque hay momentos espléndidos, tanto visual como emocionalmente, como el uso del famoso tema de David Bowie, Space oddity, o la propia resolución de la película, que llega cuando un servidor ya está algo más que aburrido. La banda sonora es fabulosa, como también la fotografía de la película, pero a pesar del notable esfuerzo de Ben Stiller y de presencias tan estimulantes como las de Kristen Wiig, Sean Penn y la entrañable Shirley MacLaine, en ningún momento conseguí dejarme llevar por el relato. Al final termina siendo una película más ñoña que entrañable, un quiero y no puedo que demuestra que sólo las buenas intenciones no consiguen hacer potable una película.

domingo, 8 de diciembre de 2013

La huida (Deadfall)


Título original: Deadfall
Año: 2012
País: Francia & Estados Unidos

Dirección: Stefan Ruzowitzky
Guión: Zach Dean
Producción: Shelly Clippard, Ben Cosgrove, Gary Levinsohn & Todd Wagner  
Fotografía: Shane Hurlbut
Música: Marco Beltrami
Montaje: Arthur Tarnowski & Dan Zimmerman 
Diseño de producción: Paul D. Austerberry 
Dirección artística: Michele Laliberte
Vestuario: Odette Gadoury
Reparto: Eric Bana, Olivia Wilde, Charlie Hunnam, Patrick Kerton, Kwasi Songui, Kate Mara, Kris Kristofferson, Sissy Spacek, John Robinson, Job Daniel, Jocelyne Zucco, Treat Williams, Jason Cavalier, Maxime Savaria, Kyle Gatehouse, Tom Jackson, Allison Graham, Tomomi Morimoto, Nobuya Shimamoto, Cheryl Diabo, André Kasper Kolstad, Anie Pascale, Andrew Johnston, Sarah Booth, Alain Goulem, victor Cornfoot, Warona Setshwaelo… 

no se trata de acción, sino de emoción

Mucha gente tiene un concepto del cine independiente como películas que se centran en los sentimientos y emociones de sus personajes. Es una manera de diferenciarlo del cine de autor, en donde es más importante la capacidad del director para llevarse la historia a su terreno. En el caso de La huida (Deadfall, 2012), el cineasta de origen austríaco, Stefan Ruzowitzky, si bien no consigue exactamente lo segundo, alcanza de lleno el primer objetivo, sazonado además de grandes y contundentes dosis de adrenalina.

Puedes leer la crítica completa en 400Films

sábado, 16 de noviembre de 2013

Mud


Título original: Mud
Año: 2012
País: EE.UU.

Dirección: Jeff Nichols
Guión: Jeff Nichols
Producción: Lisa Marie Falcone, sarah Green & Aaron Ryder  
Fotografía: Adam Sotne
Música: David Wingo
Montaje: Julie Montoe 
Diseño de producción: Richard A. Wright 
Dirección artística: Elliott Glick
Decorados: Fontaine Beauchamp Hebb
Vestuario: Kari Perkins
Reparto: Matthew McConaughey, Reese Witherspoon, Tye Sheridan, Jacob Lofland, Sam Shepard, Ray McKinnon, Sarah Paulson, Michael Shannon, Joe Don Baker, Paul Sparks, Bonnie Sturdivant, Stuart Greer, John Ward Jr., Kristy Barrington, Johnny Cleek, Kenneth Hill, Michael Abbott Jr., Earnest McCoy, Allie Wade, Douglas Ligon, Matt Newcomb, Mary Alice Jones, Tate Smalley, Jimmy Dinwiddie, Ryan Jacks… 

el intenso espíritu del río mississippi

Tercera película escrita y dirigida por Jeff nichos, después de Shotgun stories (2007) y Take shelter (2011), en la que parece navegar en lugares comunes a una de las obras cumbres de la cinematográfica española, El espíritu de la colmena, (1973) y una de las más intensas obras de teatro escritas por Sam Shepard, Locos de amor, que fuera llevada al cine por Robert Altman en 1985. Igual que en la película de Víctor Erice, asistimos a la pérdida de la inocencia, en esta caso de dos amigos, aunque más de uno que del otro, que igual que aquellas entrañables hermanas, también encuentran un monstruo al que quieren proteger. El vínculo con la otra referencia, además de la inclusión del propio Shepard interpretando a uno de los personajes secundarios, está identificada en esa relación de amor imposible entre la pareja de adultos protagonista.

