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sábado, 20 de julio de 2013

El mensajero


Título original: Snitch
Año: 2013
País: EEUU & Emiratos Árabes Unidos

Dirección: Ric Roman Waugh
Guión: Justin Haythe & Ric Roman Waugh
Producción: Tobin Armbrust, Alexander Yves Brunner, Guy East, David Fanning, Danny Garcia, Matt Jackson, Dwayne Johnson, Jonathan King & Nigel Sinclair  
Fotografía: Dana Gonzales
Música: Antonio Pinto
Montaje: Jonathan Chibnall 
Diseño de producción: Vincent Reynaud 
Dirección artística: Joe Lemmon
Decorados: Kristin Bicksler
Vestuario: Kimberly Adams-Galligan
Reparto: Dwayne Johnson, Barry Pepper, Jon Bernthal, Susan Sarandon, Michael Kenneth Williams, Rafi Gavron, Melina Kanakaredes, Nadine Velazquez, Benjamin Bratt, Lela Loren, JD Pardo, David Harbour, Harold Perrineau, Kyara Campos, James Allen McCune, Tanya Ballinger, Ashlynn Ross, Spencer Miller, Jayson Floyd, Benjamin Blankenship, Kym Jackson, Tyler Grey, Darnell Trotter, Tim J. Smith, Shun Hagins, Dother Sykes, Doris Morgado, Carrie Lazar, Richard Cabral, Jaime Medeles, Odessa Sykes, Douglas M. Griffin, Kerry Cahill, Sharon London, Dane Rhodes, Edrick Browne, Judd Lormand, Joe Nemmers… 

TITULAR

A veces es posible encontrarte con sorpresas inesperadas. A pesar de que a primera vista podría darnos la impresión de que estamos ante un típico producto de acción al servicio de Dwayne Johnson, sobre todo por el hecho de que aunque se trata de la tercera película dirigida por Ric Roman Waugh, fuera antes él mismo un doble de acción. Pero está claro que pesa bastante en el tono del relato el nombre de Justin Haythe —responsable de los guiones de filmes como La sombra de un secuestro (The clearing, 2004, Pieter Jan Brugge) y Revolutionary road (2008, Sam Mendes)—, que consigue elaborar un thriller que no por sobrio y responsable resulta menos interesante.

Las carencias interpretativas de Dwayne Johnson, que nunca termina de coger el tono adecuado que requiere la película, se ven contrarrestadas por un fabuloso reparto en el que destacan, primero Susan Sarandon, pero sobre todo Jon Bernthal y Barry Pepper, completamente alejados de clichés y estereotipos. Interpretaciones al servicio del conflicto interno de los personajes y las contradicciones de sus actos con respecto a cómo hubieran deseado que les salieran las cosas, lo que se traduce en una tensión emocional que es la consigue verdaderamente arrastrar al espectador.

De esta manera es como El mensajero consigue erigirse en un thriller emocional, más que en una película de acción llena de los malotes que sí pueblan su metraje, pero que están mucho más cerca de la realidad, que de los productos de acción a los que nos tiene acostumbrados el cine de Hollywood.

domingo, 14 de octubre de 2012

Una botella en el mar de Gaza


Título original: Une bouteille à la mer
Año: 2011
País: Francia, Israel y Canadá

Dirección: Thierry Binisti
Guión: Thierry Binisti & Valérie Zenatti
Producción: Anne-Marie Gélinas, Amir Harel, Ayelet Kait, Miléna Poylo & Gilles Sacuto  
Fotografía: Laurent Brunet
Montaje: Jean-Pual Husson 
Vestuario: Hamada Atallah
Reparto: Agathe Bonitzer, Mahmud Shalaby, Hiam Abbass, Riff Cohen, Abraham Belaga, Jean-Philippe Écoffey, Smadi Wolfman, Salim Dau, Loai Nofi, François Loriquet, Abdallah El Akal, Max Oleartchik… 

el individuo ahogado en el mar de la soledad

Es posible que la carrera del cineasta francés, Thierry Binisti, se haya desarrollado principalmente a través de la televisión, después de haber trabajado como ayudante de dirección para Régis Wargnier o Diane Kurys, pero tiene la habilidad necesaria para retomar el lenguaje cinematográfico sin desaprovechar en absoluto el tono emocional característico de una TV-Movie. El que es su segundo largometraje, Une bouteille à la mer, comienza de una manera muy sencilla, y casi previsible, para convertirse en una emotiva película en la que lo más importante son todos los beneficios que te puede aportar escuchar verdaderamente al otro, pero no como parte de un colectivo, de una sociedad concreta, sino de manera individual, como una persona.

