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domingo, 26 de enero de 2014

Nymphomaniac: Volumen 1


Título original: Nymphomaniac Vol.1
Año: 2013
País: Dinamarca, Alemania, Francia, Bélgica & Reino Unido

Dirección: Lars von Trier
Guión: Lars von Trier
Producción: Louise Vesth  
Fotografía: Manuel Alberto Claro
Montaje: Morten Højbjerg & Molly Marlene Stensgaard 
Diseño de producción: Simone Grau 
Dirección artística: Alexander Scherer
Decorados: Thorsten Sabel
Vestuario: Manon Rasmussen
Reparto: Charlotte Gainsbourg, Stellan Skarsgård, Stacy Martin, Shia LaBeouf, Christian Slater, Jamie Bell, Uma Thurman, Willem Dafoe, Mia Goth, Sophie Kennedy Clark, Connie Nielsen, Michael Pas, Jean-Marc Barr, Udo Kier, Jens Albinus, Kate Ashfield, Jonas Baeck, Nicolas Bro, Tania Carlin, Jesper Christensen, Thomas eickhoff, Felicity Gilbert, Caroline Goodall, Christoph Jöde, Viktoria Kahlen, Sami Loris, Clayton Nemrow, James Northcote, Ivan Pecnik, saskia Reeves, Shanti Roney, Jonathan Sawdon, Christoph Schenchinger, Omar Shargawi, Lawrence Sheldon, Hugo Speer, Tomas Spencer, Tabea Tarbiat, Markus Tomczyk, Christine Urspruch, Lien Van de Kelder, Severin von Hoensbroech… 

¿los albores de una nueva religión?

Ni quiero ni pretendo hacer una crítica del primer volumen de Nymphomaniac. Más que nada porque la estaría haciendo sobre media obra, sobre la mitad de la película. Una cosa es que estuviera concebida formalmente en dos partes, otra es que fuera un todo y hayan decidido estrenarla de esta manera. En cualquier caso, Lars Von Trier ha tenido la capacidad de suspender el fascinante relato de Jo en su punto más álgido. Y estoy convencido de que sólo hasta que podamos completar el Volumen 2 podremos hacer un juicio de valor mucho más preciso y certero de lo que nos quiere contar. 

Lo que sí puedo y quiero adelantar son las buenísimas impresiones de lo visto hasta el momento. Quizás la única decepción haya sido que en lugar de estrenar la versión hardcore, como se había especulado, hemos tenido acceso a la softcore, por lo que sus dos horas de duración se me hicieron realmente cortas. No sólo me habría tragado las cuatro horas completas, sino las cinco horas y media que se prevé dure la definitiva y que será estrenada en el festival de Berlín. Aunque me quedara con ganas de más, no me sentí en absoluto defraudado, como seguro sí lo estarán aquellos que fueran al cine esperando esa película porno que les habían vendido. 

Por no ser, Nymphomaniac ni siquiera es erótica ni mínimamente sensual. No digo que no haya momentos morbosos, pero cuerpos y actos sexuales están capturados como el que fotografía un mueble, una pareja de animales o un paisaje salvaje. Los personajes de Nmphomaniac parecen más obetos, seres atrapados en un laberinto emocional, que apenas se aprecia en este primer volumen, pero que se intuye intenso y doloroso. Cierto es que se dan algunas claves sobre la relación de Jo con su padre, con su madre o con su amiga de la infancia pero, como he dicho, prefiero no adelantarme. Lo que, desde luego, celebro (y no me cabía duda alguna) es que Lars von Trier haya hecho una lectura responsable de la ninfomanía, alejándose por completo del sensacionalismo que (seguro) es lo que debe haber atraído a muchos por su campaña de promoción.