Da la impresión de que todo lo que Tye Sheridan prometía con su interpretación en El árbol de la vida, va camino de confirmarse, y con fuerza. Y en su camino parece haber arrastrado a Mathew McConaughey, que ofrece una interpretación intensa y convincente como pocas veces había conseguido, casi la mejor de toda su trayectoria, me atrevería a decir. A su altura se mantiene Reese Witherspoon, aunque no así Michael Shannon, actor fetiche de Nichols, que queda aquí relegado entre los secundarios y que no consigue estar a la misma altura.

El relato se desarrolla sin prisa pero sin pausa, hasta alcanzar un clímax en el que confluyen las dos líneas argumentales. La magnífica fotografía y el perfecto uso de los espacios naturales, permiten que se disfrute tanto por la intensidad emocional que transmiten los personajes, como por el espectáculo visual del entorno que habitan. El resultado es una espléndida obra que tiene la habilidad de, aprovechando la proyección de su pareja protagonista, proporciona un final que satisface tanto al público maisntream como a su espíritu independiente.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Kon-Tiki


Título original: Kon-Tiki
Año: 2012
País: Noruega, Reino Unido, Dinamarca, Suecia y Alemania

Dirección: Joachim Rønning & Espen Sandberg
Guión: Petter Skavlan, con el asesoramiento de Allan Scott
Producción: Aage Aaberge & Jeremy Thomas  
Fotografía: Geir Hartly Andreassen
Música: Johan Söderqvist
Montaje: Per-Erik Eriksen & Martin Stoltz 
Diseño de producción: Karl Júlíusson 
Dirección artística: Lek Chaiyan Chunsuttiwat
Decorados: Louise Drake af Hagelsrum
Vestuario: Stine Gudmundsen-Holmgreen & Louize Nissen
Reparto: Pal Sverre Hagen, Anders Baasmo Christiansen, Tobias Santelmann, Gustaf Skarsgard, Odd Magnus Williamson, Jakob Oftebro, Agns Kittelsen, Peter Wight, Amund Helllum Noraker, Eilif Hellum Noraker, Elisabeth Matheson, Kasper Arneberg Johnsen, Edward Kling, Jo Adrian Haavind, Jonas Heier Straumsheim, Søren Pilmark, Trevor Martin, Johnny Myers, Robert Rowe, Perdita Avery, Ian Bonar, Sam Chapman, Eleanor Burke, Mikhail Basmadjian, Katina Egres, Richard Trinder, Tarang, Manuel cauchi, La-Oug, Todd Boyce, Ea Johanna Sandberg, Jo Hannah Emblem Rønning, Jonatan Meyer, Jakob Sander Ronne, Halvor Aasen, Thor Andreas Heyerdahl… 

aventuras 

A simple vista el argumento de Kon-Tiki puede parecer una historia ya vista. De hecho, guarda muchas similitudes con La vida de Pi (Life of Pi, 2010, Ang Lee), máxima ganadora de la edición de los premios Oscar en la que la película dirigida por Joachim Rønning y Espen Sandberg competía en la categoría de mejor película en lengua extranjera. Sin embargo, igual que el periplo que cuentan no partía con el apoyo de todos, aunque acabara convenciéndoles finalmente, también la película consigue atraparnos a medida que se desarrollan los verdaderos conflictos de los personajes que, como siempre, son más interiores que exteriores.

Estamos ante un relato de superación personal que sabe mantener un equilibrio preciso entre un tono épico adecuado para la aventura que narra, y el intimísimo justo que requiere el conflicto personal de su protagonista, que para cumplir su sueño debe hacer un gran sacrificio personal. Siguiendo esa misma dicotomía, la película también consigue un asombroso equilibrio visual entre el realismo de la prueba de supervivencia que sufren los protagonistas y el toque onírico que proporciona el uso de efectos visuales para algunas de sus espectaculares secuencias, como no podría ser de otra manera al tratarse de una expedición a través del océano Pacífico, que partió desde Perú hasta la Polinesia con el objetivo de demostrar que los nativos de las islas eran de procedencia americana en lugar de asiática, como se creía en la época.