Como dicen muchas veces los propios protagonistas de la película, el problema entre judíos y palestinos es muy complicado. Tal y Naïm tendrán sus rifirrafes de vez en cuando, como consecuencia de las convenciones que lacran las relaciones entre los dos pueblos. Pero como ambos proclaman también en algún momento, no es culpa directa de ninguno de ellos, aunque les afecte emocionalmente. Sólo cuando comienzan a escuchar verdaderamente al otro, empiezan a entenderse, aprendiendo a distanciarse de sus respectivas realidades para tratar de construir una nueva. Es como si vinieran a aducir que la sociedad les ha puesto donde están, pero individualmente pueden luchar por mejorar su situación.

Es de agradecer que en el camino, ni se pierda en el romanticismo epistolar (electrónico), ni abuse de la demonización de uno y otro lado, ni permita que la guerra se apodere del relato. Cierto es que algunas situaciones podrían parecer ingenuas pero, en cualquier caso, el cineasta no pretende hacer una película didáctica ni moralizante, por lo que concluye con un final abierto que deja abiertas múltiples posibilidades. Curiosamente, pareciera que hubiera una analogía entre las respectivas carreras de los dos protagonistas que defienden a la perfección sus respectivos personajes. Si Agathe Bonitzer ya viene desarrollando su carrera desde hace una década, con alguna que otra incursión previa a Mahmud Shalaby se le abre un camino lleno de posibilidades después de la que es sus segunda película, después de participar en Jaffa (2009, Keren Yedaya). Mención aparte merece la presencia de la actriz israelí Hiam Abbass, que curiosamente hace de palestina y que ya se había dejado ver en producciones como La fuente de las mujeres (La source des femmes, 2011, Radu Mihaileanu), Los límites del control (The Limits of Control, 2009, Jim Jarmusch), The Visitor (2007, Thomas McCarthy) o Munich (2005, Steven Spielberg).

Déjate sorprender por este sencillo relato que conseguirá tanto emocionarte como aterrorizarte, además de obligarte a tomar conciencia, no sobre un problema global, sino por las mil y una penurias que miles de personas pasan individualmente debido a decisiones que tomaron por ellos. Porque lo que dicta la mayoría o los que ostentan el poder, no siempre es bueno para todos, sino para unos pocos.

Publicado originalmente en EXTRACINE

lunes, 16 de abril de 2012

¿Y ahora adónde vamos?

Título original: Et maintenant, on va où?
Año: 2011
País: Francia, Líbano, Italia y Egipto

Dirección: Nadine Labaki
Guión: Rodney Al Haddid, Jihad Hojeily, Nadine Labaki, Sam Mounier & Thomas Bidegain
Producción: Nadine Labaki & Anne-Dominique Toussaint  
Fotografía: Christophe Offenstein
Música: Khaled Mouzannar
Montaje: Véronique Lange 
Diseño de producción: Cynthia Zahar 
Vestuario: Caroline Labaki
Reparto: Cluade Baz Moussawbaa, Leyla Hakim, Nadine Labaki, Yvonne Maalouf, Antoinette Noufaily, Julian Farhat, Ali Haidar, Kevin Abboud, Petra Saghbini, Mostafa Al Sakka, Sasseen Kawzally, Caroline Labaki, Anjo Rihane, Mohammad Aqil, Gisèle Smeden, Khalil Bou Khalil, Samir Awad, Ziad Abou Absi, Adel Karam, Anneta Bousaleh, Olga Yerofyeyeva, Oxana Chihane, Yulia Maroun, Oksana Beloglazova, Fouad Yammine, Cendrella Yammine, Sami Khorjieh, Mounzer Baalbaki, Marlein Ziadeh, Maria Skeif, Georgina El.Zaitrini, Mona Moukarzel, Joëlle Najem, Mohamad Al Sakka, Charbel El-Teeny, Kassem Istanbouli, Ahmad Hafez, Georges Khoury, Georgio Ghawi, Mohammad Raad, Elie Abou Zeid, Moustapha El Masri, Ali Baajour, Paola Sleiman, Angelica Saleh, Issa Abboud, Reslan El-Karra, Georges Abi Khalil, Abdel Rahman Billoz, Suzane Talhouk, Nathalie Abi-Habib… 

