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sábado, 25 de mayo de 2013

El gran Gatsby


Título original: The great Gatsby
Año: 2012
País: EEUU & Australia

Dirección: Baz Luhrmann
Guión: Baz Luhrmann & Craig Pearce
Producción: Lucy Fisher, Catherine Knapman, Baz Luhrmann, Catherina Martin & Douglas Wick  
Fotografía: Simon Duggan
Música: Craig Armstrong
Montaje: Jason Ballantine, Jonathan Redmond & Matt Villa 
Diseño de producción: Catherine Martin 
Dirección artística: Damien Drew, Ian Gracie & Michael Turner
Vestuario: Wendy
Reparto: Amitbahh Bachchan, Steve Bisley, Richard Carter, Jason Clarke, Adelaide Clemens, Vince Colosimo, Max Cullen, Mal Day, Elizabeth Debicki, Lisa Adam, Leonardo DiCaprio, Joel Edgerton, Emmanuel Ekwenski, Eden Falk, Isla Fisher, Emily Foreman, Tiger Leacy Wyvill, Charlize Skinner, Garrett William Fountain, David Furlong, Daniel Gill, Iota, Price Johnson, Stephen James King, Goran D. Kleut, Kim Knuckey, Barrie Laws, Mark Lemon, John Maumau, Brendan Maclean, Frank Aldridge, Tobey Maguire, Callan McAuliffe, Ben McIvor, Hamish Michael, Brian Rooney, Kevin McGlotham, Nick Meenahan, Olga Miller, Heather Mitchell, Carey Mulligan, Gus Murray, Kate Mulvany, Barry Otto, John O'Connell, Corey Blake Owers, Tasman Palazzi, Brenton Prince, Bryan Probets, Milan Pulvermacher, Alfred Quinten, Ghadir Rajab, Jake Ryan, John Sheerin, Nicholas Simpson, Kasia Stelmach, Nick Tate, Jack Thompson, Kieran van Bunnik, Sylvana Vandertown, Gemma Ward, Matthew Whittet, Felix Williamson, Bill Young, Nancy Denis, Kahlia Greksa, Natasha Marconi, Jaclyn Seymour, Brinden Aspinall, Charles Bartley, Veronia Beattie, Kane Bonke, Kirby Burgess, Hery Byalikov, Thomas Egan, Danielle Evrat, Ryan Gonzalez, Lyndell Harradine, Sophie Rose Holloway, Michelle Hopper, James May, Zac McAliece, Lara Mulcahy, Mikaela Smith, Alex Stewart, Romina Villafranca, Mitchell Woodcock, Kaylie Yee, Tiana Canterbury, Morgan Choice, Eden Dessalegn, Elenoa Rokobaro, Lisa Viola, Betsy Effie Nkrumah, Thabang Baloyi… 

plumas, petardas, perlas y mucha mierda envuelta en seda

La mayoría de las veces, si no tienes nada nuevo que aportar lo mejor es no decir nada. Pero está visto que Baz Luhrmann no puede tener la boca cerrada. Primero nos torturó con William Shakespeare, "renovando" Romeo y Julieta, después se empeñó destrozar una obra de Alejandro Dumas, La dama de las camelias, y tras una insípida (y siempre excesiva) reivindicación de su patria con Australia, decide maltratar otro clásico de la literatura, como The great Gatsby. Y no es que a un servidor le parezca que la novela de F. Scott Fitzgerald sea la quinta esencia de la literatura estadounidense, pero hay que ver qué mala suerta ha tenido en la mayoría de sus adaptaciones.

El caso es que, por un momento, da la impresión de que sí, de que Baz Lurhmann iba tanto a recuperar las apropiadísimas aportaciones que Truman Capote preparaba para la adaptación dirigida por Jack Clayton, que finalmente fueron rechazadas, como que también iba a aprovechar el contexto sociopolítico en que nos encontramos actualmente, producto de una sociedad tan despilfarradora como la que se muestra en la novela original, que tendría como consecuencia la Gran Depresión. Pero no. A pesar de habría sido acertado y oportuno, ni se muestra a Nick Carraway como un homosexual enamorado platónicamente de Gatsby, ni a Jordan Baker como una lesbiana cautivada por los encantos de Daisy Buchanan. Todavía peor, la edulcorada versión de Luhrmann se aleja incluso de otras cuestiones reflejadas en versiones anteriores, como la violencia doméstica, la maternidad dudosa o la sexualidad ambigua. Está claro que una versión original y transgresora era pedir demasiado, no estamos hablando de un cineasta que tenga la necesidad de expresarse artísticamente, sino de un artesano con ganas de llenarse los bolsillos tanto como Gatsby.