Lo que puedo resaltar sin haber visto el segundo volumen son las prodigiosas interpretaciones de todos y cada uno de los integrantes del reparto. Todas ellas tan frescas como intensas, espontáneas y llenas de energía. En ocasiones parece que incluso estaban improvisando, reaccionando a las emociones de sus compañeros de una manera espotánea. Si Stellan Skarsgård y Charlotte Gainsbourg están a la altura habitual, sorprende comprobar que tanto Shia LaBeaouf como Christian Slater eran capaces de mucho más de lo que nos habían mostrado hasta ahora en sus respectivas trayectorias por el cine comercial. Sobre todos ellos planea la breve, pero soberbia, intervención de Uma Turman, así como la rica y turbadora aportación de la prodigiosa Stacy Martin, con una mirada profunda y superficial simultáneamente y con la capacidad corporal de convertir el gesto más ingenuo en la más turbadora de las insinuaciones. De rodillas y a sus pies quedo.

Pero lo que más me ha fascinado ha sido la habilidad de Lars Von Trier para aludir en una misma película a conceptos tan dispares como el arte de la pesca, Rammstein, los números de Fibonacci, Edgar Allan Poe, la sección aurea, la cronofotografía, la música polifónica y un complejo de Elektra; todo ello de manera clara, precisa y contundente. En sus dos obras previas, Anticristo (Antichrist, 2009) y Melancholia (2011), el director de Cinco condiciones —aludida indirectamente en la mnemotécnia de Joe para recordar a Jérôme—, ya había abandonado al completo los postulados del cine dogma que, en realidad, nunca respetó. Pero en el caso de Nymphomaniac, da la impresión de que rompe por completo y definitivamente con sus dos etapas anteriores. Si en la primera, que culminaba con Europa (1991), toda la importancia recaía en la forma, en la segunda, cuyo máximo exponente podría ser Dogville (2003), sería el fondo lo único que importaba, consiguiendo en todos los casos el mismo resultado: una implacable turbación en el espectador. Lo que nos ofrece en Nymphomaniac (o al menos hasta lo aquí visto) es un equilibrio prodigioso entre el relato que cuenta y la forma en la que nos lo presenta. 

¿Estaremos hablando de la obra maestra de Lars Von Trier? Sólo hasta que vea el Volumen 2 podré afirmarlo con rotundidad. Por el momento, teniendo en cuenta la penitencia que nos ha hecho pasar después de sus trilogía de las santas, seguida después por alguna que otra bruja, inmerso actualmente en su trilogía de la depresión, en lo que ha sido un auténtico calvario cinematográfico para el espectador, lo que desde luego parece es que el cineasta danés va camino de trascender la cinefília para erigirse en el profeta de un nueva religión. En estos momentos me debato entre profesar la religión de Lars von Trier o sumergirme en la meditación de la mano de David Lynch. Seguro estoy de que el final es el mismo a través de ambos caminos. ¡¡¡Mea vulva, mea maxima vulva!!!

Publicado originalmente en 400Films

sábado, 11 de enero de 2014

Gravity


Título original: Gravity
Año: 2013
País: Estados Unidos & Reino Unidos

Dirección: Alfonso Cuarón
Guión: Alfonso Cuarón & Jonás Cuarón
Producción: Alfonso Cuarón & David Heyman  
Fotografía: Emmanuel Lubezki
Música: Steven Price
Montaje: Alfonso Cuarón & Mark Sanger 
Diseño de producción: Andy Nicholson 
Dirección artística: Mark Scruton
Decorados: Rosie Goodwin
Vestuario: Jany Termine
Reparto: Sandra Bullock, George Clooney, Ed Harris, Orto Ignatiussen, Paul Sharma, Amy Warren, Basher Savage… 

perder el norte buscando el camino

Resulta difícil trazar una ruta de la trayectoria profesional de Alfonso Cuarón. En todo caso podríamos trazar dos. Una es la que le lleva por esas prescindibles adaptaciones literarias anglosajonas —La princesita (A little princess, 1995), Grandes esperanzas (Great expectations, 1998) o Harry Potter y el prisionero de Azkaban (Harry Potter and the prisioner of Azkaban, 2004)—, que sin duda le han proporcionado una gran proyección internacional, aunque podrían haber firmado cualquier otro cineasta del montón; y otra, más discreta y sobre todo personal —Sólo con tu pareja (1991), Y tu mamá también (2001)—, que elabora habitualmente junto a su hermano, Jonás Cuarón, y que le identifica con un cine de autor más accesible para el gran público, por decirlo de alguna manera. Si con Hijos de los hombres (Children of men, 2006) conseguía tender un puente entre ambas rutas, Gravity (2013), pretende confirmarlo, pero igual que se rompe el cable que une a los dosprotagonsitas de su película, tampoco estoy seguro de que Cuarón haya conseguido del todo su objetivo.

