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viernes, 20 de septiembre de 2013

Futbolín


Título original: Metegol
Año: 2013
País: Argentina & España

Dirección: Juan José Campanella
Guión: Juan José Campanella, Gastón Gorali & Eduardo Sacheri, basado en un relato de Roberto Fontanarrosa
Producción: Juan José Campanella, Mercedes Gamero, Gastón Gorali, Mikel Lejarza, Jorge Estrada Mora & Manuel Polanco  
Fotografía: Félix Monti
Música: Emilio Kauderer
Montaje: Juan José Campanella & Abel Goldfarb 
Dirección artística: Mariano Epelbaum & Nelson Noel Luty
Decorados: xxx
Vestuario: Wendy
Reparto: Juan José Campanella, Diego Ramos, Pablo Rago, Axel Kuschevatzky, David Masajnik, Lucía Maciel, Diego Mesaglío, Miguel Ángel Rodríguez, Mariana Otero, Fabián Gianola, Luciana Falcón, Ernesto Claudio, Horacio Fontova, Sebastián Mogordoy, Coco Sily, Gabriel Almirón, Roberto Kim, Federico Cecere, Alejandro Pilar, Diego Gatto, Ezequiel Cipols, Igor Samoilov, Lucila Gómez, Natalia Rosminati… 

una partida perdida

No sé si el problema es que a Juan José Campanella no le gusta nada el fútbol, como él mismo asegura, o que muy poco cine de animación debe haber visto en su vida. Si bien la primera afirmación no me preocupa en absoluto, ni me parece imprescindible para hacer una película sobre el tema, encuentro la segunda ciertamente alarmante, pero sólo en el momento en que asegura que su película «demuestra que las grandes películas de animación no se hacen sólo en Hollywod». Lo que queda claro es que no sabe quienes son cineastas como Hayao Miyazaki, Mamoru Oshii, Katsuhiro Otomo, no debe haber visto ninguna de las películas del Studio Ghibli, o tampoco conoce a maestros europeos como Michel Ocelot y Sylvain Chomet o artesanos británicos como Steve Box y Nick Park

A pesar de que Futbolín comienza con bastante buen pie, gracias a una animación verdaderamente espectacular,  haciendo deliciosos guiños cinematográficos y deslumbrando con esa primera secuencia en el futbolín que parece nos va a proporcionar un espectaculo visual a lo largo de toda la película... toda la ilusión se desmorona en un momento determinado —concretamente cuando cobran vida las jugadores—, precipitándose irremediablemente a la aventura disparatada, el sentimentalismo insoportable y la ausencia total y absoluta de algo por lo que recomendar una película aburrida y tediosa en todo momento. Hasta una serie como Campeones: Oliver y Benji (Captain Tsubasa, 1983-1986), transmitía muchas más emociones en sus largas secuencias futboleras que cualquiera de las supuestos grandes momentos de Futbolín.

Es además uno de los pocos casos en los que la culpa del desaguisado es única exclusivamente de su director, que es también guionista, productor, montador y que hasta pone voz a uno de sus personajes. Sobre dosis de Campanella.No  Esta sopa no hay quien se la trague, ni fría ni caliente. No entiendo esta moda que les da a algunos cineastas de probar en harinas de otro costal. Más le valdría haber producido a algún otro animador que tuviera realmente algo que contar porque, aparte de que un servidor no consiga conectar con sus personajes, tampoco consigo captar en absoluto lo que pretendía contar con su película. ¿Es posible que la haya hecho ex professo para el festival de San Sebastián, como venganza porque el año que se presentó con El secreto de sus ojos no se llevó ningún premio? El caso es que yo creo que hicieron muy bien en aquel entonces, y se han equivocado por completo abriéndole los brazos con esto. Sí, ya se que el trailer engaña...

sábado, 17 de agosto de 2013

Exorcismo en Georgia


Título original: The Haunting in Conneticut 2: Ghost of Georgia
Año: 2013
País: EE.UU.

Dirección: Tom Elkins
Guión: David Coggeshall
Producción: Paul Brooks & Scott Niemeyer  
Fotografía: Yaron Levy
Música: Michael Wandmacher
Montaje: Tom Elkins & Elliot Greenberg 
Dirección artística: Jeremy Woolsey
Decorados: Erika Rice
Vestuario: Dane Embree & Jennifer Kamrath
Reparto: Abigail Spencer, Morgana Shaw, Emily Alyn Lind, Chad Michael Murray, Grant James, Katee Sackhoff, Mary Louise Coffee, Lauren Pennington, Sam Polin, Lance E. Nichols, Jaren Mitchell, Cicely Tyson, Brad James, Wayne Pére, Hunter Burke, C. Stuart Rome, John T. Wilson Jr., Adolph Voight, Darrell Frey, Thomas Daniel, Gabe Bourdeaux, Andrea Franke, Idella Johnson, Tyler Humphrey, Michael Daingerfield, Barbara Tyson, Fiona Hogan, Tom Elkins, Peter Forest, Shadoe Knight, Britney Brown, Jimez Alexander, Shamerick Simoneuax… 