Uno de los aciertos del relato es la triple lectura que se puede hacer de esta aventura. El propio líder de la expedición, Thor Heyerdahl, ganaría un Oscar a la mejor película documental en 1950 en la que mostraba su gesta. Si aquella película, sin duda, se centraba en el viaje, sus inconvenientes y la satisfacción de ver cumplido su objetivo, en Kon-Tiki no sólo somos testigos de su fortuito proceso de grabación, sino de lo que no se mostró en su momento, de las verdaderas relaciones que se establecieron entre los tripulantes de tan pintoresco navío. La triple lectura es la que hay detrás de cualquier aventura, ya sea un viaje como este o el mismo rodaje de una película, porque aunque ciertamente ganó mucho, Heyerdahl perdió muchas cosas por el camino. 

Si bien en un principio su esposa parece quererle tal y como es, participando junto a él en sus peligrosas aventuras, en el momento en que la familia se amplia con la llegada de los descendientes, ella cambia, negando el apoyo que habría echo de su triunfo el de ambos, no sólo el suyo… Aunque esto ya es una interpretación muy personal. Lo que no se puede discutir es que Agnes Kittelsen es una de las presencias más poderosas de la película, con una interpretación completamente diferente de aquella mujer más liviana y voluble que ofrecía en Siempre feliz (Sykt lykkelig, 2010, Anne Sewitsky).

domingo, 15 de septiembre de 2013

jOBS


Título original: jOBS
Año: 2013
País: EE.UU.

Dirección: Joshua Michael Stern
Guión: Matt Whiteley
Producción: Mark Hulme  
Fotografía: Russell Carpenter
Música: John Debney
Montaje: Robert Komatsu 
Diseño de producción: Freddy Waff 
Dirección artística: Bruce Robert Hill
Decorados: Linda Lee Sutton
Vestuario: Lisa Jensen
Reparto: Ashton Kutcher, Dermot Mulroney, Josh Gad, Lukas Haas, Matthew Modine, J.J. Simmons, Lesley Ann Warren, Ron Eldard, Ahna O'Reilly, Victor Rasuk, John Getz, Kevin Dunn, James Woods, Nelson Franklin, Eddie Hassell, Elden Henson, Lenny Jacobson, Brett Gelman, Brad William Henke, Giles Matthey, Robert Pine, Clint Jung, David Denman, Masi Oka, Abby Brammell, Annika Bertea, Paul Baretto, Amanda Crew, Samm Levine, Cody Chappel, Joel Murray, William Mapother, Scott Krinsky, Evan Helmuth, Laura Niemi, Jim Turner, Clayton Rihner, Rachel Rosenstein, Christopher Curry, Mark Kassen, Dan Shaked, Duncan Bravo, Kent Shocknek, Aaron Kuban, Olivia Johnson… 

iJobs

Amado y odiado a partes iguales, comienzan a llegar las primeras películas en torno a una personalidad tan influyente y controvertida como la de Steve Jobs. No cabe duda que habrá tres tipos de espectadores para esta película. Por un lado estarán los fanboys, o admiradores en mayor o menor medida de Apple, en el extremo opuesto se colocarán los haters, o más adeptos a Microsoft, y en un punto intermedio estarán aquellos que, simplemente, sienten curiosidad por descubrir lo que hay detrás de quien es ya un auténtico mito contemporáneo. Si los primeros estarán encantados con lo que se muestra, sabiendo de antemano los más y menos de la historia, los segundos quedarán decepcionados por la total ausencia de alusiones a su (anti)héroe —con la excepción de una que con toda probabilidad sólo aprobarán los fanboys del primero—, pero que si bien puede resultar razonablemente entretenida para los terceros, termina por defraudar en cierta medida, al no ser más una película que pretende quedar bien, que arrojar luz sobre el conflicto en el que se centra. 