De entrada, no cabe duda alguna acerca de la extraordinaria labor de Cuarón en lo que a planificación y aproximación visual se refiere. No tanto por la belleza de sus imágenes, sino por su precisión a la hora de transmitir exactamente la sensación de estar flotando a la deriva en el espacio. En ese primer plano secuencia de Gravity, no sólo consigue captar la atención del espectador, sino transmitir tanto la gratificante sensación que experimenta Matt Kowalski (George Clooney) en su deambular alrededor de la nave, como el terror y la angustia que siente Ryan Stone (Sandra Bullock) inmediatamente después del accidente que les pone en peligro. La verosimilitud de las diferentes situaciones por las que irán pasando los personajes, y un uso justo y preciso de elementos como la fotografía, el montaje y la banda sonora, contribuyen a dotar de credibilidad a un relato simple y sencillo. 

¿He dicho relato? Bueno, me refería más bien a que, Alfonso Cuarón logra casi la misma verosimilitud que Stanley Kubrick consiguiera con 2001: una odisea en el espacio (2001: a space odyssey, 1968), salvo que si el cineasta estadounidense pretendía contar algo, además de hacernos sentir que estábamos en el espacio, el mexicano no pretende contar nada más que lo que se plantea a primera vista. Quizás las primeras reflexiones de los personajes, unidas a la apabullante fotografía de Emmanuel Lubezki, hicieron pensar a algunos que Gravity iba a ser algo más que una versión de Lo imposible (The imposible, 2012, J.A. Bayona) en el espacio, pero lo cierto es que igual que las opciones se van acotando para la pareja protagonista, se van diluyendo las perspectivas existenciales que se platean inicialmente.

Es cierto que la película se puede disfrutar como una experiencia angustiante, pero un servidor no tiene muy claro lo que realmente querían contar los hermanos Cuarón. ¿Tal vez se trata de un título ecológico que advierte sobre la necesidad de reciclar, incluso a escala espacial? Podría ser, pero me parece algo desproporcionado. Es cierto que podemos encontrar apuntes filosóficos acerca de la muerte, nuestra insignificancia ante el universo, y, sobre todo, la capacidad de supervivencia del ser humano, pero es como si les hubiera dado miedo profundizar demasiado, asustar a un público que buscaba la evasión a toda costa. Lo lamento mucho, pero si bien el esfuerzo de Sandra Bullock es realmente notable, igual que le sucede a Ryan, tengo pocas cosas a las que agarrarme y siento que voy a la deriva en un periplo intenso y muy gratificante sensorialmente hablando, pero que carece de verdadera emoción y que, en definitiva, no trata de contar nada realmente. Lo cual está bien, sobe todo porque ni llega a molestarme el 3D, pero más para una atracción de feria, en lo que a sensación se refiere, o a una noticia del telediario, en lo que de emoción se trata.

Publicado originalmente en 400Films

Todos queremos lo mejor para ella


Título original: Tots volem el millor per a ella
Año: 2013
País: España

Dirección: Mar Coll
Guión: Mar Coll & Valentina Viso
Producción: Sergi Casamitjana, Lita Roig, Aintza Serra & Nico Villarejo Farkas  
Fotografía: Neus Ollé-Soronellas
Música: Maik Maier
Montaje: Aina Calleja 
Diseño de producción: Xènia Besora 
Vestuario: Angélica Muñoz
Reparto: Nara Novas, Valeria Bertuccelli, Jordi Rico, Clara Segura, Pau Durà, Àgata Roca, Mireia Piferrer, james Phillips, Anna Carné, Max Megías, Jordi Costa, Manuela Nieto, Cristina Gàmiz… 