fantasmas que no se toman la medicación

En un país tan paranoico como los Estados Unidos las conspiraciones parecen instalarse de tal manera en el subconsciente de la población que son incapaces de separarlas de la idea de la que surge una sencilla película de terror. La peregrina serie iniciada con Exorcismo en Conneticut (The Haunting on Conneticut, 2009, Peter Cornwell), nos pone en bandeja una franquicia que pareciera diseñada para luchar contra la especulación bancaria. Luces rojas se encienden en mi subconsciente con el eslogan: ¡no compres casas de segunda mano, sólo casas de obra nueva! 

No me cabe duda de que muchos pensarán que es la que es peregrina mi idea, pero es que me resulta imposible digerir una serie de películas absurdas que pretenden vendernos auténticas patrañas como historias reales. Quizás sólo se refieren a la base del relato, en el caso de Exorcismo en Conneticut referente a una funeraria que momificaba a las víctimas de sus sesiones de espiritismo, y en le de Exorcismo en Georgia en relación al jefe de estación que ayudaba a los esclavos que huían del sur durante la guerra de secesión, aunque no a todos…

El hecho de que se lo tomen todo tan asombrosamente en serio, incapaces de añadir sentido del humor, no provoca más que un distanciamiento con el relato. La experiencia adquiere proporciones delirantes en el momento en que intentan dotar de credibilidad a la historia con las fotografías de las personas reales que se supone vivieron la experiencia. Quizás sean quienes viven actualmente en esas casas, pero si seguimos aquel refrán que dice "piensa mal y acertarás", está claro que fueron todas escogidas en un casting de "personas normales" o más bien auténticos paletos de la América más profunda y oscura. 

Podría admitir que, efectivamente, podrían ser las personas reales, pero me parece asombrosamente irresponsable que nos vendan su historia y las de los anteriores propietarios de sus casas como historias de fantasmas y posesiones demoníacas. Punto en el que verdaderamente fracasa una película queda reducida a una sucesión de sustos sin sentido. 

viernes, 30 de noviembre de 2012

En la mente del asesino


Título original: Alex Cross
Año: 2012
País: EE.UU.

Dirección: Rob Cohen
Guión: Marc Moss & Kerry Williamson, basado en una novela de James Patterson
Producción: Bill Block, Steve Bowen, Randall Emmett, Leopoldo Gout, Paul Hanson & Jeff Rice  
Fotografía: Ricardo Della Rosa
Música: John Debney
Montaje: Matt Diezel & Thom Noble 
Diseño de producción: Laura Fox 
Dirección artística: Charles Varga
Decorados: Gabriella Villarreal
Vestuario: Abigail Murray
Reparto: Rachel Nichols, Gianfranco Esposito, Matthew Fox, Tyler Perry, Jean Reno, Edward Burns, John C. McGinley, Carmen Ejogo, Cicely Tyson, Chad Lindberg, Yara Shahidi, Christopher Stadulis, Jessalyn Wanlim, Bonnie Bentley, Ingo Rademacher, Werner Daehn, Sayeed Shahidi, Jeff Coopwood, Mark Hicks, Marcelo Tubert, Alexandra Ruddy, Simenona Martinez, Shawn Michelle, Kevin Hall, Kaidy Kuna, Eric Frank, Carmen Dee Harris, Janine Sarnowski, Dan anders, Elias Bahri, Tiffany Becton, Allan Biggins, Jason Botsford, Travis Bush, Ran Causey, Patrick Colligan, Jennifer Ann Davies, John Dockerson, Steffen Dziczek, Tiffani Elise Edwards, Robert Forte Shannon III, Carly Francavilla, Andrew Hreij, E. Ray Goodwin, Robert Graziosi, Aswan Harris, Steven Hauptman, Pennie-Marie Hawkins, Ron Heisler, Jarius Devon Hill, Jeff Hill, Tim Holmes, Sherry Hudak-Weinhardt, Stephanie Jacobsen, Tim Jenkins, Brandon Landers, Abe Larkin, Darcy Leutzinger, Sherry A Lewis, Bill Lumbert, Mary Mac, Rebecca Marks, Rance Martin, Christian Mathis, Derick Mayes, Patrick Viktor, Monroe, Andrew Nelisse, John Newkirk, Joseph O'Brien, Terri Partyka, Krishawn Peace, Brent Reichert, Simon Rhee, Timothy J. Richardson, John Riddlebaugh, DaJuan Rippy, Julie Ariane Russelll, Stephanie Schaberg, Deanna Sherman, Douglas Slygh, Joseph Smith, madison Stalker, Eric Tuchelske, Curtis Lee Vest, Chris Wallis, Jojuan Westmoreland, Lisa Y. Wong… 