La película de Baz Luhrman tiene exactamente el mismo sentido que las disparatadas fiestas que organiza Jay Gatsby. Ninguno. En realidad las fiestas del mítico personaje sí lo tienen, sentido no, pero sí un propósito, pero la película de Luhrmann acaba perdiéndose entre lo que pretende y lo que cuestiona. Porque el cineasta australiano no muestra la ostentación y la superficialidad de los invitados a las fiestas como el síntoma de una sociedad decadente, que es lo que pretendía Fitzgerald, sino como las fiestas que a él mismo le encantaría organizar, el mundo al que le encantaría pertenecer. Contradicciones que están presentes en el relato cuando unas veces Gatsby evidencia que no le interesa nada la gente que acude a su casa cada fin de semana, mientras que después se vanagloriará de una mansión que llena de "gente interesante".

Lo único que realmente parece interesarle a Baz Luhrmann es la historia de amor entre Jay y Daisy. Una historia que no vemos, sino que nos cuentan. Porque The great Gatsby es una película perfectamente diseñada para un público que ni ha visto las versiones anteriores, ni ha leído el libro. Y mira que en Estados Unidos es lectura obligatoria en los institutos. Tanto para que nadie pueda malinterpretar ninguna ambigüedad, como para que tenga la posibilidad de perderse en una historia tan clara y obvia como esta, la voz de Nick Carraway, no sólo sirve para introducirnos en la historia, sino para explicarla con todo lujo de detalles. Lástima que ni siquiera él la entienda bien, porque lo que él cuenta no es, ni mucho menos lo que se muestra.

Personificada en Carey Mulligan, Daisy Buchanan no resulta tan insoportable como lo era en la forma de Mia Farrow, pero sí trasciende con mucha más claridad la superficialidad de su voluble carácter. Mientras que Robert Redford sí conseguía resultar fascinante como Jay Gatsby, Leonardo DiCaprio se empeña en saltar de un registro dramático al más puro slapstick -la secuencia del té en casa de Nick es para abandonar la sala- y rozar en ocasiones el melodrama de sobremesa o hasta el patetismo cuando el personaje dice que tiene 32 años, cuando resulta que aunque DiCaprio tenga 39, representa una persona de 45 (o más). Decir que la aportación de Tobey Maguire es justa, es casi demasiado. No puedo decir que sea mediocre, pero es que tampoco me comunica mucho. No entiendo cómo se hace para que un actor con el físico de Joel Edgerton salga tan feo y desagradable, aunque en ese sentido está muy en consonancia con Isla Fisher, que nos ofrece una Myrtle Wilson como una ordinaria insoportable cuyo mejor momento es sin duda cuando aterriza en el asfalto. Otro personaje totalmente desaprovechado es el de Jordan Baker, interpretada por una insulsa Elizabeth Debicki que sólo transmite unas ganas irrefrenables de abofetearle constantemente.

Desde mi punto de vista, el error es precisamente seguir al pie de la letra el libro (o el guión previo de Francis Ford Coppola). La lectura es una experiencia individual, uno establece el vínculo con Gatsby a través de Nick, con lo cual entendemos perfectamente su fascinación. Pero en la película, en esta y en las anteriores, aunque se comience y se termine con Nick, tan sólo sirve como un conductor, revelándose el propio Gatsby como el verdadero protagonista de la película. Encima, al no coincidir lo que cuenta Nick, con lo que uno está presenciando en la pantalla, la confusión es total. Si a esto sumamos la repetición de secuencias calcadas de la versión de Clayton, desde ese cartel del oculista hasta las cortinas en perpétuo movimiento o la secuencia de las camisas, el aburrimiento se intensifica. Ese intento de dotar de algo más de profundidad al relato, tratando de identificar a Nick Carraway con el propio escritor, no sólo no aporta nada, sino que evidencia la falta de originalidad y de interés de Baz Luhrmann, desenmascarado definitivamente como un auténtico moderno de pacotilla con una cierta capacidad para crear una ligera sintonía entre el ritmo de la música y sus patéticas imágenes vacías, llenas de petardas recalcitrantes en tacones de vértigo, cargadas de plumas, perlas y todo tipo de ornamentos brillantes que, con toda seguridad, servirán de influencia para drag-queens del mundo entero, que serán las que más y mejor provecho saquen de la película, como ya pasó con Moulin Rouge.

Por no poder, ni siquiera puedo decir aquello de que la fotografía es muy bonita. Porque tampoco es para tanto, ni el diseño de producción tampoco. Tan sólo el excesivo vestuario y la afortunada selección musical, hacen algo más amena la proyección, resultando parcialmente decepcionante que no se haya decidido en convertir la película en un musical à la Moulin Rouge. Eso si, no puedo más que lamentar el uso del maravilloso tema de John Adams, que Luca Guadagnino utilizara de manera espectacular en Io sono l'amore. Decir que utilizarla es una anacronía está un poco fuera de lugar, porque no es el único tema y sonido contemporáneo que se utiliza, pero es que resulta un absoluto desperdicio emocional, igual que absolutamente toda la película. Y si ya es una pérdida de tiempo en su versión normal, verla en 3D ya ni te cuento.