la sociedad española necesita lo mismo

La sociedad española está deprimida. Sólo hace falta echar un vistazo a la televisión, escuchar la radio o abrir un periódico para saber los motivos, por no decir que basta con salir a la calle. Para enfrentarnos a un informativo hace falta tener realmente mucho interés en la línea descendente (o la mentira) que marca el camino de nuestra sociedad en la actualidad. Si hace poco profundizábamos en La herida, cuando Fernando Franco aclaraba que había hecho su película pensando en una persona enferma, que no en la sociedad, aunque era evidente que se podía hacer una lectura social, en esta misma línea podemos ubicar Todos queremos lo mejor para ella, segundo largometraje de Mar Coll, que igualmente puede hacer referencia tanto a su protagonista, deprimida por un accidente que le ha dejado secuelas físicas y psicológicas, como a nuestra sociedad, que sigue inmersa en el trauma de la recesión económica para la que no encontramos salida (al menos los ciudadanos de a pie).

Podría hacer muchas comparaciones entre lo que hace el gobierno para sanar su sociedad y lo que la familia de Geni trata de hacer para que ella se sienta mejor. Pero lo que ni los primeros ni los segundos son capaces de asimilar es que, muchas veces, la gente cambia después de vivir una experiencia traumática y querer lo mejor para alguien, no necesariamente es darle lo que uno cree que necesita. 

Escrito de nuevo en colaboración con Valentina Viso, Mar Coll articula un guión muy sólido en torno a la figura de su protagonista. Si por un lado permite que sean los personajes quienes se expliquen a través de sus actos, en lugar de sus palabras, lo que ya de por sí hace muy estimulante el relato, también tiene la capacidad de colocar la cámara en el lugar más invisible para que el conflicto avance y se resuelva de la manera más natural. Este tono realista se ve reforzado por la verosimilitud lingüística, en la que el catalán y el español fluyen de una manera natural, no necesariamente dependiendo del origen de los actores, sino de cada una de las situaciones. Es una pena que acaben doblando la película, porque se perderán muchos matices.

Aunque Nora Navas se haya prodigado bien poco desde Pa negre (2010, Agustí Villaronga), está claro que no ha perdido la mínima capacidad para comunicar. Su interpretación es tremendamente orgánica y poderosa, mostrando a la perfección no sólo las contradicciones de su personaje, sino dejando emanar sus emociones de tal manera que no hacen falta explicaciones ni justificaciones para su comportamiento. Junto a ella encaja a la perfección la más breve aportación de la actriz argentina Valeria Bertuccelli, contrapunto perfecto para entender el personaje de Geli, pero sin quitarle un ápice de protagonismo, y encajando a la perfección en una producción catalana.

Es de agradecer que aunque la película tenga un tono lánguido y sombrío, acorde con el estado de ánimo de la protagonista (y la sociedad), en el fondo no deja de transmitir un mensaje optimista. No tanto por la resolución de la película, abierta para que sea el espectador quien decida el camino de Geli, sino por sus ganas de encontrarse a sí misma y luchar por aquello que verdaderamente necesita, por ser ella misma, no la imagen que los demás tenían sobre ella. Es casi el mismo punto en el que se encuentra la sociedad española actualmente que, espero, también sepa (y pueda) luchar por lo que es mejor para sí misma.