nada que hacer, nada que decir, nada que aportar

Acudir a un pase de prensa sin saber nada de la película que vas a ver puede contribuir a enfrentarte a ella sin ningún prejuicio. Dado que siempre se nos adelanta excesiva información sobre cualquier película de corte comercial, no saber que En la mente del asesino, corresponde al título en España de Alex Cross, puede constituir una gran ventaja. Sobre todo cuando resulta que vas a ver a Tyler Perry interpretando un personaje que anteriormente hiciera Morgan Freeman en dos ocasiones: El coleccionista de amantes (Kiss the Girls, 1997, Gary Fleder) y La hora de la araña (Along Came a Spider, 2001, Lee Tamahori). Ocasión que Rob Cohen, director de la que es la tercera adaptación de las novelas de James Patterson, desaprovecha.

Que no les engañe que estemos ante una película del director de filmes como Dragon: la vida de bruce Lee (Dragon: The Bruce Lee Story, 1993), Pánico en el tunel (Daylight, 1996), The Fast and the Furious (2001), xXx (2002) o La amenaza invisible. Stealth  (Stealth, 2005)-en su mayoría películas que agradezco no haber visto, aunque alguna me la colaron-, porque esta no es exactamente una película de acción (o no quiere serlo) ni mucho menos un thriller (que es lo que pretende). Estamos ante lo que desde ahora mismo comienzo a denominar una telepelícula para referirme a aquellos títulos que, por su baja calidad, están más cercanos a una TV-Movie que a una obra cinematográfica. Y no me refiero a que sea una película de baja calidad, que lo es, sino a que las convenciones que le dan forma son más propias de las películas para la pequeña pantalla, de la misma manera que las series de televisión se parecen más a largas e interminables películas de cine, dada su alta calidad visual.

Siguiendo un guión de Kerry Williamson y Marc Moss -que ya realizara la adaptación de Along Came the Spider-, estamos ante una obra cumbre del quiero y no puedo. Como si de un thriller realizado por Disney se tratara, la película pasa por todos los géneros posibles. Tan pronto es una película policíaca, como se convierte en un drama psicoanalítico, de repente adquiere la forma de una película familiar, para después tomar la forma de una buddie movie de manera radical, llegando en ocasiones a intentar convertirse en un patético melodrama. No voy a entrar en los guiños a títulos recientes porque es un ejercicio que me aburre, pero muchos de los giros de la película son perfectamente reconocibles.

Los esfuerzos de Matthew Fox por construir un personaje (y emular a Christian Bale) son absurdos, porque no hay patologías psiquiátricas que recojan todas las características de su personaje, demasiadas para uno sólo. Me da la risa cada vez que el director utiliza un recurso visual particular como para decirnos que el personaje está perturbado, sobre todo cuando finalmente eso no resulta ser importante para la trama ni para su resolución. En este sentido, el título de la película en español resulta de lo más equívoco, pero no voy a fomentar los spoilers. El empeño de Tyler Perry por resultar convincente es notable, pero claro, al lado de Morgan Freeman no tiene gran cosa que hacer. La carrera de Edward Burns no tiene sentido y la presencia de Jean Reno es completamente prescindible por lo que, sinceramente, no encuentro ningún aliciente para ver la película.

Publicado originalmente en EXTRACINE

domingo, 11 de noviembre de 2012

Blancanieves


Título original: Blancanieves
Año: 2012
País: España

Dirección: Pablo Berger
Guión: Pablo Berger
Producción: Pablo Berger, Ibón Cormenzana & Jérôme Vidal  
Fotografía: Kiko de la Rica
Música: Alfonso Vilallonga
Montaje: Fernando Franco 
Diseño de producción: Alain Bainée 
Dirección artística: Alain Bainée
Vestuario: Paco Delgado
Reparto: Maribel Verdú, Macarena García, Daniel Giménez Cacho, Ángela Molina, Inma Cuesta, Sofía Oria, Pere Ponce, Carlos Lasarte, Emilio Gavira, Ramón Barea, Oriol Vila, Josep Maria Pou, Itziar Castro, Sergio Dorado, Ignacio Mateos, Carmen Segarra, Carmen Belloch, Pere Vall, Pep Ferrer… 

andreita 'cómete el pollo' en Ambiciones

Puedes llevarte a Pablo Berger a Nueva York (donde ejerce como profesor en la New York Film Academy), pero parece que no puedes sacar la esencia española del que fuera director de un cortometraje de culto como Mama (1988). Si con su ópera prima, Torremolinos 73 (2003), recibía premios en festivales de todo el mundo, con su segunda película, Blancanieves, no sólo ha conseguido billete para intentar conseguir una nominación al Oscar a la mejor película en habla no inglesa, sino que también se llevaba el premio especial del jurado en el último festival de San Sebastián, así como su protagonista, Macarena García, se llevaba a Concha de Plata a la mejor interpretación (no sé si quiero ver el resto de las películas premiadas este año).