Publicado originalmente en EXTRACINE

lunes, 31 de diciembre de 2012

El Hobbit: un viaje inesperado


Título original: The Hobbit: An Unexpected Journey
Año: 2012
País: EE.UU. & Nueva Zelanda

Dirección: Peter Jackson
Guión: Fran walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson & Guillermo del Toro, basado en una novela de J.R.R. Tolkien
Producción: Carolynne Cunningham, Peter Jackson, Fran Walsh & Zane Weiner  
Fotografía: Andrew Lesnie
Música: Howard Shore
Montaje: Jabez Olssen 
Diseño de producción: Dan Hennah 
Dirección artística: Simon Bright, Andy McLaren, Ben Milsom & Michael Smale
Decorados: Ra Vincent
Vestuario: Bob Buck, Ann Maskrey & Richard Taylor
Reparto: Ian McKellen, Martin Freeman, Richard Armitage, Ken Stott, Graham McTavish, William Kircher, James Nesbitt, Stephen Hunter, Dean ='Gorman, Aidan Turner, John Callen, Peter Hambleton, Jed Brophy, Mark Hadlow, Adam Brown, Ian Holm, Elijah Wood, Hugo Weaving, Cate Blanchett, Christopher Lee, Andy Serkis, Sylvester McCoy, Barry Humphries, Jeffrey Thomas, Michael Mizrahi, Lee Pace, Manu Bennett, Conan Stevens, John Rawls, Stephen Ure, Timothy Bartlett, Bret McKenzie, Kiran Shah, Benedict Cumberbatch, Glenn Boswell, Thomas Robins… 

un viaje largo y aburrido

Leí El Hobbit siendo adolescente. Mucho antes de leer El señor de los anillos. Me encantó. Si bien el primero me pareció un libro de aventuras simpático, muy entretenido y dirigido a un público joven, el segundo era claramente una obra más densa y profunda que no estaba exactamente dirigida al mismo público. Por eso me dispuse a recibir The Hobbit: An Unexpected Journey con muchas menos exigencias de las que en su momento tuve con The Lord of the Rings. Conste que nunca seré de los que dicen aquello de "el libro era mucho mejor", pero hay un aspecto primordial que diferencia sobremanera el libro de la adaptación de Peter Jackson: mientras devoré entusiasmado la obra de J.R.R. Tolkien, cargada de acción y aventuras que mantenían un crescendo espectacular, tuve que armarme de una gran dosis de paciencia para completar el producto de Jackson. Si verdaderamente me sorprendió fue por su facilidad para transportarme a un soporífero estado de aburrimiento.

Estos peligrosos síntomas que nunca deberían estar asociados a una película de acción y fantasía comienzan con la lenta evolución del relato. Si primero le cuesta excesivamente despegar, después sufrirá un parón considerable cuando recale en tierras de los elfos. Está claro que Peter Jackson está muy apegado a sus personajes y considera que el espectador va a estar encantado de reencontrarse con ellos (¿como si de Star Wars se tratara?), así como quedará fascinado con los nuevos. Un problema que los cuatro guionistas, Fran Walsh, Philippa Boyens, Guillermo del Toro y el propio Jackson, hubieran podido evitar de no haberse visto obligados a alargar a tres películas lo que iban a ser sólo dos, y que perfectamente podría haberse quedado en una sola, y más corta que Lo que el viento se llevó. Ni que estuviéramos hablando del Ulises de James Joyce. Pero el problema no sólo parte del guión, es que la aproximación visual del que fuera director de filmes como Bad Taste y Braindead es prácticamente nula: pasa de unos aburridos planos a sus contraplanos y de ahí a fastuosos planos aéreos, limitándose a colocar la cámara para capturar todo lo que está sucediendo. No hay psicología, ni intención narrativa, ni estilo ni estética alguna que no venga proporcionada por el diseño de producción, vestuario, maquillaje y peluquería.

Afortunadamente algo más de dos horas y media dan para bastante, y una vez comienza por fin el viaje no voy a negar que me divertí algo (en ocasiones bastante) con secuencias como la de los trolls, la pelea de los hombres piedra, o la caracterización del orco manco Azog y ese cutis inusitadamente parecido al de la alcaldesa de Madrid, Ana Botella (lo mismo comparten spa). La película termina definitivamente de arrancar en los últimos cuarenta y cinco minutos, pero sólo consigue una secuencia realmente interesante y emocionante en el momento en que hace su aparición el inolvidable Gollum. Me da la impresión de que Peter Jackson nunca podrá volver a ser nadie sin la espectacular aportación de Andy Serkis, sin desmerecer en absoluto a Ian McKellen que está, como siempre, espectacular, pero es toda la secuencia de este ingrato personaje lo mejor de este viaje, que de inesperado no tiene nada. Un encuentro, por cierto, que sigue al dedillo la estructura del libro, lo que demuestra que no hacían falta cuatro guionistas, sino uno que se limitara a convertir el libro en guión literario. Y punto.