Publicado originalmente en 400Films

12 años de esclavitud


Título original: 12 years a slave
Año: 2013
País: Reino Unido & Estados Unidos

Dirección: Steve McQueen
Guión: John Ridley, basado en una novela de Solomon Northup
Producción: Dede Gardner, Anthony Katagas, Jeremy Kleiner, Steve McQueen, Arnon Milchan, Brad Pitt & Bill Pohlad  
Fotografía: Sean Bobbitt
Música: Hans Zimmer
Montaje: Joe Walker 
Diseño de producción: Adam Stockhausen 
Dirección artística: David Stein
Decorados: Alice Baker
Vestuario: Patricia Norris
Reparto: Chiwetel Ejiofor, Dwight Henry, Dickie Gravois, Bryan Batt, Ashley Dyke, Kelsey Scott, Quvenzhané Wallis, Cameron Zeigler, Tony Bentley, Scoot MnCairy, Taran Killam, Christpher Berry, Bill Camp, Mister Mackey Jr, Chirs Chalk, Craig Tate, Adepero Oduye, Storm Reid, Tom Proctor, Marc Macaulay, Vivian Fleming-Alvarez, Michael K. Williams, Douglas M. Griffin, John McConnell, Marcus Lyle Brown, Richard Holden, Rob Steinberg, Paul Giamatti, Anwan Glover, Benedict Cumberbatch, James C. Victor, Liza J. Bennett, Nicole Collins, J.D. Evermore, Paul Dano, Michael Fassbender, Sarah Paulson, Lupita Nyong'o, Andy Dylan, Deneen Tyler, Mustafa Harris, Gregory Bright, Austin Purnell, Thomas Francis Murphy, Andre De'Sean Shanks, Kelvin Harrison, Scott Michael Jefferson, Alfre Woodard, Isaiah Jackson, Garret Dillahunt, Topsy Chapman, Devin Maurice Evans, Brad Pitt, Jay Huguley, Devyn A. Tyler, Willo Jean-Baptiste… 

un episodio más de la infame historia humana

En el cine, como en cualquier otra forma de expresión artística, se repiten ciertos ciclos a través de los que se renuevan temas y géneros. Da la impresión de que, después de Criadas y señoras (The help, 2011, Tate Taylor) y Django desencadenado (Django unchained, 2012, Quentin Tarantino) —dos obras sobre racismo y esclavitud en diferentes épocas realizadas por cineastas caucásicos—, algunos cineastas de color (que no afroamericanos porque no es exacamente el caso) han decidido dar la réplica con El mayordomo (The butler, 2013, Lee Daniels) y 12 años de esclavitud (12 years a slave, 2013, Steve McQueen) —dos obras sobre racismo y esclavitud que se corresponden con las anteriores en tema y época— en lo que sería una mirada en primera persona, menos afectada, y desde luego mucho más profunda, de la que nos transmitiera en su momento Spike Lee

Mientras Daniels nos ofrecía una obra un tanto almibarada, pero que planteba puntos de vista interesantes, McQueen deja de lado cualquier tipo de artificio para mostrarnos un relato tan estremecedor como contemporáneo. Esa indeleble frontera entre libertad y esclavitud que muestra en su película, no es mucho más robusta que la que pueden quedar abocados hoy en día muchos ciudadanos y ciudadanas que, escapando de los infiernos sociales y económicos de sus países, terminan atrapados en distintas redes de tráfico de personascunado sólo tratan de alcanzar una forma de vida mejor.

En consonancia con las películas anteriores del director británico, 12 años de esclavitud está inundada de una sobrecogedora belleza visual, que contrasta con el dolor seco y áspero de un relato que nos destroza emocionalmente. Haciendo de la sobriedad narrativa su principal seña de identidad, estamos ante un relato que está planteado como un drama, pero articulado como si se tratara de una auténtica historia de terror. 

Alejado de la visión melodramática de otros cineastas —como podría ser Steven Spielberg, que siempre ha estado muy solidarizado con la causa negra— que tienden a recurrir a un sensacionalismo básico y primario, casi tan primitivo como los estadounidneses de la época, mostrando sólo el sufrimiento físico, McQueen coloca su cámara en el ángulo más doloroso para el espectador, alejado de latigazos y torturas, para transmitirnos el dolor psicológico que consume realmente a su protagonista. Aunque hayamos visto otras películas que muestran sucesos similares, pocas habían conseguido realmente transmitir la pasmosa brutalidad de otro, de uno más, de los infames episodios de la historia universal —como diría Jorge Luis Borges—, y de la estadounidense en particular.