Decir que una película basada libremente en el cuento de los hermanos Grimm no va a tener spoilers, sería como pretender hablar de una película sobre la vida de Cristo sin querer revelar si termina o no crucificado. Por lo que igual de libremente que Pablo Berger ha escrito siete veces el guión de su película (según él), o de la misma manera que comenta que llevaba ocho años preparando el proyecto (también me hago eco de sus declaraciones), voy a comentar lo que a un servidor le ha parecido su obra. De entrada permítanme que evoque el eslogan con el que se ha promocionado la película: “nunca te habían contado el cuento así”. Lo que me lleva a la consternación y a preguntarme si hacía verdaderamente falta que lo volvieran a hacer. ¿Aporta algo? ¿Qué nos quiere contar realmente Pablo Berger? ¿O tan sólo quería demostrar que era capaz de hacer una película muda y en blanco y negro?

Tanto que (algunos) criticamos a los estadounidenses por sus numerosos remakes y reboots, no esperarían que iba a recibir con los brazos abiertos una película que se estrena el mismo año que otras dos versiones (con desigual fortuna) de la misma historia: Mirror Mirror (2012, Tarsem Singh) y Blancanieves y la leyenda del cazador (Snow White and the Huntsman, 2012Rupert Sanders). Tampoco voy a entrar en si le ha venido mejor o peor que se rodara al amparo del enrome éxito que ha tenido una película tan sobrevalorada (según mi punto de vista -leer entonando la canción de La Lupe-) como The Artist (2011, Michel Hazanavicius), que de hecho no tiene nada que ver con su película, según palabras del director vasco. Ni mucho menos. Doy por hecho que todo esto no han sido más que casualidades que tanto le pueden venir mejor como peor a la película.

Intentar dilucidar la cantidad del presupuesto destinado al rímel que cubre en todo momento las pestañas de la protagonista, sería como intentar pretender llevar la cuenta del número de pelucas que luce la mala malísima de la muerte de la película. Ni siquiera voy a intentar buscar la responsabilidad de lo que para un servidor es un fallo estético ¿se debe al exceso de afán de maquilladores y peluqueros, o a la desgana del director de fotografía, Kiko de la Rica, que por lo demás en otras ocasiones ha estado muy acertado? No voy a hacer mofa de la ridícula secuencia en la que un toro coge al padre de la protagonista (¡ay! se me ha escapado un detalle que no estaba exactamente así en el cuento) cuyos efectos especiales son peores que los de cualquiera de las películas de Segundo de Chomón realizadas antes de 1910. Y no voy a insistir en lo molesto que resulta en ocasiones el montaje de la película, que parece realizado por alguien que, de niño, fuera torturado por unos padres adolescentes que sólo le permitieran ver la MTV.

Y claro, como se trata de un cuento, muchos dirán que pretender buscarle demasiados pies al gato por cuestionar que una señora embarazada vaya a ver una corrida de toros en la que el padre de su futura hija se juega la vida son demasiados pies. Ni hay que rasgarse las vestiduras por el momento en que dejan a la niña flotando en un río, después de ahogarla, y varias horas después, ya de noche y después de un fundido a negro (que indica paso de tiempo, pero no cuanto), la sacan, le hacen el boca a boca y recobra vida y aliento. Qué más dará la verosimilitud de la historia, seguro que en la época del cine mudo tampoco tenían en cuenta estas gilipolleces de la credibilidad y la verosimilitud.

Lo único que en realidad me preocupa de Blancanieves son los procesos mentales, psicológicos, psiquiátricos o incluso metafísicos por los cuales Pablo Berger ha terminado haciendo más una adaptación de lo que hubiera sido la vida de 'Andreita' sin su mamá y su abuelita que del cuento clásico al que alude el título de la película. Quizás el ingenuo soy yo por pensar que si lo mencionado anteriormente acerca de las películas dirigidas por Singh, Sanders y Hazanavicius era mera casualidad, también lo iba a ser que un señor tan, a priori, poco interesado en la prensa del corazón como Berger, fuera a aprovechar de una manera soterrada el tirón mediático de Belén Esteban. Al fin y al cabo las universidades escriben sobre ella, la escogen como motivo para exposiciones de arte, y hasta es portada de Le Monde (Yo también me mondo). ¿Habrá pensado que si la historia vende en televisión igual podría vender también en el cine? Me parece que esto sería demasiado pensar.