Al contrario que Serkis y McKellen, el resto del reparto de The Hobbit: An Unexpected Journey es incapaz de imprimir algo de personalidad a sus respectivos personajes. Quizás por eso también se hace un poco cuesta arriba el visionado de la película. Martin Freeman resulta un hobbit demasiado poco gruñón y desde luego falto de encanto y ternura, como al menos esperaba un servidor, y Richard Armitage tampoco consigue dotar a su personaje del carisma que Viggo Mortensen sí imprimía al suyo. No habrá quienes piensen que los responsables de Game of Thrones podrían haberlo hecho mucho mejor, nuevamente la televisión parece ganarle la partida al cine. Y no tengo nada más que decir, bueno sí, que Howard Shore no parece demasiado entusiasmado con el viaje. Y de las "maravillas" del número de fotogramas por segundo ya ni te cuento, porque no pagué por verlas, igual que en cuanto la película pase a sus múltiples formatos domésticos, dejará de ser utilizado como herramienta de marketing, que es lo que en realidad era.


Publicada originalmente en EXTRACINE

martes, 17 de abril de 2012

Todos los días de mi vida

Título original: The Vow
Año: 2011
País: Reino Unido, Francia, Alemania, Australia, Brazil y EE.UU.

Dirección: Michael Sucsy
Guión: Jason Katims, Abby Kohn & Marc Silverstein, basado en una idea original de Stuart Sender
Producción: Gary Barber, Roger Bimbaum, Jonathan Glickman & Paul Taublieb  
Fotografía: Rogier Stoffers
Música: Michael Brook & Rachel Portman
Montaje: Melissa Kent & Nancy Richardson 
Diseño de producción: Kalina Ivanov 
Dirección artística: Brandt Gordon
Decorados: Jaro Dick
Vestuario: Alex Kavanagh
Reparto: Rachel McAdams, Channing Tatum, Jessica Lange, Sam Neill, Jessica McNamee, Wendy Crewson, Tatiana Maslany, Lucas Bryant, Scott Speedman, Joey Klein, Joe Cobden, Jeananne Goossen, Dillon Casey, Shannon Barnett, Lindsay Ames, Kristina Pesic, Brittney Irvin, Sarah Carter, Angela Vint, Rachel Skarsten, Bill Turnbull, Dharini Woollcombe, Rosalba Martini, Jeff J.J. Authors, Roland Rothchild, Jonathan Psaila… 

postales desde el pasado

La proliferación de las denominadas comedias románticas -que de comedias tienen bien poco y de románticas (en relación al romanticismo) mucho menos-, no sólo provocan que cuando surgen versiones opuestas, como serían los dramas románticos, la respuesta del público sea tan favorable sino que, a priori, las premisas que estas establecen sean más interesantes. Quizás por eso Rachel McAdams prefiere acerarse más a este tipo de propuestas, como ya hiciera con El diario de Noah (The Notebook, 2004, Nick Cassavettes), reincidiendo con The Vow en una historia en la que los sentimientos son el principal motor de la historia.

El hecho de que esté basada en hechos reales, no aporta más credibilidad a la propuesta, pues su premisa inicial es lo suficientemente interesante como para motivar a cualquier espectador que no sea habitual consumidor de este tipo de películas. Y es que es en los sentimientos donde radica el punto de partida de The Vow, que plantea la posibilidad de que ante un hecho tan inesperado como una amnesia provocada por un accidente, una persona pueda volver a sentir lo mismo que sentía hacia otra persona antes de tener ese accidente.

A pesar de que la película consigue que nos interesemos verdaderamente por la suerte de los personajes que interpretan a la perfección tanto Rachel McAdams como Channing Tatum, hay algunos aspectos del recorrido que consiguen evitar que The Vow sea tan interesante como su premisa pronostica. De hecho, más que expresarse y explorar verdaderamente su idea, Michael Sucsy tan sólo parece pretender recrear una fórmula rentable, porque aunque sean creíbles todo lo que actores y actrices transmiten, no lo son ni esas arquetípicas caracterizaciones de artistas bohemios entre los que viven Paige (Rachel McAdams) y Leo (Channing Tatum) en su presente, ni esos extraordinariamente rancios republicanos entre los que vivía ella antes. No se trata de que no me crea tanto las caracterizaciones, como que una persona como Paige pueda pasar de un mundo a otro con esa facilidad.

Asimismo encuentro demasiado simplona la relación entre escuchar música a todo volumen con un desarrollo libre y espontáneo de la creatividad, o vestuario informal con profesión liberal. Voy a ahorrarme lo que me parece la boda en museo que, lejos de representar para un servidor la personalidad de una pareja “alocada”, simboliza su falta de originalidad, ¿es realmente a eso a lo que aspiraría una pareja bohemia? ¿en un museo? Quizás este tipo de detalles delatan que estamos verdaderamente ante un producto perfectamente calculado cuya intención final no son realmente los sentimientos, sino la recaudación.

Destacar si acaso la presencia de Jessica Lange, en un personaje encantadoramente odioso, al que no consigue acercarse, como casi nunca lo hace, el suave y liso flequillo de Sam Neil. Por lo demás, si el argumento no deja de ser interesante y el final de la película pueda resultar algo más satisfactorio de lo que se podría esperar, en muchos momentos decae la acción, el ritmo y la atención en general.

