domingo, 21 de abril de 2013

Alacrán enamorado


Título original: Alacrán enamorado
Año: 2013
País: España

Dirección: Santiago A. Zannou 
Guión: Carlos Bardem y Santiago A. Zannou, basado en una novela de Carlos Bardem
Producción: Álvaro Longoria  
Fotografía: Juanmi Azpiroz
Música: Wolfrank Zannou
Montaje: Jaume Marti y Fernando Franco 
Diseño de producción: Llornç Miquel 
Vestuario: Manuel Bonillo & Irene Orts
Reparto: Javier Bardem, Álex González, Carlos Bardem, Miguel Ángel Silvestre, Judith Diakhate, Juan Carlos Vellido, Luis Mottola, Hovik Keuchkerian… 

de la superación de la ira y el odio a la recompensa del amor y el honor



Seguro que pocos son los espectadores que se escapan a los prejuicios asociados con ciertos nombres. Unos porque está asociada al apellido Bardem, otros porque salen demasiadas caras televisivas, algunos incluso porque no les llama la atención ni el boxeo ni los neonazis. Pero el caso es que cualquiera que pase de largo de un título como Alacrán enamorado, se perderá una espléndida película española que consigue convencerte sin artimañas ni artificios, atrapándote con una historia sincera y verdadera, que Santiago A. Zannou es capaz de contar con autenticidad y extraordinarias dosis de verosimilitud.

A veces nos encontramos con propuestas cinematográficas de ciertos directores que, en realidad, utilizan algún tema de fondo para dar profundidad a la historia principal, aquella que quieren contar. El problema es que, casi siempre, ese trasfondo es una mera excusa porque ni al director ni al guionista les interesa en absoluto esa realidad siendo, en la mayoría de las veces ajenos a ella. En Alacrán enamorado sucede todo lo contrario. Se percibe en cada plano que el director de la película está tan interesado en transmitir tanto el ambiente enfermizo que rodea estas bandas neonazis, como la nobleza de un deporte como el boxeo. Y si bien está claro que la intención parte inicialmente de la novela de Carlos Bardem, quien sí había estado en contacto con estos ambientes, la aproximación visual de la película demuestra el compromiso de Santiago A. Zannou para con el relato.

Esa inexactitud de los jabs que Julián (Álex González) le propina a Franky (Dosel Kamana) reflejan la baja calidad de sus golpes y sirven para mostrar la evolución de su técnica hasta convertirse en un verdadero boxeador. De la misma manera, que la mayor parte de las localizaciones de la película se encuentren en el madrileño barrio de Legazpi, antaño frecuentado por esas mismas bandas neonazis, termina de conferir ese preciso grado de autenticidad que domina por completo Alacrán enamorado. Si a esto sumamos la capacidad del director para transmitir el relato supeditando las palabras a las imágenes y no al revés como sucede en la mayoría de los casos, entenderemos la capacidad de una película como esta para capturarnos y arrastrarnos emocionalmente, igual que son los sentimientos los que dominan el comportamiento de la mayoría de sus personajes.

Una apuesta por parte de Zannou que no hubiera sido posible si no hubiera contado con un reparto tan entregado a esos personajes. La pandilla de desgraciados liderada por Miguel Ángel Silvestre no sólo convence en estética y actitud, sino que él mismo es capaz de dotar a su personaje de matices que casi ni llegan a mencionarse, pero que se trasmiten perfectamente. Lo mismo sucede con Álex González, que si lo ha dado todo en su preparación física para el personaje, el resultado es igualmente implacable en lo que ha emociones y sentimientos se refiere. La aportación de Javier Bardem es breve, pero tan contundente como nos tiene acostumbrados, y si Carlos Bardem quizás no alcanza a darle la profundidad psicológica que Carlomonte hubiera necesitado, al menos sí consigue una naturalidad que sirve para colocarle al mismo nivel de sus compañeros de reparto.

Quizás en algunos momentos el guión pueda resultar previsible, es posible que algunos quieran escuchar ecos de Million Dollar Baby en algunos personajes (mejor Clint Eastowood que Sylvester Stallone), puede que se pasen demasiado por alto la importancia de las relaciones familiares de Julián o que incluso haya una reiteración en las secuencias "musicales". Pero se agradece que no haya representaciones estereotipadas de ninguno de los personajes. Si bien queda claro de qué lado están los autores de la película, ni se retrata a los violentos como vulgares malotes ni hay demagogia en la representación de los neonazis y ese brazo político que representa Solís (Javier Bardem). La violencia forma parte de la vida de estos individuos, y con esa misma crudeza y naturalidad es mostrada en pantalla, sin juzgar tampoco su ideología. Otra cosa es que sus actos hablen por sí mismo y cada uno pueda sacar sus propias conclusiones.

Si por un lado los temas compuestos por Woulfrank Zannou aportan la emoción precisa a los momentos que ilustran, no creo que ese estilo de música encaje exactamente con todos personajes, siendo quizás el punto más flojo de la película. Pero también es cierto que está compensado con la magnífica fotografía de Juanmi Azpiroz. Porque lo que Alacrán enamorado pierde por una lado, lo gana por el otro, convirtiéndose en una de las propuestas más interesantes del cine español actual que, sin lugar a dudas, no deberías perderte.