No, cómo es posible. Todo es casualidad. Como que el protagonista sea un torero, que le coja un toro y que estando convaleciente la enfermera le seduzca como para convertirse en su segunda esposa. Belén Esteban se divorció, no murió (aunque a los ojos de Jesulín como si lo estuviera). También es casualidad que su nueva esposa no se lleve nada bien con la hija mayor del torero, de hecho aquí no tienen hijos propios. Pero entonces ¿a qué viene el asunto del pollo? Debe ser una tontería mía porque no creo que tenga nada que ver con aquel episodio de “Andreíta, cómete el pollo”. La alusión a la revista Lecturas y que una vez la segunda esposa se queda viuda su única obsesión sea hacerse la reina del papel couché, no tiene nada que ver con María José Campanario, que dicho sea de paso está muy volcada estudiando odontología. No. Todo esto son alucinaciones mías por ver demasiado programas de televisión como Sálvame (ya sea de tarde o DeLuxe). Y claro, que sea allí donde bautizaran a Belén Esteban como “la princesa del pueblo” tampoco tiene guasa ni doble lectura de cara a la película. No. Estoy equivocado. Lo sé.

También es casualidad que el reparto de la película recoja elementos tan dispares de las diferentes realidades culturales españolas como la andaluza (que es la que mejor se exporta), la vasca (que es la del cineasta), y la catalana (que tan bien cae a los miembros de la Academia de cine últimamente). Lo más probable es que a Pablo Berger le gustara mucho Pere Ponce, ya desde que lo viera en Pinnic (un programa televisivo dirigido al publico infantil) y ahora sólo quería gastar una bromilla convirtiéndole en un asesino de niños. O la gracia de hacer que Josep María Pou (en su pagina oficial José María) se convierta en apoderado taurino, ahora que en Cataluña están prohibidas las corridas de toros. Es todo casual. Y el toreo que sea mexicano, Daniel Giménez Caho, para incluir una nota latinoamericana. No hay nada estudiado. Todo esto debe haber sido cosa del azar y a mi me deben haber puesto algo en el café. Y nadie sobreactúa, ni siquiera Maribel Verdú, no. Todos están muy naturales, como en las películas de Murnau y Stroheim.

Al menos la banda sonora compuesta por Alfonso de Vilallonga está bastante bien. Y Ángela Molina también. Pero claro, es que ella es fantástica estupenda y divina de la muerte. Aunque no le dejen hablar. Pero mira que se muere fatal ¿no? Me da más risa que pena. Si me pudiera haber reído así a lo largo de toda la película igual me lo hubiera pasado mejor. Y claro, ahora que hasta H&M le hacen un guiño a David Lynch, no iba a ser menos Pablo Berger. Por eso termina haciendo alusión a una película como El hombre elefante (The Elephant Man, 1980). Ya puestos, ¿por qué no? Si nadie se ha dado cuenta de todo lo demás igual no reparan en esto. Aunque en España no hubiera tradición de este tipo de espectáculos. Más que nada porque aquí nadie paga por reírse de nadie, te ríes en su cara y punto. Sobre todo si salen en la tele. No sé si se habrá entendido lo que quiero decir con todo esto.

Lo más probable es que yo no haya entendido nada en absoluto de Blancanieves. Debe ser una obra excepcional, que yo no entiendo y estoy completamente equivocado. Para que luego digan que hay crisis de ideas en Hollywood. Si en España estamos sobrados de creatividad, por eso podemos volver a hacer un cuento que ni nos va ni nos viene, le ponemos mantilla y peineta a los personajes, les hacemos echarse unas coplas y unas palmas, soltamos una vaquilla y un toro y a ver si nos dan un Oscar. ¡Olé! Lo próximo que sea una versión de los líos amorosos entre Isabel Pantoja, Julián Muñoz o las desventuras entre el triángulo formado por Rosa de Benito, Amador Mohedano y José Ortega Cano, que seguro que también vende mucho.


Publicado originalmente en EXTRACINE

jueves, 23 de agosto de 2012

Abraham Lincoln: cazador de vampiros


Título original: Abraham Lincoln: Vampire Hunter
Año: 2012
País: EE.UU.