Publicado originalmente en EXTRACINE

lunes, 26 de diciembre de 2011

No tengas miedo de la oscuridad


Título original: Don't Be Afraid of the Dark
Año: 2011
País: EE. UU., México & Australia

Dirección: Troy Nixey
Guión: Guillermo del Toro & Matthew Robbins, basado en un guión previo de Nigel Mckeand
Producción: Mark Johnson & Guillermo del Toro
Fotografía: Oliver Stapleton
Música: Marco Beltrami & Buck Sanders
Montaje: Jill Bilcock
Diseño de producción: Roger Ford
Dirección artística: Lucinda Thomson
Decorados: Kerrie Brown
Vestuario: Wendy Chuck
Reparto: Bruce Gleeson, Edwina Ritchard, Garry McDonald, Bailee Madison, Carolyn Shakespeare-Allen, Katie Holmes, Guy Pearce, Jack Thompson, Julia Blake, David Tocci, Lance Drisdale, Nicholas Bell, Libby Gott, James Mackay, Emelia Burns, Alan Dale, Trudy Hellier, Terry Kenwrick...

la fábula de la madrastra buena

Apadrinado por Guillermo del Toro, debuta en la dirección cinematográfica Troy Nixey con Don’t Be Afriad of the Dark. Un remake de una película realizada en los años setenta para la pequeña pantalla que tiene todos los ingredientes de cualquiera de los títulos realizados anteriormente por el cineasta mexicano, quien es, además, responsable de la adaptación junto a Matthew Robbins, con quien ya colaborara en el guión de Mimic. Quizás por ello la personalidad o posible responsabilidad del director, pase totalmente desapercibida en la película, o al menos tendremos que esperar a su segundo título para decidir verdaderamente si las virtudes o defectos de su ópera prima se deben a él o a su mentor.

Las virtudes son claras, nos encontramos con una película perfectamente ubicada en una estética gótica que incluye a unos pequeños seres fantásticos que bien podrían haberse escapado de El laberinto del fauno. Puede que el planteamiento del argumento sea clásico y previsible, pero quizás sea sólo una excusa para facilitar una identificación rápida con los personajes. Quizás sea esa celeridad vaya en contra del relato, precipitando demasiado ciertas actitudes de los personajes, pero sin que lleguen a desarrollarse de una manera natural o creíble. Curiosamente, la película guarda más de un punto en común con The New Daughter, que de alguna manera también tenía su vínculo con Guillermo del Toro al estar protagonizada por Ivana Baquero. Pero cuando en la pelciual de Luis Berdejo podíamos seguir el desarrollo de la acción a dos niveles, uno real y otro metafórico, en Don’t Be Afraid of the Dark, sólo hay un plano posible en el que la fantasía se apodera de la realidad.

El trabajo de Bailee Madison como Jesse es formidable. Sin duda le viene muy bien al personaje que la actriz tenga esa cara siniestra, como si fuera una vieja atrapada en un cuerpo de niña. Pero las acciones del personaje son bastante inverosímiles, casi más fantásticas que los pequeños personajillos que viven en la oscuridad. ¿No toma decisiones demasiado maduras para una niña de su edad? Podría entender la aversión que su personaje siente hacia su madrastra, pero no soy capaz de explicarme su destreza con la llave inglesa.

Por otro lado, pareciera que jugaran con la antipatía que el público parece sentir en la vida real hacia Katie Holmes para incorporarlo a su personaje. En este sentido debo decir que ella es la que mejor parada sale en la película, pues a medida que avanza la historia se va ganando al público, tanto por las acciones de su personaje, que es el más creíble de la película, como por su capacidad como actriz, que es lo mejor de la película. Es curioso que estando casada en la vida real con Tom Cruise, bajo el que siempre se ha proyectado la sombra de la homosexualidad, tenga como marido en la ficción a Guy Pearce, un actor que siempre parece homosexual, lo sea o no. Y mucho más cuando interpreta tan pésimamente a un padre de familia de lo más improbable e insoportable, no ya por las decisiones que toma su personaje, sino porque es incapaz de hacerlas parecer creíbles. Si hasta cuando comparte secuencia con Katie Holmes se nota que se limita a repetir el texto sin escuchar ni reaccionar ante lo que le dice su compañera de plano.

Quizás todos estos defectos se disipen una vez se terminan de presentar personajes y situaciones y se ha desarrollado la premisa de la película, que no revelaré, aunque tampoco encierra gran misterio pues estamos ante una película fantástica en la que no hay explicación lógica para los sucesos que ocurren. Debemos tomarlos tal cual se muestran, sin esperar una explicación racional. El problema es que para cuando llega el momento de disfrutar con el terror, las criaturitas y el festival de efectos especiales, un servidor ya no es capaz de sentir nada por unos personajes que han terminado por sacarme de la película, e incluso ponerme a favor de la oscuridad.

publicado originalmente en EXTRACINE

lunes, 14 de noviembre de 2011

Las aventuras de Tintín: el secreto del unicornio


Título original: The Adventures of Tintin: The Secret of the Unicorn
Año: 2011
País: EE. UU. & Nueva Zelanda