De entrada, jOBS comienza muy bien. Queda clara la posición de la película  al comenzar con un flashforward de la presentación del iPod, para situarse después en los tiempos de Universidad de Steve Jobs, cuando ni siquiera tenía todavía clara su vocación. La ambientación de la película consigue realmente situarnos en la época, gracias tanto al de fotografía de Russell Carpenter, como al  adecuado diseño de producción de Freddy Waff, reforzado por el vestuario diseñado por Lisa Jensen, que evita la exageración en favor de la sencilla verosimilitud. Tampoco elementos más emocionales, como la banda sonora, abusan para convertir la película en un revival en clave tecnológica de la época. Al contrario, la sensación en todo momento es la de asistir a un momento histórico, arrojando las mismas luces que sombras sobre el protagonista, permitiendo que sea el espectador quien le juzgue, pero nunca la película. El problema es que partimos del guión de un principiante, Matt Whiteley, que dirige un cineasta como Joshua Michael Stern, más acostumbrado a producciones ligeramente edulcoradas y melodramáticas, que terminan por demostrar su incapacidad para articular un discurso serio y coherente sobre conflicto y personaje. 

Si es posible que sea muy favorable su falta de implicación con respecto al personaje, no resulta igual de positivo que, en lo que parece un intento de emular el tono de La red social (The social network, 2010, David Fincher), terminen por intentar elaborar lo que sería un thriller en clave empresarial que el biopic que nos habían vendido. Cierto es que la mayoría conocemos el conflicto entre Jobs y Bill Gates gracias a una película como Piratas de Silicon Valley (Pirates of Silicon Valley, 1999, Martyn Burke), pero omitir cualquier tipo de alusión al creador de Microsoft sólo sirve para hacer incomprensible la conversación telefónica que mantiene en el único momento que se alude a Gates, pero sin nombrarle. Asimismo, sorprende que eludan toda vinculación con Pixar, cuando quedaría perfectamente justificado dentro de la trama, debido al período en el que se centran, y que serviría para reforzar y entender la personalidad primordialmente positiva y emprendedora del protagonista. 


Lagunas que hacen que, una vez pasada la mitad de la película, el interés decaiga considerablemente, no teniendo demasiado sentido que se centren, no ya en cómo levantó una empresa como Apple —que habría justificado la película, sino en cómo sus ejecutivos terminaron por echarle de su propia compañía, de la que se vengaría volviendo posteriormente con mucho más poder. Una etapa que queda algo farragosa al querer insinuar demasiadas cosas, pero sin explicar ninguna. Por otro lado, no puedo más que alabar el trabajo de Ashton Kutcher, que aparte de su razonable parecido real con el personaje que interpreta, no parecía ofrecer muchas garantías de tener la capacidad de interpretarle sin que pareciera una caricatura. Sin embargo, consigue una interpretación verdaderamente convincente, tanto en la construcción física de su personaje, como en la proyección emocional de su compleja personalidad, consiguiendo eclipsar a compañeros de reparto como Dermot Mulroney o Matthew Modine.

A pesar de las incoherencias y las lagunas, lo cierto es que la película permite el acercamiento a una figura imprescindible de la cultura contemporánea que, como avanzaba aquel mítico primer spot publicitario dirigido por Ridley Scott, que aludiendo a la novela 1984, aseguraba que a partir del 24 de enero, 1984 no sería como George Orwell lo había imaginado. Quizás aquella predicción se volvería en su contra en los años noventa, pero el tiempo le daría la razón posteriormente. Le pese a quien le pese.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Tu eres el siguiente


Título original: You're next
Año: 2011
País: EE.UU.