hacia el triunfo de la voluntad

Cuando la película de la cineasta libanesa Nadine Labaki se proclamo triunfadora del pasado festival de Toronto, me pregunté que tendrían en común una producción como Et maintenant, on va où? y El discurso del rey (The king’s speech, 2010, Tom Hooper), triunfadora en la anterior edición del mismo festival y acaparadora posteriormente de muchos otros galardones. Puede que en la forma y en el fondo no tenga mucho en común, pero hay una cualidad que sobresale en ambos títulos: ambas están contadas desde el sentimiento. Quizás por eso se erigieron ganadoras en un festival en el que decide el público.

Nadine Labaki propone en su película seguir esa premisa que muchas veces habremos escuchado de que no habría guerras si gobernaran las mujeres. Sus personajes están ubicados en una entrañable comunidad que a pesar de estar en medio de un conflicto entre cristianos y musulmanes, son capaces de convivir en una forzada armonía, gracias a que todos ponen de su parte para que así sea. Particularmente ellas, que están hartas de ver morir a sus seres queridos en el nombre de Dios o Alá. Puede que se trate de un pensamiento algo ingenuo y utópico, pero resulta encantador y entrañable, gracias a la pericia de este maravilloso grupo de mujeres que con su fuerza de voluntad son capaces de arrastrara a sus maridos, sus hijos y sus padres, al punto que quieren y necesitan para poder vivir en paz.

Guionista, productora, directora y protagonista de la película, Nadine Labaki es capaz de construir un relato sencillo pero gratamente contundente y efectivo en el que tiene la habilidad de pasar, con inusitada agilidad, de la comedia a la tragedia, más que al drama, y sin caer en ningún momento en sensiblerías ni sentimentalismos. Su puesta en escena es sencilla, pero muy cuidada y precisa, sabiendo comunicar con todos los elementos a su disposición, mucho más allá de lo que parece que nos está contando. Ya desde la primera secuencia de la película comprobamos que la lucha que se libra no es sólo la del estrógeno contra la testosterona, sino la del individuo contra su entorno y consigo mismo, pues si la topografía del entorno en el que habitan parece estar dispuesta para complicar su existencia, los conflictos que surgen entre el ser humano no sólo le llevan a colocar minas que complican inoportunamente su convivencia, sino que tenemos que sumarle ese mal de formas tan diferentes, pero que afecta a todas las culturas: la religión.

En este entorno tan hostil, más que la mujer, es la condición femenina la que permite que ellas sean capaces de pensar y desarrollar estrategias para combatir la violencia, que es lo único que parece liberar a los hombres. La dualidad de género se complica con la religión. Aunque aquí también son ellas las que llevan las de perder, pues las que viven su vida bajo la condición musulmana parecen estar más sometidas que las cristianas, pero siguen siendo ellas las que son capaces de hacer todo tipo de sacrificios con el objetivo de mantener la armonía. Si todos sabemos que el nivel de estrógeno y testosterona no es siempre el mismo en todos los individuos, no llegando a comportarse nunca todas las mujeres ni hombres de la misma manera, estoy de acuerdo con el planteamiento de la directora en que sólo con la voluntad se consigue alcanzar la victoria en cualquier terreno.

Si como espectador no tengo ningún problema en entrar en la utopía de la propuesta, sólo hay un pequeño matiz del relato, que no es que no me parezca acertado, es que me resulta tan difícil imaginar que los representantes de Dios y Alá en la tierra sean capaces de doblegarse en favor del bien comunitario. Quizás al llevar vidas segregadas y solitarias, hayan perdido la empatía con los seres humanos que tienen otras creencias, pero de todos los hombres, me parecen los seres más intransigentes e insensibles, por lo que no creo que fueran capaces realmente de hacer el sacrificio que hacen en Et maintenaunt, on va où?. Un sacrificio que nos llevaría al triunfo de la voluntad y con el que ganaríamos la paz en el mundo.