Dirección: Steven Spielberg
Guión: Steven Moffat, Edgar Wright & Joe Cornish
Producción: Pater Jackson, Kathleen Kennedy & Steven Spielberg 
Fotografía: Janusz Kaminski
Música: John Williams
Montaje: Michael Kahn
Dirección artística: Andrew L. Jones & Jeff Wisniewski
Vestuario: Lesley Burkes-Harding
Reparto: Jamie Bell, Daniel Craig, Simon Pegg, Cary Elwes, Andy Serkis, Toby Jones, Nick Frost, Sebastián Roché, Mackenzie Crook, Tony Curran, Daniel Mays, Philip Rhys, Gad Elmaleh, Mark Ivanir, Kim Stengel, Enn Reitel, Sonje Fortag, Ron Bottitta, Jacquie Barnbrook, Joe Starr, Ian Bonar, Mohames Ibrahim Elkest, Sana Etoile, Martin Dew, Sophia Elisabeth, Alex Hyde-White, Nathan Meister… 

cine gay que no convence

Hay una secuencia en The Adventures of Tintin: The Secret of the Unicorn que refleja a la perfección la manera en la que un servidor ha tenido que soportar la adaptación del cómic de Hergé por parte de Steven Spielberg: la del ruiseñor milanés. Igual de insoportables que resulta para el capitán Haddock el timbre de voz de Bianca Castafiore, resulta para un servidor el visionado de una película que no sólo no he entendido, sino que me ha resultado insoportablemente aburrida, tremendamente soporífera y que seguro será capaz de provocar la muerte en seres extraterrestres de la misma manera que la música country lo hacía en Mars Attacks!

No voy a entrar en comparaciones con el cómic, ni en si los personajes reflejan o no el espíritu de Hergé, porque Hergé no es el responsable de la película. Tampoco voy a entrar en comparaciones con otras películas de animación, ni con otros cineastas que se hayan embarcado, tras una trayectoria haciendo cine con imagen real, en una película de estas características. Tan sólo recordaré el fabuloso trabajo de Wes Anderson con Fantastic Mr. Fox (2009), para que quede clara la nula capacidad de Spielberg al abordar un filme de animación. Y no me refiero a la técnica en sí, al fin y al cabo él no habrá realizado un dibujo en su vida, me estoy refiriendo a la fabulosa capacidad de Anderson para aprovechar visualmente las posibilidades de la animación y que Spielberg desaprovecha, o parece desconocer por completo.

Cierto que la dirige como si fuera una aventura de Indiana Jones, pero no me parece una virtud, sino un defecto porque ni la película está protagonizada por Harrison Ford, ni el personaje comparte la misma edad, más bien estaríamos hablando de un eterno adolescente, que debe ser lo que en principio interesara a Spielberg. Y es que el cineasta de Cincinatti ha demostrado sobradamente lo viejo y mayor que está. Véase el resultado de Hook (1991), de la que todos pensamos que íbamos a disfrutar con la adaptación definitiva de la novela de J.M. Barrie, puesto que estaba abordada por quien se decía que padecía el síndrome de Peter Pan, como consecuencia del cine que había desarrollado en su magnífica primera etapa. Sin embargo el resultado fue la obra de un señor mayor que clamaba por recuperar aquello que había perdido irremediablemente con la adquisición de las responsabilidades de la edad adulta. Sin ir más lejos, sucedía lo mismo cuando abordaba la cuarta entrega de su héroe particular, Indiana Jones, mostrando a un héroe decrépito y decadente que habría sido mucho mejor se hubiera quedado en el asilo. Por lo que de entrada, me parece que The Adventures of Tintin: The Secret of the Unicorn es el enésimo intento de este anciano de Cincinatti por atrapar el elixir de la juventud, delatando más, si cabe, lo viejo que está.

A pesar de que se venda como una película en la onda de Indiana Jones, lo cierto es que encuentro más de un punto en común con una de las películas de aventuras más estupendas de Alfred Hitchcock. Me estoy refiriendo a Los treinta y nueve escalones (The 39 Steps, 1935) en la que también se confunden policías con espías, también hay armas secretas inusuales y también se salta de una secuencia a la siguiente sin esclarecer demasiado cómo se ha resuelto la situación. Pero cuando Hitchcock utilizaba recursos sencillos como elipsis y un inteligente humor negro, Steven Spielberg utiliza acción desenfrenada y unas bromas en tono slapstick de lo más desafortunadas, a esto tenemos que añadir un débil planteamiento de la historia -se ve que Tintin no tiene nunca nada que hacer y siempre está disponible para cualquier tipo de aventura, siempre que no sea sexual- y la inclusión de algunos personajes inútiles y totalmente anecdóticos -como el carterista. Me aburren los giros de guión, que se me antojan bastante aleatorios, la cura del capitán Haddock es demasiado precipitada, la obsesión de Ivanovich Sakharine excesivamente desproporcionada e injustificada, etc., etc. Aparte de la responsabilidad que podamos atribuir a los tres guionistas que han realizado la adaptación, Edgar Wright, Steven Moffat y Joe Cornish, o lo que pueda haber aportado Peter Jackson como uno de los productores, junto a Kathleen Kennedy; el responsable último es, sin lugar a dudas, Steven Spielberg.