Dirección: Adam Wingard
Guión: Simon Barrett
Producción: Simon Barrett, Keith Calder, Kim Sherman & Jessica Wu  
Fotografía: Andrew Droz Palermo
Música: Mads Haldtberg, Jasper Justice Lee & Kyle McKinnon
Montaje: Adam Wingard 
Diseño de producción: Thomas S. Hammock 
Dirección artística: Nathan Truesdell
Decorados: Lanie Faith Maarie Overton
Vestuario: Emma Potter
Reparto: Sharni Vinson, Nicholas Tucci, Wendy Glenn, AJ Bowen, Joe Swanberg, margaret Laney, Amy Seimetz, Ti West, Rob Moran, Barbara Crampton, L.C. Holt, Simon Barrett, Lane Hughes… 

el lado bueno de la paranoia y la obsesión por la superviviencia

¿Era necesario estrenar esta película en salas comerciales? Lo digo porque llega a la cartelera española con dos años de retraso y, claro, una vez vista, no estoy seuro de que haya sido muy buena idea. Cierto es que se deben haber gastado un pastón en la promoción, incluso apostaría que para untar a unos cuantos tuiteros que la han promocionado a través de las redes sociales, pero no ya como si la hubieran visto, sino como si incluso les hubiera gustado. Y permítanme dudarlo porque You're next no funciona ni como película de terror, ni como vuelca de tuerca irónica sobre una premisa harto machacada en un género que, en realidad, suele buscar más el humor que otra cosa. Y ni siento miedo ni risa alguna.

You're next aburre desde el momento en que abusa del cliché desde la primera secuencia. Inmediatamente después se embarca en una larga e interminable presentación de personajes, de tal manera que casi resulta un alivio cuando empiezan a caer como moscas. Pero si para ese momento ya nos hemos dado cuenta de que no podemos esperar que la pluma de Simon Barrett nos proporcione ni personajes carismáticos ni profundidad dramática, tampoco su colaborador en V/H/S (2012) y su secuela, parece dar muestras de una mejor capacidad en la dirección de la película.

Quizás un servidor debió haber investigado antes de ir al cine para saber de antemano que la insoportable madre histérica, Barbara Crampton, no era otra que la protagonista de la mítica Re-Animator (1985, Stuart Gordon), o que la primera víctima de los asesinos de las caretas no es otro que el propio Ti West, director de películas como Cabin Fever 2 (Cabin Fever 2: Spring Fever, 2009) o The innkeepers (2011). Pero sinceramente, prefiero enfrentarme a la película esperando que me sorprenda, sabiendo lo menos posible de antemano. Cosa que no pudo ser, o que sucedió, pero para mal. 

Aparte de los plagios descarados, lo que más decepciona es que ni se hayan molestado lo más mínimo en aportar algo de originalidad. Si, al menos, hay un par de momentos que consiguen aliviar el tedio y el aburrimiento, como el fin de la carrera de al primera que pretende salir por la puerta o el momento de la batidora,  delirante resulta la explicación del motivo por el que la protagonista se marca la reacción que se marca ante una situación límite de estas características. Lo que lamento sinceramente es que los artífices de la película no sean millonarios, para que sus familias pudieran poner en práctica los peregrinos planes que en su patética película exponen.

martes, 10 de septiembre de 2013

Riddick


Título original: Riddick
Año: 2013
País: EE.UU. & Reino Unido

Dirección: David Twohy
Guión: David Twohy, Oliver Butcher y Stephen Cornwell, basado en personajes creados por Jim Wheat & Ken Wheat
Producción: Vin Diesel, Ted Field & Samantha Vincent  
Fotografía: David Eggby
Música: Graeme Revell
Montaje: Tracy Adams 
Diseño de producción: Joseph C. Nemec III 
Dirección artística: Jean-Andre Carriere
Decorados: Daniel Carpentier
Vestuario: Simonetta Mariano
Reparto: Vin Diesel, Jordi Mollà, Matt Nable, Katee Sackhoff, Dave Bautista, Bokeen Woodbine, Raoul Trujillo, Conrad Pla, Danny Blanco Hall, Neil Napier, Nolan Gerard Funk, Karl Urban, Andreas Apergis, Keri Hilson, Charlie Marie Dupont, Jan Gerste, Antoinette Kalaj, Alexandra Sokolovskaya… 

buscando la bestia interior

A veces es indispensable entender el código de un determinado cineasta para valorar su obra dentro de los parámetros que él mismo establece. En este sentido nos enfrentamos a un profesional honesto, que se mueve dentro de los mismos parámetros tanto cuando ejerce como guionista para otros, como cuando dirige sus propias películas. El terror, la acción y la ciencia-ficción son los territorios en los que suelen transcurrir la mayoría de sus obras, particularmente aquellas que giran entorno a quien es, quizás, su personaje más ilustre, Riddick. Quizás lo de ilustre sea demasiado, pero lo cierto que así, casi sin pretenderlo se ha marcado una trilogía no demasiado interesante, pero razonablemente entretenida.