Es difícil destacar a uno de los miembros del reparto por encima de los demás, porque si Chiwetel Ejiofor sostiene con extraordinaria fuerza la columna vertebral de la película, ayudado en gran medida por Lupita Nyong'o, las aportaciones más o menos esporádicas de Michael Fassbender, Sarah Paulson, Paul Dano, Benedict Cumberbatch y Paul Giamatti, consiguen revolver las entrañas de cualquiera. Uno de los grandes aciertos de todos estos personajes es que no se trata de aproximaciones contemporáneas, como la gran mayoría de películas que han tratado el tema, sino que verdaderamente nos sitúa en el lado más oscuro de una sociedad despreciable y decadente, que cuanto más torturaba a los afroamericanos, más se degradaba a sí misma.

Publicado originalmente en 400Films

domingo, 8 de diciembre de 2013

La gran belleza


Título original: La grande bellezza
Año: 2013
País: Italia & Francia

Dirección: Paolo sorrentino
Guión: Paolo Sorrentino & Umberto Contrarello, basado en una idea original de Paolo Sorrentino, adoptada de una la película de Federico Fellini
Producción: Francesca Cima & Nicola Giuliano  
Fotografía: Luca Bigazzi
Música: Lele Martichelli
Montaje: Cristiano Travaglioli 
Diseño de producción: Stefania Cella 
Dirección artística: Ludovia Ferrario
Vestuario: Daniela Ciancio
Reparto: Toni Servillo, Carlo Verdone, Sabrina Ferilli, Carlo Buccirosso, Iaia Forte, Pamela Villoresi, Galatea Ranzi, Franco Graziosi, Giorgio Pasotti, Massimo Popolizio, Sonia Gessner, Anna Della Rosa, Luca Marinelli, Ivan Franek, Vernon Dobtcheff, Darioa Cantarelli, Pasquale Petrolo, Luciano Virgilio, Aldo Ralli, Giusi Merli, Giovanna Vignola, Anita Kravos, Ludovico Caldera, Maria Laura Rondanini, Francesca Golia, Massimo De Francovich, Roberto Herlitzka, Isabella Ferrari, Fanny Ardant, Antonello Venditti, Flaminia Bonciani… 

tortura con zafios aires intelectualices

Hay una secuencia que ilustra perfectamente mi experiencia viendo La gran belleza. Es aquella en la que Jep Gambardella (Toni Servillo), su protagonista, asiste a una performance al aire libre, a los pies de un acueducto. El público que asiste se muestra impasible cuando la artista que la realiza se coloca una venda en los ojos y arremete dándose cabezazos contra la fría piedra. Esa y no otra es la sensación que experimentó este espectador ante tan desagradable espectáculo —la película, que no la performance. La gran belleza es una obra rabiosamente violenta, no porque lo sea, sino por las sensaciones que despierta en el espectador.

Puedes leer la crítica completa en 400Films


Bienvenidos al fin del mundo


Título original: The World's End
Año: 2013
País: Reino Unido

Dirección: Edgar Wright
Guión: Simon Pegg & Edgar wright
Producción: Tim Bevan, Eric Chasin & Nira Park  
Fotografía: Bill Pope
Música: Steven Price
Montaje: Paul Machliss 
Diseño de producción: Marcus Rowland 
Dirección artística: Peter Dorme & Nick Gottschalk
Decorados: Sara Wan
Vestuario: Guy Speranza
Reparto: Thomas Law, Zachary Bailess, Jasper Levine, James Tarpey, Luke Bromley, Sophie Evans, Samantha White, Rose Reynolds, Richrad Hadfield, Flora Slorach, Francesca Reidie, Charlotte Reidie, Pierce Brosnan, David Bradley, Michael Smiley, Simon Pegg, Alex Austin, Jonathan Aris, Nick Frost, Martin Freeman, Paddy Considine, Angie Wallis, Eddie Marsan, Paul Bentall, Richard Graham, Alice Lowe, Rafa Spall, Leo Thompson, Steve Oram, Julia Deakin, Greg Townley, Sebastian Zaniesienko, Luke Scott, Tyler Dobbs, Samuel Mak, Teddy Kempner, Mark Kempner, Rosamund Pike, Nick Holder, Darren Boyd, Paul Kennington, Michael Sarne, Reece Shearsmith, Nicholas Burns, Mark Heap, Kelly Franklin, James Granstrom, Gabe Cronnelly, Patricia Franklin, Bill Nighy, Mark Donovan, Ricky Champ, Ken Bones… 