Y lo más curioso de todo es que un cineasta que se ha volcado siempre con el cine familiar y ha realizado obras asexuadas, es decir, sin sexo o en el que éste tenía bien poco que aportar al argumento principal, me sorprende que aborde una obra que se me antoja estuviera más situada en la acera de enfrente que en ningún otro sitio. Si ya sobre el cómic planeara siempre la sombra de la homosexualidad, permítanme hacerles notar que no sólo no hay un sólo personaje femenino en la película -Blanca Castafiore no llega a ser un personaje, de hecho es un objeto, un arma-, sino que encuentro bastante sospechoso que ningún personaje tenga vinculación alguna con una mujer. ¿Acabarán Tintín y el capitán Haddock teniendo la típica relación pederasta de los tiempos romanos? ¿A qué jugarán Hernández y Fernández en la intimidad? Sin duda todas estas dudas no serán resueltas en las sucesivas aventuras de este periodista, que un servidor no está dispuesto a ir a ver. Lástima que no hubieran hecho una versión con Jimmy Somerville haciendo de Tintín.

No puedo dejar de mencionar lo insoportables que me resultaron las notas musicales de John Williams en una partitura que parece hiciera con la más absoluta desgana. Sin duda, muchos de ustedes no compartirán en absoluto mi punto de vista y estarán más cercanos a la opinión de mi compañera de Extracine, Rebeca Sánchez, que quedó completamente entusiasmada con el secreto del unicornio. Qué duda cabe que, como suele pasar en muchas otras ocasiones, siempre habrá opiniones para todos los gustos. ¿Cómo te posiciones tú, a favor o en contra? ¿Tienes tu opinión propia?

Publicado originalmente en EXTRACINE

viernes, 4 de noviembre de 2011

Asesinos de élite


Título original: Killer Elite
Año: 2011
País: EE. UU. & Australia

Dirección: Gary McKendry
Guión: Matt sherring, basado en una novela de Ranulph Fiennes
Producción: Michael Boughen, Steve Chasman, Matthew Street & Tony Winley 
Fotografía: Simon Duggan & Alain Duplantier
Música: Reinhold Heil & Johnny Klimek
Montaje: John Gilbert
Diseño de producción: Michelle McGahey
Dirección artística: Tim Dickel & Aziz Hamichi
Decorados: Rolland Pike
Vestuario: Aude Bronson-Howard & Katherine Milne
Reparto: Jason Statham, Clive Owen, Robert De Niro, Dominic Purcell, Aden Young, Yvonne Strahovski, Ben Mendelsohn, Adewale Akinnuoye-Agbaje, David Whiteley, Matthew Nable, Lachy Hulme, Firass Dirani, Nick Tate, Bille Brown, Stewart Morritt, Grant Bowler, Michael Dorman, Daniel Roberts, Rodney Afif, Jamie McDowell, Dion Mills, Andrew B. stehlin, Simon Armstrong, Rchard Elfyn, Chris Anderson, Brendan Charleson, Sandy Greenwood, Boris Brkic, Risley Evans, Tim Hughes, Tony Porter, Michael Carman, Jacl Llewellyn, Huw Garmon, Barry Stones, Salim Fayad, Sharbel Sukkar, Melissa Martin, Stephen Phillips, Kristy Barnes-Cullen, Kate Neilson, Ray Tiernan, Zane Dirani, Mohamed Dirani, Michael Dirani, Emily Jordan, Grahame Mapp, Sue Mapp, Blake O'Leary, Cody Faull… 

el mercenario sensible

Puede resultar difícil no entusiasmarse con un cartel encabezado por Jason Statham, Clive Owen y Robert De Niro. A mi, por lo menos, me resulta atractivo. Sin embargo, Killer Elite deja claro que testosterona mezclada con aspiraciones intelectuales y buenas interpretaciones, no es una ecuación que baste por sí misma para conseguir una película de acción de calidad. Sobre todo cuando sus artífices son debutantes pues lo son tanto su guionista, Matt Sherring, como su director, Gary McKendry. Si la primera secuencia de la película da buena cuenta de sus ganas de hacer una película de acción diferente, también pone en evidencia sus carencias tanto éticas como estéticas. 

Si en un principio puede parecer que quisieran sacar partido de la crisis aportando credibilidad a su discurso, dudo mucho que lo que valiera para la crisis del 29, sea realmente efectivo para la crisis económica actual. Y mucho menos cuando en una sola secuencia pretenden mostrarnos a un mercenario tan sensible que después de asesinar sin ningún escrúpulo a quien se le ponga por delante (pues asumo que esta no era su primera misión), recibe la iluminación, cual Jules Winnfield -Samuel L. Jackson en Pulp Fiction (1994, Quentin Tarantino), cuando se enfrenta cara a cara a la mirada de una niña (o adolescente), mostrando el machismo de su ética (o de su falta de ella), y decidiendo en ese mismo instante dejar de ser un asesino, y todo ello sin magdalena de por medio.