Dirección: Timur Bekmambetov
Guión: Seth Grahame-Smith, basado en su propia novela
Producción: Timur Bekmambetov , Tim Burton & Jim Lemley  
Fotografía: Caleb Deschanel
Música: Henry Jackman
Montaje: William Hoy 
Diseño de producción: François Audouy 
Dirección artística: Beat Frutiger
Decorados: Cheryl Carasik
Vestuario: Varvara Avdyushko & carlo Poggioli
Reparto: Benjamin Walker, Dominic Cooper, Anthony Mackie, Mary Elizabeth Winstead, Rufus Sewell, Marton Scokas, Jimmi Simpson, Jospeh Mawle, RObin McLeavy, Erin Wasson, John Rothman, Cameron M. Brown, Frank Brennan, Lux Haney-Jardine, Curtis Harris, Bill Martin Williams, Alex Lombard, Raevin Stinson, Jaqueline Fleming, John Neisler, Aaron Toney, Meade Patton, Teri Wyble, Lawrence Turner, Jake La Botz, Dane Rhodes, Earl Maddox, John McConnell, Bernand Hocke, Ritchie Montgomery, Scott Michael Jefferson, Pierre Pichon, Maya M. Marshall, Michael Madary, Alex Bulat, Jilian Batherson, Casey Bundick, Chelsea Bruland, Edward R. Cox, Kristin Daniel, Brian Paul Falgoust, Tara Francis, Sean Glazebrook, Lauren Hammond, Kelly Hasandras, Brent Henry, Rianne Herron, Kyle Kahn, Erin Mallory, Laura B. Manning, Jennifer Schemke, Francis Scully, Elsie Semmes, Simeon Sjöberg, Mark C. Stevens, Aaron Thacker-Woodruff… 

una loca (y absurda) relectura de la historia 

Cada verano la pantalla se llena de productos absurdos que, amparados en el axioma de que todo vale con tal de buscar el entretenimiento, nos acribillan con híbridos carentes de toda gracia y sentido del humor. Desde este momento certifico que, en lo que a mi respecta, la carrera de Timur Bekmambetov concluyó el día que se le ocurrió poner los pies fuera de Rusia. Ojalá le juzgaran a él con la misma contundencia que a las Pussy Riot y con más motivo, sólo por hacer realidad un pestiño tan aburrido, anodino y sin sentido como Abraham Lincoln: Vampire Hunter.

Nunca hubiera pensado que el director de Nochnoy dozor (Guardianes de la noche) y Dnevnoy dozor (Guardianes del día), tuviera más vocación de Mel Brooks que de los hermanos Wachowski. No crean que la influencia de los segundos la atribuyo a las secuencias de acción. No, Bekmambetov lleva perfeccionando ese mismo estilo desde sus tiempos en el cine de evasión ruso. Me refiero más a los estilismo de sus patéticos vampiros protegidos del sol con sus flamantes gafas. Lo que me sorprende es que la mezcla entre cine histórico -su película repasa uno a uno los principales puntos de inflexión de la vida del decimosexto presidente de los Estados Unidos de América- y película de vampiros posmodernos haya podido llegar a la luz después de la patochada que tuvimos que soportar el verano pasado con Cowboys & Aliens (2011, Jon Favreau).

No he podido encontrar en Abraham Lincoln: Vampire Hunter un sólo momento que justifique su visionado. El personaje protagonista me resulta indiferente, sus relaciones personales me traen sin cuidado, los giros de guión son hasta molestos… Pero porque al guionista de la película, Seth Graham-Smith, tampoco le importan nada. Justifica las decisiones de sus personajes con motivaciones sujetadas con hilo dental y es incapaz, ya no de hacer creíble alguna secuencia, sino de que ninguna resulte predecible. ¡Todas, absolutamente todas! Para colmo piensa que el público contemporáneo va a saber lo que le sucede esa noche que se va al teatro…

Debo advertir que Abraham Lincoln: Vampire Hunters es una película violenta. No tanto por las propias secuencias que dan forma al relato, sino por la reacción que provocan en el espectador, que no entenderá que le hayan cobrado entrada por asistir a los delirios de alguien que se creía tan original. Habría que evitar que el señor Bekmambetov se volviera asociar con Tim Burton, y lo más peligroso todavía, alejar a Seth Graham-Smith de cualquier tipo de teclado e impedirle escribir. Sí. Él es el responsable no sólo de la novela que mezcla vampiros con esclavos y el ejército confederado, así como de su adaptación cinematográfica, sino que también fue quien acabó con las expectativas creadas por Dark Shadows y ahora mismo está preparando Beetlejuice 2.

Hubiera preferido un remake de Entrevista con un vampiro (Interview with the Vampire, 1994, Neil Jordan). ¿Quizás Predator versus the Vampires? Que quieren que les diga, Blade debería pasarse antes por casa de Tim Burton que por la de Stephanie Meyers. Prefiero mil veces la cursilada romántica de The Twilight Saga que la fanfarronería incomprensible de unas republicanas que se creen modernas porque se pintan la ralla del ojo. ¡Quiero que las Pussy Riot cumplan condena en Hollywood!

Publicado originalmente en EXTRACINE

miércoles, 18 de julio de 2012

El enigma del cuervo


Título original: The raven
Año: 2012
País: Hungría, España & EE.UU.