quién dijo que el cine de autor estaba reñido con el humor y la fantasía

Estoy convencido de que muy pocos fueron capaces de predecir, a mediados de los años noventa, cuando Edgar Wright estrenaba su ópera prima, A fistful of fingers (1995), que estaban ante una rara avis de autor que sería capaz de hacer gloriosas ensaladas de body movies, salpicadas con toques de cine fantástico y de terror, sazonadas con prodigiosas dosis de sentido del humor. Lejos del cutre cine paródico de series como Scary Movie y similares, la clave del cineasta británico es que no se ríe del cine objeto que parodia, sino que le rinde tributo. Para ello no busca situaciones ridículas, sino que ubica a sus personajes dentro de una credibilidad fantástica, a la que se enfrentan como si verdaderamente le fuera en ello la vida.

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La huida (Deadfall)


Título original: Deadfall
Año: 2012
País: Francia & Estados Unidos

Dirección: Stefan Ruzowitzky
Guión: Zach Dean
Producción: Shelly Clippard, Ben Cosgrove, Gary Levinsohn & Todd Wagner  
Fotografía: Shane Hurlbut
Música: Marco Beltrami
Montaje: Arthur Tarnowski & Dan Zimmerman 
Diseño de producción: Paul D. Austerberry 
Dirección artística: Michele Laliberte
Vestuario: Odette Gadoury
Reparto: Eric Bana, Olivia Wilde, Charlie Hunnam, Patrick Kerton, Kwasi Songui, Kate Mara, Kris Kristofferson, Sissy Spacek, John Robinson, Job Daniel, Jocelyne Zucco, Treat Williams, Jason Cavalier, Maxime Savaria, Kyle Gatehouse, Tom Jackson, Allison Graham, Tomomi Morimoto, Nobuya Shimamoto, Cheryl Diabo, André Kasper Kolstad, Anie Pascale, Andrew Johnston, Sarah Booth, Alain Goulem, victor Cornfoot, Warona Setshwaelo… 

no se trata de acción, sino de emoción

Mucha gente tiene un concepto del cine independiente como películas que se centran en los sentimientos y emociones de sus personajes. Es una manera de diferenciarlo del cine de autor, en donde es más importante la capacidad del director para llevarse la historia a su terreno. En el caso de La huida (Deadfall, 2012), el cineasta de origen austríaco, Stefan Ruzowitzky, si bien no consigue exactamente lo segundo, alcanza de lleno el primer objetivo, sazonado además de grandes y contundentes dosis de adrenalina.

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domingo, 17 de noviembre de 2013

Sólo Dios perdona


Título original: Only God forgives
Año: 2013
País: Francia, Dinamarca, Tailandia, Suecia y Estados Unidos

Dirección: Nicolas Winding Refn
Guión: Nicolas Winding Refn
Producción: Lene Børglum, Sidonie Dumas & Vincent Maraval  
Fotografía: Larry Smith
Música: Cliff Martinez
Montaje: Matthew Newman 
Diseño de producción: Beth Mickle 
Dirección artística: Russell Barnes & Witoon 'Boom' Suanyai
Vestuario: Wasitchaya 'Nampeung' Mochanakul
Reparto: Ryan Gosling, Kristin Scott THomas, Vithaya Pansringarm, Gordon Brown, Yayaying Rhatha Phongam, Tom Burke, Shajak Boonthanakit, Pitchawat Petchayahon, Charlie Ruedpokanon, Kowit Wattanakul, Wannisa Peungpa, Narucha Chaimareung, Danai Thiengdham, Wittchuta Watjanarat, Nophand Boonyai, Teerawat Mulvilai, Aratchaporn Sataed, Dujdao Vadhanapakorn, Matthew Ryder, Oak Keerati, Sasapin Siriwanji, Nuntiya Thongnoo, Byron Gibson, Saicheer Wongwirot, Alisa Wongvisut, Byron Bishop… 