Aunque claro, más ridículo todavía es el aviso de que vamos a presenciar una historia basada en un hecho real. Que no digo que no lo esté, pero como que me creo más las conspiraciones de The X Files. En cualquier caso, si la trama se vuelve interesante en un momento dado, sobre todo a partir de la incorporación del personaje de Clive Owen, el estilo visual permanece por derroteros tremendamente aburridos, llegando a lograr lo impensable en una película de acción: que se vuelva larga y te transmita la sensación de eternidad, llegando un servidor a desear que terminase con la aniquilación de todos y cada uno de los personajes de la película.

Después está esa trama romántica con pretensiones. Pretensiones al romanticismo estético de películas como Memorias de áfrica (Out of Africa, 1985, Sydney Pollack) o El paciente inglés (The English Patient, 1996, Anthony Minghella), cuyas carencias no es necesario explicar. Ni funciona como película de acción, ni como cine romántico, ni mucho menos como filme de denuncia social. Quizás es que se trata, en realidad, de un título demasiado intelectual que no he sabido apreciar, pero Killer Elite es un título incomprensible para un servidor. Cualquier película de David Lynch es mucho más fácil de entender.

Publicado originalmente en EXTRACINE

sábado, 24 de septiembre de 2011

El árbol


Título original: The Tree
Año: 2010
País: Francia, Australia, Alemania & Italia

Dirección: Julie Bertuccelli
Guión: Julie Bertuccelli & Elizabeth J. Mars, basado en una novela de Judy Pascoe
Producción: Yael Fogiel & Sue Taylor
Fotografía: Nigel Bluck
Música: Grégoire Hetzel
Montaje: François Gédigier
Diseño de producción: Steven Jones-Evans
Vestuario: Joanna Park
Reparto: Charlotte Gainsbourg, Morgana Davies, Marton Csokas, Christian Byers, Tom Russell, Gabriel Gotting, Aden Young, Penne Hacksorth-Jones, Gillian Jones, Zoe Boe, Bob MacKay, Ryan Potter, Murray Shoring, Taren Stewart, Robert Joseph Stewart, Wencis Burns, Margaret Foote, Betty Cartmill, Patrick Boe, Arthur Dignam, Wendy Playfair, Jackie Kelleher, Benita Collings… 

duelo ecológico en familia 

En principio no me resulta interesante discutir la paternidad de una película —entendiendo que el padre será siempre el productor—, particularmente cuando se trata de una producción en la que intervienen cuatro países con una herencia cultural tan dispar como Francia, Italia, Alemania y Australia, a pesar de que hablemos de una película rodada enteramente en inglés. Pero sí que es cierto que, en la mayoría de las ocasiones, nos puede ayudar a entender la aproximación formal en la que se ha realizado la película, cuando asimilamos que madre sólo hay una —entendiendo que la maternidad recaerá siempre en las labores de dirección—, siendo en el caso de The Tree, la cineasta Julie Bertuccelli, legitimándonos para hablar de una preciosa y emotiva película francesa.

En su primera película como directora, y tras haber trabajado como ayudante de dirección para cineastas como Jean-Louis Bertucelli —su padre—, Krzysztof Kieslowski o Bertrand Tavernier; Julie Bertuccelli se decanta por la adaptación de una novela de Judy Pascoe en la que, precisamente, la pérdida del padre a causa de una muerte natural, pero repentina, desestabiliza a toda una familia que parece encontrar en la naturaleza una manera de sobrellevar y superar su duelo.

Con una exquisita fotografía absolutamente naturalista de Nigel Bluck, Bertucelli hace un particular uso de la prosopopeya y nos presenta a la majestuosa higuera plantada al lado de la casa de la familia O’Neil, como un personaje más de la película, que les servirá para asimilar que si el ser humano tiene la capacidad de elección ante determinadas encrucijadas vitales, siempre se verá sobrepasado por la actuación tajante e imprevisible de la naturaleza, que en este caso, les ayuda también a pasar página.

No sería posible afrontar este relato si su directora no contase con un espléndido reparto capaz de comunicar y transmitir esas emociones tan intangibles y personales que no se pueden comunicar con palabras. Si el peso de la acción recae en una de las mejores actrices del panorama internacional, como Charlotte Gainsbourg, es imposible pasar de largo ante la fabulosa presencia de una joven actriz, Morgana Davies, en la que no es su primera incursión cinematográfica, sino la segunda y acaba de terminar el rodaje de la que será su tercera película junto a Sam Neill y Willem Dafoe en The Hunter (2011, Daniel Nettheim), y que, ciertamente, dará mucho que hablar en un futuro.

En definitiva, exquisito cine intimista cargado de un existencialismo ecológico familiar, no apto para los que buscan acción desenfrenada, pero sí para los que buscan emotividad y sentimientos. Antes de que llegue El árbol de la vida (The Tree of Life, 2011, Terrence Malick), claramente pueden ponerse a tono con The Tree. En versión original, si’l vous plaît, por Morgana más que nada, dudo mucho que le hagan justicia en ningún doblaje.

Publicado originalmente en EXTRACINE