Dirección: James McTeigue
Guión: Ben Livingston & Hannah Shakespeare
Producción: Marc D. Evans, Trevos Macy & Aaron Ryder  
Fotografía: Danny Ruhlmann
Música: Lucas Vidal
Montaje: Niven Howie 
Diseño de producción: Roger Ford 
Dirección artística: Dragan Kaplarevic, Zsuzsa Kismarty-Lechner, Paul Laugier, Tibor Lázár & Frank Walsh
Decorados: Kerrie Brown
Vestuario: Carlo Poggioli
Reparto: John Cusak, Luke Evans, Alice Eve, Brendan Gleeson, Kevin McNally, Oliver Jackson-Cohen, Jimmy Yuill, Sam Hazeldine, Pam Ferris, Brendan Coyle, Adrian Rawlins, Aidan Feore, Dave Legeno, Michael Cronin, Micahel Poole, Michael shannon, Charity Wakefield, John Warnaby, Matt Slack, Ian Virgo, Michael J. Fourticq, Jasmina Ilic, Teodora Uveric, Kristof Farkas, Luka Mijatovic, József Tálos, Matt Devere, Sergej Trifunovic, Milos Djuricic, Bojan Peric, Ana Sofrenovic, Steve Agnew, Malina Nikolic, Miklós Kapácsy, Andrew Hefler, Pierre Boris Jaurdin, Tamara Krcunovic, Jason Ryan, Antal Publik, László Konter, Mark Phelan, Krisztián Peer, Annamaria Ordog, Ádám Földi, Dejan Cubrilov, Máté Haumann, Péter Fancsikai, Sava Rapic… 

el espíritu de misery (o CSI) en el siglo XIX

Uno espera que cuando se hace una película con la intención de homenajear a un escritor como Edgar Allan Poe, a sus artífices les interesasen un poco sus obras. O si son de los que no leen, que rindan un ápice de pleitesía hacia las adaptaciones que se hicieran en los años treinta por Universal Pictures, con Bela Lugosi y Boris Karloff como protagonistas, o por Hammer Productions en los años sesenta, con Vincent Price y Peter Cushing. Pero no. Ni lo uno ni lo otro. Si a Ben Livingston y Hannah Shakespeare, guionistas de The Raven, no parecen interesarles verdaderamente los textos de Poe, a James McTeigue tampoco parecen motivarle sus adaptaciones cinematográficas.

A pesar de sus sonoros apellidos, Livingston y Shakespeare articulan un guión totalmente carente de interés desde la primera secuencia. Ni importa en absoluto la identidad y motivos del asesino imitador, ni las relaciones entre Edgar Allan Poe con el capitán Hamilton, su hija y el detective Fields. Es más cualquiera diría que su objetivo principal era homenajear las obras de Stephen King, algo que desestimarían, probablemente, porque hubieran debido pagar derechos de autor, pero que termina por delatarles en la resolución de la película.
Tampoco parece que a James McTeigue le interese tanto el universo de Edgar Allan Poe como sí la emulación de éxitos cinematográficos recientes como los de David Fincher o Guy Ritchie. Él ya lo adelantaba con la publicación del cartel de la película y es comprensible, filmes como Se7en o Sherlock Holmes han cosechado grandes recaudaciones, pero no basta con integrar en una misma película las características principales de una y otra cuando no tienes absolutamente nada más que aportar, como no sea lo que ha visto en la serie de televisión CSI. Al final voy a terminar aborreciendo todas estas películas que parten de hechos y personajes reales para realizar lo que podríamos denominar retrospecciones distópicas.
En un entorno como este en el que tanto guión como dirección no tienen por donde cogerse, hubiera sido un milagro que John Cusack, Luke Evans, Alice Eve o Brendan Gleeson fueran capaces de construir algo medianamente decente con sus respectivos personajes. Así de entrada, en ningún momento me trago el retrato que se hace de Edgar Allan Poe, lo que no quiere decir que el personaje que hace John Cusack me guste más o menos, sino simplemente que no me lo creo como el ilustre escritor. De hecho, mucho me temo que simplemente han utilizado el nombre del poeta para dar algo de lustre a su insípida película en la que no esperen ver estética gótica ni neo-gótica ni tan siquiera tenebrosa, tan sólo baja en intensidad lumínica, así como en creatividad.
Como en alguna otra ocasión he mencionado, cabe la posibilidad de que sea yo quien no ha entendido lo que querían contar. Igual el origen de la película era gastarle una broma a John Waters, que recuerdo se quejaba cuando realizaba Serial Mom que en Baltimore nunca pasaba nada extraordinario, de ahí la ironía de ver a Katheleen Turner corriendo con unas tijeras por las calles de su ciudad. En ese caso igual hubiera sido mejor que Luke Evans hubiera hecho de Emily Hamilton y Alice Eve de una detective en el siglo XIX, o que el capitán fuera gay o transexual, o que el cuervo fuera el asesino imitador… Puestos a crear pasados alternativos, ¿por qué no cambiarlos realmente del todo?
Publicado originalmente en EXTRACINE