Publicado originalmente en EXTRACINE

domingo, 19 de febrero de 2012

Nader y Simin, una separación


Título original: Jodaeiye Nader az Simin
Año: 2011
País: Irán

Dirección: Asghar Farhadi
Guión: Asghar Farhadi
Producción: Rick Benattar, Andrew J. Curtis & Jonathan English 
Fotografía: David Eggby
Música: Lorne Balfe
Montaje: Peter amundson & Robyn Owen
Diseño de producción: Joseph C. Nemec III 
Dirección artística: Malcolm Stone
Decorados: Peter Walpole
Vestuario: Beatrix Aruna Pasztor
Reparto: Peyman Maadi, Leila Hatami, Sareh Bayat, Shahab Hosseini, Sarina Farhadi, Merila Zare'i, Ali- asghar Shahbazi, Babk Karimi, Kimia Hosseini, Shirin Yazdanbakhsh, Sahabanu Zoighadr… 

la agonía vivir en irán

Por unos motivos o por otros, en los últimos años el cine iraní va adquiriendo una presencia notable en el panorama cinematográfico contemporáneo. Mucho mayor, sobre todo, si lo comparamos con cualquiera de sus países vecinos que pasan totalmente desapercibidos en cuestiones cinematográficas. Con su última películas Asghar Farhadi no sólo ha conseguido una proyección inmejorable para Jodaeiye Nader az Simin (A Separation), sino que tras conseguir el Globo de Oro a la mejor película en lengua extranjera, aspira a conseguir el Oscar en la misma categoría, así como también está nominado a mejor guión original. Y todo ello casi un año después de haberse coronado como la mejor película de la Berlinale en su edición de 2011.

La primera reflexión que me asalta tras ver su excepcional película es una especie de confirmación de la suerte que tenemos los que hemos nacido en Occidente y en la época actual, pues pareciera que nacer en Irán hoy en día es similar a haberlo hecho en cualquier otra parte del mundo, pero en la Edad Media. En el periplo emocional por el que nos arrastran Nader y Simin, también se perciben las ventajas prácticas de ser católico en lugar de musulmán, pues si el musulmán tendrá que rendir cuentas de todas y cada una de sus acciones, el católico tan sólo tendrá que arrepentirse de corazón para poder ganar el perdón. Por último, queda perfectamente plasmadas las abismales diferencias entre hombre y mujer en Irán, teniendo ellos todas las ventajas y quedando ellas a merced de la voluntad de un hombre, particularmente las que viven su vida de una manera absolutamente tradicional.

Las señas de identidad que hacen destacar a Jodaeiye Nader az Simin (A Separation) asoman desde la primera secuencia de la película. Ese plano frontal de Nader y Simin exigiendo una solución a un juez ante su situación, plantea lo que en un principio consideramos será la línea argumental de la película, para pasar a un segundo término en cuanto surge el verdadero conflicto, que servirá para que el espectador desarrolle por sí mismo una respuesta al conflicto inicial.

Casi como una seña de identidad cinematográfica del cine contemporáneo, volvemos a presenciar una historia dramática, contada desde un punto de vista absolutamente naturalista que se torna una auténtica película de terror ante unos sucesos que en cualquier otra cultura no tendrían mayor trascendencia. ¿Quien quiere hacer una película de género cuando la vida es una experiencia tan terrorífica y traumática?

Al menos a un servidor le resultan tremendamente impactantes ciertos momentos del relato en los que la respuesta de los personajes resulta insólita en el mundo contemporáneo, como la llamada de teléfono que Razieh (Sareh Bayat), la mujer que Nader (Peyman Maadi) ha contratado para cuidar a su padre con alzheimer ahora que su esposa, Simin (Leila Hatami), no está para cuidarle. A partir de ese momento toda la película deja de tener esa vocación de cine social para convertirse en ese thriller psicológico que se te agarra al estómago y te atormenta continuamente con el mismo mantra: ¿quien querría vivir en Irán?

Pero dentro de un relato tan visceral hay que destacar el preciso uso que de la elipsis realiza Asghar Farhadi, dejando que el espectador interprete lo que sucede en aquellos momentos que no muestra, para que, al igual que los propios personajes tendrán su propia versión del conflicto que surge entre Nader y Razieh, cada espectador tenga su propia opinión y desarrolle su respuesta personal al conflicto inicial entre Nader y Simin.

Es curioso que Asghar Farhadi, director y autor del guión, se guarde mucho de mostrar su opinión acerca de sus personajes. Si desde luego los encuadres y el punto de vista de cada plano está perfectamente escogido para transmitir el infierno personal de cada uno de los personajes, no podremos encontrar ningún síntoma visual que nos indique que Farhadi está más cerca de uno que de otro personaje. Todos ellos tienen su propia razón y ninguno está realmente equivocado. Igualmente, quedo fascinando ante la resolución de la película que cerrando perfectamente los dos conflictos, deja la resolución abierta para que cada espectador tome su decisión.