Las aventuras de este renegado, siempre en continua búsqueda de nave que le transporte fuera de algún planeta infestado de peligros, comenzó sin demasiadas pretensiones con Pitch Black (2000), que revisaba con descaro el esquema argumental de Alien (1979, Ridley Scott) —curiosamente tres años antes había escrito para Scott el guión de La teniente O'Neil (G.I. Jane, 1997). El inesperado éxito de su aventura le dio la oportunidad de dirigir una secuela más ambiciosa, Las crónicas de Riddick (The cronicles of Riddick, 2004), que con el mismo descaro se apoderaba de la estética de Alien 3 (1992, David Fincher), a la que trataba de imprimir la profundidad de la magnífica novela de Frank Herbert, Dune, dando como resultado una película ligeramente más pretenciosa, pero cuya ingenuidad permitía disfrutar sin demasiadas exigencias. Casi una década después, Twohy retoma su ilustre personaje, para lanzarlo de nuevo (y sin muchas explicaciones) a un planeta habitado de peligrosas y hambrientas criaturas, repitiendo el mismo esquema que en su primera aventura, pero con menor fortuna.

Es cierto que Vin Diesel no tiene mayor problema en recuperar el tono de su personaje —sólo necesitaba unas lentillas—, pero quizás el director confía demasiado en la fuerza de su protagonista, con el que se regodea dilatando en exceso el ritmo de una película que no llega a enganchar en ningún momento. Aunque Jordi Mollà se adapte a la perfección a las necesidades de este tipo de producción, la baja calidad de su personaje, así como los de sus compañeros de reparto, impiden que el espectador pueda encontrar algún aliciente que despierte un mínimo interés por su paradero, como sí sucedía en Pitch Black. Las secuencias de acción son escasas y breves. El terror no llega a parecer realmente. E incluir detalles como una forma de vida extraterrestre que emula las características de un perro, tampoco consiguen crearnos la ilusión de que estamos viendo una película de ciencia-ficción.

Y todo esto a pesar de que la película comienza con una reflexión razonablemente interesante, que establece una relación directa con la merma de las capacidades de supervivencia del protagonista con el exceso de civilización al que ha estado sometido, llegando a la conclusión de que si pretende sobrevivir en un entorno tan hostil como el planeta en el que se encuentra deberá recurrir al más puro instinto, buscando el ser primitivo que fuera antaño. Un planteamiento que se diluye en el momento en que aparece la lluvia que trae consigo el peligro, de la misma manera que en su primera aventura la trajera la noche. Quizás la explicación sea simplemente que consigue resultados más interesantes cuando plagia a otros, que cuando se copia a sí mismo.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Cruce de caminos


Título original: The place beyond the pines
Año: 2012
País: EE.UU.