Publicado originalmente en EXTRACINE

Un plan perfecto


Título original: Gambit
Año: 2012
País: EE.UU.

Dirección: Michael Hoffman
Guión: Ethan y Joel Coen
Producción: Mike Lobell, Rob Paris & Adam Ripp  
Fotografía: Florian Ballhaus
Música: Rolfe Kent
Montaje: Paul Tothill
Diseño de producción: Stuart Craig
Dirección artística: Neil Lamont & Hattie Storey
Decorados: Edward McLoughlin & Stephenie McMillan
Vestuario: Jenny Beavan 
Reparto: Cameron Diaz, Alan Rickman, Stanley Tucci, Colin Firth, Cloris Leachman, Tom Curtenay, Senem Temiz, Anna Skellern, Togo Igawa, Chillie Mo, Gerard Horan, Greg Bennett, Erica LaRose, Sarah Goldberg, Silvia Crastan, Ekaterina Botziou, Tanroh Ishida, Graham Curry, Simone Liebman, Mike Noble, Filipo Delaunay, Frank Stone, Masashi Fujimoto, Martin Poole, Gary Swan, martyn Moore, Cade Borek, Spencer Cummins, Luke Borek, Cara Bamford, Tina Borek, Stephen Brocklehurst, Peter Brown, Eva Dagoo, Charlotte Eaton, Luc Eden, Andy Evason, Shonn Gregory, Will D. Barnes III, Tommie Earl Jenkins, Albert Fry Jr., Paul Leonard, Teresa Mahoney, Henry Monk, Brian Niblett, Terry Dale Parks, Kelly Ruble, Santi Scinelli, Sebastian Tarlach, Sadao Ueda, Eva Von Mitzka, Kenji Watanabe, Jon Wennington… 

tan falsa como un cuadro de Monet pintado por Milli Vanilli



Si la expresión 'sensaciones contradictorias' podría expresar lo que experimenté en la proyección de la última película protagonizada por Cameron Diaz y Colin Firth, a la hora de escribir la crítica de Gambit, lo que me invade es una enorme 'sensación de engaño'. Pero no por que ese plan perfecto al que alude el título en español de la película haya dado resultado, sino por la perplejidad que me produce comprobar que estoy hablando de una película cuyo guión está escrito por los hermanos Joel y Ethan Coen. Está claro que en la vida de todo cineasta debe haber algún momento liviano, pero si Gambit excede de lejos los límites del buen gusto y la elegancia que se supone debería haber tenido una película de estas características, también se estrella de lleno si pretendía ser graciosa y entretenida.

Si los hermanos Coen pretendían recuperar la estructura de aquellas comedias alocadas, tipo La fiera de mi niña (Bringing up Baby) -cita incluida en la película por obra y gracia de un león-, han fracasado estrepitosamente en el intento. Su relato es excesivamente simple, incomprensiblemente previsible y prodigiosamente olvidable. Más que estereotipos, es como si los personajes británicos estuvieran escritos desde el prejuicio estadounidense, mientras que los americanos parecen fruto del prejuicio europeo más odioso. Si el desarrollo del relato resulta excesivamente previsible, los supuestos momentos de humor no terminan por justificar el bajo nivel general de una película que da la sensación que has visto ya muchas veces.

Si Michael Hoffman pretendía retomar el espíritu de las películas dirigidas por Blake Edwards, tipo The Party, no sólo fracasa, sino que más parece un intento de suicidio. Su aproximación visual es tan aburrida como el guión de la película, consiguiendo ser grosero en situaciones que Edwards habría resuelto de una manera mucho más simpática, quizás siendo más descarado pero nunca ordinario. Da la impresión de que le falta atreverse, lanzarse a experimentar con sus actores alguna manera de resolver las situaciones que permita que funcionen de la misma manera la bromas orales que las visuales (lo de Colin Firth en la cornisa del Hotel sin pantalones da vergüenza ajena). Algo que tampoco nos pilla de sorpresa tratándose del director de filmes, más o menos interesantes pero tan convencionales, como Restoration, One Fine Day, A Midsummer Night's Dream o The Last Station. Cierto es que en sus inicios nos diera una película tan graciosa como Soapdish, lo que todo indica que estamos hablando de un cineasta capaz de proporcionar películas interesante, sólo a partir de buenos guiones, y mediocres, si el guión no está tan a la altura.

El caso es que los actores sí parecen haber estado dispuestos a dar todo lo mejor de sí mismos. Arrojos no le faltan a Cameron Diaz, lo ha demostrado sobradamente a lo largo de toda su filmografía. Sí da la impresión de que Colin Firth estuviera intentando dar un cambio de registro, aunque quizás sea a quien más le cueste soltarse, en consonancia con su personaje. Pero lo mejor de Gambit es, Alan Rikman, totalmente suelto y liberado en ese fabuloso y odioso personaje, digno tanto de La fiera de mi niña como de El guateque. Si no soporto a Stanley Tucci, ni aquí ni en casi ningún sitio, quien se merece una mención aparte es la entrañable Cloris Leachman, antigua colaboradora de las películas de Mel Brooks, que interpreta aquí la abuela Merle.