Quien iba a decirnos que desde Irán llegaría una muestra tan emocionante y extraordinaria de un cine tan vivo y contemporáneo que además nos brinda una de las interpretaciones más brillantes y vibrantes de los últimos años. Si Peyman Maadi y Leila Hatami están espléndidos en sus respectivos personajes, la que consigue llevar al espectador a un auténtico estado de arrebato es la interpretación de Sareh Bayat. Un personaje al que amamos y odiamos, que consigue que le compadezcamos, que disculpemos su ignorancia, que nos solidaricemos de su situación, y que, a pesar de todo lo que sucede, que perdonemos todo lo que ha provocado.

Sin duda la empatía con todos y cada uno de los personajes es la mayor seña de identidad de Jodaeiye Nader az Simin (A Separation) pues el espectador se verá realmente incapacitado para tomar una decisión como la que tiene que tomar Termeh (Sarina Farhadi) en el final de la película. ¿Que harías tú, te quedarías a vivir en Irán?

Publicado originalmente por EXTRACINE

lunes, 14 de noviembre de 2011

Criadas y señoras


Título original: The Help
Año: 2011
País: EE.UU., India y Emiratos Árabes

Dirección: Tate Taylor
Guión: Tate Taylor, basado en la novela de Kathryn Stockett
Producción: Michael Barnathan, Chris Columbus & Brunson Green 
Fotografía: Stephen Goldblatt
Música: Thomas Newman
Montaje: Hughes Winborne
Diseño de producción: Mark Ricker
Dirección artística: Curt Beech
Decorados: Rena DeAngelo
Vestuario: Sharen Davis
Reparto: Emma Stone, Viola Davis, Bryce Dallas Howard, Octavia Spencer, Jessica Chastain, Ahna O'Reilly, Allison Janney, Anna Camp, Eleanor Henry, Emma Henry, Chris Lowell, Cicely Tyson, Mike Vogel, Sissy Spacek, Brian Kerwin, Wes Chatham, Aunjanue Ellis, Ted Welch, Shane McRae, Roslyn Ruff, Tarra Riggs, Leslie Jordan, Mary Syeenburgen, Tiffany Brouwer, Carol Sutton, Millicent Bolton, Ashley Johnson, Ritchie Montgomery, Don Brock, Florence 'Flo' Roach, Nelsan Ellis, David Oyelowo, LaChance, Dana Ivey, Sheerene Whitfield, Cleta Elaine Ellington, Henry Carpenter, John Taylor, Charles Cooper, Diana Cooper, Coyt Bailey, Wade Cottonfield, Kelsey Scot, Amy Beckwith, Sloane Fair, Anna Jennings, Lauren Miller, Elizabeth Smith, Mary Taylor Kilebrew, Kathryn Ursy, Stephanie Ward… 

criadas, señoras y actrices fabulosas

No me extraña en absoluto que The Help haya sido la sorpresa de la temporada en los Estados Unidos. Quizás no sea una película llena de giros de argumento sorprendentes, ni tenga una aproximación visual impactante, ni desde luego está plagada de efectos especiales u otros recursos característicos de películas que no tienen nada que contar. No. The Help es una emotiva y emocionante historia llena de personajes que se instalan en nuestro corazón de manera que acabaremos odiando unos y amando a otros. Sin contemplaciones ni términos medios, ya sean blancas o negras, criadas o señoras. Y lo expreso en femenino porque el discurso de la película se centra sólo en el punto de vista femenino.

Parafraseando una de las frases de la película, podemos decir que aunque historias como esta se han contado antes, tanto sobre la emancipación de la mujer como sobre integración racial, quizás sea cierto que nunca se hayan contado exclusivamente desde el punto de vista femenino, o mejor todavía, exclusivamente femenino. Una premisa que Tate Taylor, su director así como responsable del guión, comprende y asume para desaparecer detrás de sus magníficos personajes. Podemos decir que, en The Help, emancipación e integración caminan de la mano, pues aunque Skeeter (Emma Stone) sea una joven contemporánea que ha tomado las riendas de su vida -en la línea de personajes más como los que interpretara Katharine Hepburn que por los que hiciera Barbara Stanwick-, no deja de ser considerada entre sus amigas como un bicho raro, tanto por el hecho de que trabaje y no tenga su correspondiente marido, como por tratar a la gente de color de la misma manera que trata a los de sus propia raza.