Dirección: Derek Cianfrance
Guión: Derek Cianfrance, Ben Coccio & Darius Marder, según una idea orignal de Derek Cianfrance y Ben Coccio
Producción: Lynette Howell, Sidney Kimmel, Alex Orlovsky & Jamie Patricof  
Fotografía: Sean Bobbitt
Música: Mike Patton
Montaje: Jim Helton & Ron Patane 
Diseño de producción: Inbal Weinberg 
Dirección artística: Michael Ahem
Decorados: Jasmine E. Ballou
Vestuario: Erin Benach
Reparto: Ryan Gosling, Bradley Cooper, Eva Mendes, Dane DeHaan, Emory Cohen, Ray Liotta, Rose Byrne, Ben Mendelsohn, Bruce Greenwood, Mahershala Ali, Olga Merediz, Craig Van Hook,  Gabe Fazio, Robert Clohessy, Luca Pierucci, Anthony Pizza,  Kayla Smalls, John Facci, Tula, Penny, Cynthia Pelletier-Sullivan, Mackenzie Trainor, Nicole Califano, Shannon Plumb, Tracey Agustin, Eas Egas, Bob Dietrich, Thomas Mattice, Adam Nowichi, Mark J. Caruso, G. Douglas Thorpe, Gail Martino, Brian Smuyj, Dorothy Rutherford, Paul Steele, Travis Jackson Campbell, Trevor Jackson Campbell, Harris Yulin, Jan Libertucci, Subrina Dhammi, Heather Chestnut, Greta Seacat, Jessica Layton, James J. Gleason, Patrick Husted, Joe B. McCarthy, Jefrey Pollock, Lynette Howell, Sarah Curcio, Ephraim Benton, Mark McCracken, Adriel Linyear, Kevin Green, Jennifer Sober, Melissa Mills, Alex Pulling, Dante Shafer, Frank J. Falvo, Whitney Hudson, Breanna Dolen, Hugh T. Farley, Michael Cullen… 

es un cruce extraño

Me da la impresión de que el cine independiente es el único reducto a través del que podemos acceder realmente a una  reflexión sincera sobre la manera en la que se ven a sí mismos los estadounidenses. En su tercera película como director, Derek Cianfrance compone un intenso drama que se articula como si de un Trío en tonalidad menor y en tres movimientos se tratara. Un relato que te engancha y arrastra emocionalmente de la misma manera que los acontecimientos a sus protagonistas. Una emotiva película, perfecto reflejo de su tiempo, que parece recuperar las claves de la Genración Perdida, aquel movimiento literario que floreciera como consecuencia de la Gran Depresión del 29, que tan en sintonía está con la Gran Recesión actual. 

Independientemente de que pudiera ser mejor o peor, o gustarme más o menos, hay una garantía que justifica la recomendación de Cruce de caminos: estamos ante un relato imprevisible que, en alusión a su título en español —que poco tiene que ver con el original— aprovecha cada cruce para tomar nuevos caminos, que confluirán en nuevos cruces. Quizás no sea una cualidad constante durante toda la película, pero la suficiente como para capturar tu atención, y no lo digo tanto por los giros argumentales, sino por los conflictos emocionales de sus personajes. Cianfrance sabe aprovechar, además, la imagen que de cada uno de los miembros del reparto tenemos de antemano, utilizándola con eficacia para distraer al espectador, conduciéndole por donde le interesa. De esta manera, si llegas a la sala de cine con una idea preconcebida, conseguirá desmontar tus prejuicios para llevarte por un camino diferente.

No me cabe ninguna duda de que no habría conseguido tan buenos resultados de no contar con presencias tan sólidas como las de Ryan Gosling, Eva Mendes y Bradley Cooper, reforzados por las aportaciones de Ray Liotta, Ben Mendelsohn, Harris Yulin y Bruce Greenwood. Destacar la extraordinaria aportación de Dane Dehaan,  que consigue tanto transmitir la rebeldía generacional de su personaje, como la actitud heredada de su progenitor. Muy expresivas resultan también tanto la fotografía naturalista de Sean Bobbitt, como la impecable banda sonora de Mike Patton (ex miembro de la banda Faith no More). Ambos consiguen subrayar emociones, sin abusar del sentimiento.

Si ya con el reparto podemos establecer vínculos con otras obras contemporáneas, como Sin ley (Lawless, 2012, John Hillcoat) o Mátalos suavemente (Killing them softley, 2012, Andrew Dominik), no cabe duda de que sobrevuela la poderosa sombra. No tanto por la estética, sino porque da la impresión de que el relato transcurre por territorios paralelos, en lugares comunes a obras como Terciopelo azul (Blue velvet, 1986) o Twin Peaks (1990). Casi podemos asociar algunas de las reflexiones del agente Cooper, reconocer el comportamiento de algunos de los personajes de la famosa serie de televisión, o quedarnos esperando, igual que Sandy, a que vuelvan a cantar los jilgueros en un mundo que sigue siendo extraño.