viernes, 15 de junio de 2012

The Samaritan


Título original: The Samaritan
Año: 2012
País: Canadá

Dirección: David Weaver
Guión: Elan Mastai & David Weaver
Producción: Suzanne Cheriton, Andras Hamori & Tony Wosk  
Fotografía: François Dagenais
Música: Todor Kobakov & David Whalen
Montaje: Geoff Ashenhurst 
Diseño de producción: Matthew Davies 
Dirección artística: Peter Emmink
Decorados: David Edgar
Vestuario: Patrick Antosh
Reparto: Samuel L. Jackson, Luke Kirby, Ruth Negga, Alan C. Peterson, Gil Bellows, Aaron Poole, Tom McCamus, Martha Burns, Deborah Kara Unger, Tom Wilkinson, Rob Archer, Diana Levblanc, Rufus Crawford, Andrew Butcher, Frank Moore, Brian Stillar, Harrison Smith, Tyler Bruce, Chris Gibbs, Jonas Chernick, Sergio Buitrago… 

el espectador como víctima del timo

Cuando llegaron a mis oídos las primeras noticias sobre la adaptación estadounidense de Oldboy (2003), antes incluso de que se confirmara que la iba a dirigir Spike Lee, uno de mis primeros candidatos para interpretar al protagonista fue el inconmensurable Samuel L. Jackson. Quizás por eso me tomé con algo de humor el comentario del tráiler de The Samaritan, la película canadiense dirigida por David Weaver que recordaba ligeramente a la fabulosa película dirigida por Park Chan-wook, y que, en consecuencia, supuse podría servir para comprobar lo que nos perdíamos al no contar con el actor afroamericano para el remake estadounidense de la película coreana. Es obvio que el cineasta canadiense ya tuvo la misma idea, y o bien porque no pudo conseguir los derechos de adaptación, o porque se le adelantaron, no ha tenido ningún escrúpulo en copiar, pegar y plagiar la película o el cómic en el que se basaba, haciendo del espectador el auténtico samaritano que encima tiene que soportar una película increíble, inverosímil y tremendamente aburrida.

Imagino que se pueden hacer a la idea de que el contenido de este escrito está lleno de spoliers, no tanto porque un servidor comente alguno de los giros de The Samaritan, sino porque son los mismos que tenía Oldboy. En cualquier caso, si algún incauto no ha visto todavía la mencionada película, directamente le conmino a verla y pasar de largo de la cinta que comento. La operación de adaptación a la que Elan Mastai y el propio David Weaver someten el guión original de Oldboy se zanja justificando el encarcelamiento del protagonista y adelantando al primer giro de guión su relación con la joven protagonista. Superado esto, como todavía queda media película por delante, podemos decir que cogieron una porción de El golpe (The Sting, 1973, George Roy Hill), y una pizca de Los timadores (The Grifters, 1990, Stephen Frears), y cerraron su olla a presión (esto no ha sido cocinado a fuego lento), para ofrecer lo que pensaron iba a ser un thriller de acción pura y dura.

Se equivocaron. The Samaritan no sólo es un despropósito porque se trata de un timo hacia el espectador, sino porque la capacidad de David Weaver para hacer un tratamiento visual tan fascinante como el que Park Chan-wook le diera a su película, es completamente nula. Qué decir de su fotografía o su banda sonora, que tan espectaculares fueran también en el modelo coreano, o de las interpretaciones de sus protagonistas. Si Luke Kirby resulta completamente insoportable como antagonista, Ruth Negga no llega a arrancar ningún sentimiento de empatía del espectador y Samuel L. Jackson no llega a estar completamente convincente. Por muy estimulantes que sean las breves apariciones de Tom Wilkinson y Deborah Kara Anger, no son suficientes ni para distraer al espectador.

Puede que algunos crean que estoy exagerando, pero es que si en general no estoy a favor de remakes, mucho menos de que me engañen haciéndome creer que es original algo que no es más que una mala copia. Está claro que puestos a comparar películas siempre podemos sacar parecidos y similitudes, pero si tengo que ser el samaritano -así se refieren en la película al individuo al que pretender timar-, por lo menos que se estrujen el cerebro para que no me de cuenta del engaño ya no en los primeros quince minutos, sino desde el mismo tráiler. Que es que parece que nacieron ayer, o a lo mejor fui yo por dejarme engañar para ver semejante bodrio.


Publicado originalmente en EXTRACINE