La fuerza de The Help no está ni en los acontecimientos históricos que suceden mientras se desarrollan los conflictos de las protagonistas, que se muestran siempre en un segundo plano aunque cambiarán la vida de todos los miembros de la raza negra estadounidense; ni en los hechos concretos que tienen lugar en el pequeño pueblecito de Jackson, que cambiarán la vida personal de todos y cada uno de los que están implicados en el relato; sino en los sentimientos y emociones de cada uno de los personajes. Ciertamente, lo más interesante de The Help es el proceso de cómo cada una de estas mujeres asimila las consecuencias de sus propios actos. Quizás por eso Tate Taylor se conforma con firmar un guión inteligente, pero realizando una aproximación visual bastante discreta, aunque muy efectiva, en favor del excelente trabajo actoral.

Este trabajo comienza por todas y cada una de las actrices de reparto, cuyo espléndido trabajo comienza, nuevamente, desde la escritura de guión y la perfecta descripción de personajes de Tate Taylor -que aunque probablemente retome de la novela en la que se basa, perfectamente podría haber dejado de lado. El caso es que se reflejen de una manera muy precisa las diferencias entre generaciones pues tanto la madre de Skeeter, interpretada espléndidamente por una actriz injustamente poco conocida como Allison Janney, como la madre de Celia (Jessica Chastain), interpretada deliciosamente por la siempre maravillosa Sissy Spacek, marcan sus respectivas distancias, en materia más racial que feminista, con sus respectivas hijas.

Destacar en el grupo de los personajes de reparto la presencia de Mary Steenburgen que ofrece la imagen contraria de estas dos madres, intuyo que en una manera de decir que no es la sociedad la que encarcela a la mujer en el fuego de la cocina, sino que, en muchos casos, son ellas mismas las que se dejan encarcelar, como consecuencia de una educación tradicional y unas convenciones sociales ancladas en ese oscuro pasado. Precisamente por eso considero que la película da mayor importancia a lo subjetivo que a lo objetivo, es decir, a los acontecimientos personales por encima de los históricos, como la muerte de Martin Luther King, que tan importante fuera para la comunidad negra.

Y en lo personal, el personaje catalizador de todas las historias, tanto de las negras como de las blancas es Skeeter, interpretada con convicción y coherencia por Emma Stone, pero que debo decir, quizás quede eclipsada por las dos parejas de la película que se erigen como las auténticas protagonistas. Por un lado están Viola Davis y Octavia Spencer que representan dos maneras opuestas de afrontar el mismo problema, cuando una de ellas nos gana con el corazón, la otra ciertamente nos derrite con el humor que acompaña todas y cada una de sus intervenciones. Por otro lado están Jessica Chastain y Bryce Dallas Howard, quizás los personajes más estereotipados de la película que gracias al espléndido trabajo de cada una de las actrices conseguirán que odiemos a una de ellas para amar, irremediablemente, a la otra, con todos sus defectos.

Habrá quien piense que mis palabras son excesivas para un título que, en resumidas cuentas, tampoco va a ser innovador ni renovador del lenguaje audiovisual, pero es que al igual que títulos como El color púrpura (The Color PUrple, 1985, Steven Spielberg), Magnolias de acero (Steel Magnolias, 1989, Herbert Ross) o Tomates verdes fritos (Fried Green Tomatoes, 1991, Jon Avnet), esta es una película que va directa al corazón.