ya le pedirán cuentas el día del juicio final

¿Es posible que la mayoría de la crítica especializada en Sitges quedara rendida ante Sólo Dios perdona (Only God forgives)? Así me lo comentaba mi jefa de comunicación y prensa cuando las redes sociales se rendían ante los pies de Nicolas Winding Refn. Si quizás me pareció excesivo darle el premio a la mejor dirección en Cannes por Drive, lo cierto es que su intento de hacer una película desde el punto de vista de David Lynch le quedó realmente bonita, aunque carente de la profundidad de películas como Corazón salvaje (1990, Wild at heart), que había sido Palma de Oro antes en Cannes. Da la impresión de que ahora, más que rendir homenaje a Apichatpong Weerasethakul, pretendiera hacer una densa obra en la más pura línea de Robert Bresson. Y lo siento mucho, pero fracasa rotundamente a los ojos de un servidor.

De entrada, la mirada de Ryan Gosling no me transmite absolutamente nada, aunque tampoco lo hacía en Drive. Si allí estaba secundado por una espléndida Carey Mulligan, aquí la que se lleva absolutamente toda la atención es la prodigiosa Kristin Scott Thomas, que sí comunica, aunque no tenga muchas cosas que decir. Only God forgives es una obra todavía mucho más artificial que Drive, que al fin y al cabo no era más que un lujoso anuncio de coches presentados como si fueran perfumes, aunque la disfruté bastante debido a su intensidad emocional. Si ésta se beneficiaba del entorno hollywoodiense para justificar su artificialidad, el exceso de fatal dramatismo en unas situaciones demasiado exageradas e incoherentes y las irrupciones gratuitas y desorbitadas de violencia, no quedan justificadas aquí, ni aunque estemos en Thailandia...

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sábado, 16 de noviembre de 2013

Stockhom


Título original: Stockholm
Año: 2013
País: España

Dirección: Rodrigo Sorogoyen, Borja Soler & Eduardo Villanueva
Guión: Isabel Peña & Rodrigo Sorogoyen
Producción: Alberto del Campo, Borja Soler, Rodrigo Sorogoyen & Eduardo Villanueva  
Fotografía: Alejandro de Pablo
Montaje: Alberto del Campo 
Reparto: Aura Garrido, Javier Pereira

sonatina para piano y violín en dos (intensos) movimientos

Todos se quejan. Los políticos del cine español por su dudosa calidad, mientras que el colectivo cinematográfico lo hace por las trabas que ponen aquellos para que el público compre una entrada. Mientras tanto, un cineasta como Rodrigo Sorogoyen saca adelante su proyecto utilizando como reclamo el nombre de la capital de Suecia, pero en su idioma original. Y eso lo más sueco que verás en la película –aparte de los muebles de Ikea—, aunque no por ello deja de ser una propuesta rabiosamente universal. La acción que se desarrolla en Stokholm podría tener lugar tanto en Madrid como en Estocolmo o en Málaga, donde se alzaba con 3 premios en su festival de cine español, correspondientes a la dirección, el guión y la interpretación de Aura Garrido, además de otros galardones. 

Está claro que Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen han sacado un gran partido a sus colaboraciones televisivas en series como Impares, La pecera de Eva o Frágiles. Su relato es una especie de sonatina para él y para ella en dos movimientos. Dividida en dos claras partes, es él quien lleva la voz cantante en el primer movimiento, mientras que ella lo hace en el segundo. Sonatina en lugar de sonata porque, aunque el fondo del relato sea intenso y profundo, la presentación es sencilla, sin plantear grandes pretensiones a simple vista, aunque finalmente las tenga...

Puedes leer la crítica completa en 400Films

PD.: estaría bien profundizar en los motivos por los que en iMDB acreditan a 3 cineastas como directores, que sin duda responde a que en los títulos de crédito de la película se incluya a un realizador (profesional exclusivamente televisivo que escoge los planos) y a un responsable de la dirección de actores, que corresponderían a Borja Soler y a Eduardo Villanueva, lo que nos permitiría un debate sobre las responsabilidades de Rodrigo Sorogoyen en la película.