Publicada originalmente en EXTRACINE

viernes, 4 de noviembre de 2011

Contagio

Título original: Contagion
Año: 2011
País: EE.UU. & Emiratos Árabes

Dirección: Steven Soderbergh
Guión: Scott Z. Burns
Producción: Gregory Jacobs, Michael Shamberg & Stacey Sher 
Fotografía: Steven Soderbergh
Música: Cliff Martinez
Montaje: Steohen Mirrione
Diseño de producción: Joward Cummings
Dirección artística: Abdellah Baadil, Simon Dobbin & David Lazan
Decorados: Cindy Carr
Vestuario: Louise Frogley
Reparto: Gwyneth Paltrow, Tien You Chui, Josie-Ho, Daria Strokous, Matt Damon, Monique Gabriela Curnen, Griffin Kane, Yoshiaki Kobayashi, Laurence Fishburne, John Hawkes, Jude Law, Teri McEvoy, Sue Redman, Teri Campbell, Stef Tovar, Mary Jo Faraci, Grace Rex, Marion Cotillard, Armin Rohde, Joseph Anthony Foronda, Phillip James Brannon, Rebecca Spence, David Lively, Andrew White, Kate Winset, Larry Clarke, Anna Jacoby-Heron, Ira Blumen, Scott Stangland, Jimmy Chung, Rick Uecker, Tara mallen, Jennifer Ehle, Demetri Martin, Elliot Gould, Enrico Colantoni, Bryan Cranston, John Hines, Joshua Wesintein, Srah Charipar, Mark Czoske, Dan Aho, Chin Han, Hee-Wan Kwon, Phil Tang, Robert Chi, Blair Robertson, Randy Lowell, Pete Sack, Brian J. O'Donnell, Wong Kwok-Wah, Tsang Sau-ming, Jim Ortlieb, Annabel Armour, Sanaa Lathan, Kara Zediker, Josh Pollock, Laura Fisher, Pete Kelly, Mary Beth Dolan, Jason Babinsky, Howie Johnson, Sanjay Gupta, Thomas Gebbia, Dan Flannery, Dan Sanders-Joyce, Joshua Seiden, Qong Kam Tong… 

cuando más es menos

Steven Soderbergh es un cineasta capaz de hacer películas como churros. No se confundan, no estoy criticando la calidad de sus películas, simplemente me refiero a que es un cineasta capaz de dirigir dos y hasta tres películas en un mismo año. Aunque quizás esta afirmación sí sea, en el fondo, una manera de alertar sobre los peligros de una carrera tan prolífica pues, al menos en lo que se refiere a Contagion, no cuenta nada más allá del tráiler de la película, siendo mucho más emocionante y excitante su propio adelanto promocional.

Contagion es una película con una factura visual impecable. Es entretenida y mantiene un buen ritmo a lo largo de toda la película. El tema es de interés mundial, no cabe duda. Le bastan unas sencillas pinceladas para que el espectador no se pierda entre tan numerosa lista de personajes que pueblan la película. Sin duda es de gran ayuda que la mayoría de ellos estén interpretados por actores y actrices muy conocidos. Todos ellos afrontan sus personajes aportando lo mejor de sí mismos, destacando por encima de los demás la interpretación de Jude Law, quizás también porque su personaje sea el más excéntrico.

Pero aunque la película pueda resultar entretenida, en ningún momento llega a ser emocionante. Estamos ante una película fría y distante en la que, si no es difícil entender las reacciones de los personajes, tampoco se llega a implicar uno con lo que les pueda suceder. Salvo la primera de las muertes y la reacción de sus familiares, no hay ninguna empatía hacia los restantes personajes de la película, siendo indiferente si viven o mueren, si contraen la enfermedad o si logran vencerla.

Aparte de que el problema de empatía pueda ser enteramente mío, pues lo cierto es que me pasa algo similar con otras películas de Steven Soderbergh, como Traffic o Che: Part One y Che: Part Two, cabe la posibilidad de que, en este caso, gran parte de la responsabilidad de esta frialdad esté en el material de base, en el guión de Scott Z. Burns, aunque también en Soderbergh, que no ha sabido solventar estos problemas. Recuerdo otras películas de temática similar como Estallido (Outbreak, 1985, Wolfgang Petersen) o En el filo de la duda (And the Band Played On, 1993, Roger Spottirwoode) que sí resultaban efectivas, educativas y emocionantes, cada una a su manera.

De hecho, Contagion parece más una película educativa que un thriller a escala mundial. Aparte del patético traje de plástico improvisado que luce Jude Law en un momento de la película, que destaco por divertido, no por coherente, tan sólo encuentro un grato placer con el hecho de que el personaje de Gwyneth Paltrow (esto no es un sopiler, se muestra en el tráiler) sea el origen de la epidemia. Disfruto inmensamente con el plano de la autopsia, no lo puedo negar. Más allá de esto, encuentro lamentable el torpe epílogo de la película en la que dan una innecesaria explicación al origen de la epidemia, incidiendo en un soterrado carácter propagandístico y patriótico que sorprende en un cineasta que no ha dudado en rodar en español cuando las necesidades de su película así lo requerían. Y esto sumado al matiz moralista y retrogrado que parece asociar epidemia con adulterio, como si estuviéramos en un episodio cualquiera de C.S.I.

Quizás los mejores momentos de la película sean aquellos en los que suena la magnífica banda sonora de Cliff Martinez, que junto con David Holmes, se ha repartido la mayor parte de las bandas sonoras de la filmografía de Soderbergh. Pero son los mejores no porque suene en momentos claves y cruciales para el desarrollo de la trama, sino porque la calidad de su partitura hace más interesante cada uno de esos momentos, dando la impresión de que a partir de ese momento todo va a mejorar, hasta que la música deja de sonar.


Publicado originalmente en EXTRACINE




sábado, 24 de septiembre de 2011

El castor


Título original: The Beaver
Año: 2011
País: EE.UU. & Emiratos Árabes

Dirección: Jodie Foster
Guión: Kyle Killen
Producción: Steve Golin, Keith Redmon & Ann Ruark
Fotografía: Hagen Bogdanski
Música: Marcelo Zarvos
Montaje: Lynzee Klingman
Diseño de producción: Mark Friedberg
Dirección artística: Alex DiGerlando & Kim Jennings
Decorados: Rebecca Meis DeMarco
Vestuario: Susan Lyall
Reparto: Mel Gibson, Cherry Jones, Jodie Foster, Anton Yelchin, Riley Thomas Stewart, Zachary Booth, Jennifer Lawrence, Jeff Corbett, Baylen Thomas, Sam Breslin Wright, Kelly Coffield Park, Michael Rivera, Kris Arnold, Elizabeth Kaledin, Matt Lauer, Jon Stewart, Terry Gross, Folake Olowofoyeku, Lorna Pruce, Bill Massof… 

la pasión según un castor

The Beaver constituye la tercera película como directora de Jodie Foster, que, vuelve a centrarse en la familia como tema principal. Con un reparto encabezado por Mel Gibson y ella misma, también incluye las interesantes interpretaciones de Anton Yelchin y Jennifer Lawrence, que a pesar de que se muestran como una pareja más interesante que la primera, no consiguen hacer que la película remonte la irrupción de una sucia marioneta en la forma de un castor.

Y es que ya desde la primera secuencia, a un servidor, se le atraganta la película por causa de un pleonasmo consistente en explicar a través de una voice over lo que unas imágenes muestran exacta y milimétricamente, no dejando lugar al espectador a sacar sus propias conclusiones y tratando de manipular lo que debe sentir por unos y otros personajes. También se muestra muy artificial en el transcurso de sus primeros pasos, pues más que obvio que en el momento en que Walter Black (Mel Gibson) se encuentra con la marioneta en la basura va a volver a cogerla.

Asimismo, una secuencia como el predecible y fallido intento de suicidio pone de manifiesto la falsedad y sobreactuación del actor que cuando quiere ser gracioso, no es otra cosa que patético. Pareciera realmente que el único motivo por el que Jodie Foster le hubiera reclutado para su película sea aquel recuerdo que guardaba de sus besos, de cuando rodaran juntos Maverick (1994, Richard Donner). ¿Sería aquel el momento en el que la actriz decidiera hacerse lesbiana? A lo mejor esa crisis de la familia, que tanto ha aireado que trataba su película, ocultaba en realidad la suya propia y tan sólo quería volver a besar al actor para comprobar si su condición sexual seguía siendo la misma.

Bromas aparte, lo cierto es que da la impresión de que Jodie Foster, en su rol de directora, no llega a creerse realmente que el castor esté vivo, que sea real. No transmitiéndolo así tampoco al espectador que, como ella y su personaje, sólo verá un pedazo de trapo que (casi) nunca disocia visualmente de su interlocutor. De esta manera el espectador nunca llega a asimilar al castor como un personaje más, independiente. Igual Jodie Foster no es consciente de un recurso como la prosopopeya, que le permite atribuir sentimientos y emociones humanos a objetos inanimados, exactamente igual que hace el protagonista con su compañero.

Es una verdadera pena que haya quedado en un segundo plano la relación que mantiene la otra pareja de la película, la que forman Porter Black (Anton Yelchin), junto a su compañera de clase Norah (Jennifer Lawrence). Mucho más interesantes psicológicamente, así como mejor definidos sus conflictos internos y, por supuesto, bastante mejor interpretados que la pareja protagonista, ellos serán los encargados de transmitir la tesis que esconde realmente la película, a través de una estructura inductiva que hará que conozcamos el objetivo real que la directora nos quería transmitir, sólo al final de la película, cuando casi todo nuestro interés se ha perdido por el camino.

Publicado originalmente en EXTRACINE