Me sorprende que en los títulos de crédito de la película no haya mención alguna a la película homónima de 1966, protagonizada por Shirley MacLaine, Michael Caine y Herbert Lom, y dirigida por Ronald Neame, según un guión de Sidney Carroll, Alvin Sargent y Jack Davies. Esta ausencia vendría a justificar esa ranciedad que se emana de todos y cada uno de los fotogramas de la película, que parecen reproducir el esquema estético de una película propia de los años sesenta. Lo mismo sucede con la partitura compuesta por Rolfe Kent, que parece emular deliberadamente las del magnífico Henry Mancini. El problema es que ya no estamos en los años sesenta y presumo que quizás habrían tenido alguna posibilidad, con un servidor, de haber desarrollado la acción en aquella época, pero no en esta.

Pero lo cierto es que se lo tienen merecido, ¿quien les manda a los hermanos Coen meterse en más remakes después de la experiencia tan negativa que supuso la nefasta The Ladykillers?

Publicado originalmente en EXTRACINE

Brigada de élite


Título original: Gangster Squad
Año: 2013
País: EE.UU.

Dirección: Ruben Fleischer
Guión: Will Beall, basado en una novela de Paul Lieberman
Producción: Dan Lin, Kevin McCormick & Michael Tadross  
Fotografía: Dion Beebe
Música: Steve Jablonsky
Montaje: Alan Baumgarten & James Herbert
Diseño de producción: Maher Ahmad  
Dirección artística: Mark Hunstable, Timothy David O'Brien & Dean Wolcott
Decorados: Gene Serdena
Vestuario: Mary Zophres
Reparto: Sean Penn, Holt McCallany, Wade Williams, James Landry Hébert, Ambyr Childrers, Josh Brolin, Mick Betancourt, Mac Brandt, Brandon Molale, Michael Papajohn, Jeff Wolfe, Anthony Molinari, Austin Highsmith, Ryan Gosling, Neil Koppel, Jack McGee, Mireille Enos, Evan Jones, James Carpinello, Troy Garity, Austin Abrams, Lucy Davenport, Sullivan Stapleton, John Aylward, Dennis Cockrum, Jack Conley, Emma Stone, Riel paley, Michael C. Mahon, David Fleischer, Nick Nolte, Josh Pence, Anthony Mackie, De'aundre Bonds, Robert Patrick, Michael Peña, Giovanni Ribisi, Maxwell Perry Cotton, Haley Strode, Scott Beehner, Matt Knudsen, Lucas Fleischer, Jon Polito, Lance Fleischer, Michael Bacall, Dale Gibson, Rick Marcus, Mickey Giacomazzi, Cazimir Milostan, Don Harvey, Anthony De Longis, Michael owen, Tom Hallick, Esther Scott, Jonny Coyne, Christopher Doyle, Max Daniels, Danny Wynands, Derek Mears, Yvette Tucker, Derek Graf, Anne Leighton… 

zombies malotes o intocables violentos

Las expectativas creadas por Gangster Squad eran altas. Primero por el flamante grupo de actores que la protagoniza, que encabezan Sean Penn, Josh Broslin, Ryan Gosling y Emma Stone. Después porque, aunque 30 Minutes or Less pasó sin pena ni gloria, estamos hablando de una película dirigida por Rubern Fleischer, que fuera incomprensiblemente alabado con Zombieland. Y por último por el sospechoso retraso de su estreno, como consecuenica del tiroteo en el cine de Aurora, cuyo montaje ha sufrido una rebaja en sus dosis de violencia. Y ahora lo entiendo todo, aunque en el fondo nada tiene sentido.

Partiendo del hecho de que el guión está más bien basado en una serie de artículos periodísticos que en una novela en la que haya un desarrollo de acciones y personajes, en su primer guión cinematográfico Will Beall opta por dilapidar el guión que David Mamet escribiera para Brian De Palma en The Intouchables. Lo que me parece muy bien, ya que vas a copiar hazlo de alguien que tenga prestigio, pero no desaproveches aquello que validaba su propuesta. Efectivametne, Sean Penn repite el papel que hacía Robert de Niro y Josh Brolin el de Kevin Costner. Ryan Gosling hace una versión rejuvenecida de Sean Connery, Giovanni Ribisi es el alter ego del personaje de Charles Martin Smith y, obviamente, Michael Peña equivale a Andy Garcia. Completado el reparto de Los intocables de Elliot Ness, añadimos un negro y un vaquero y ¿ya cumplimos con los requisitos para que no nos acusen de plagio?

Como decía, puestos a copiar, aprovecha también los valores añadidos del modelo que sigues. Ya cuando Brian De Palma dirigiera su película habíamos visto muchas películas de gángsteres, por lo que hacia falta alguna aportación. La de David Mamet consistía en aportar una dimensión humana al personaje de Elliot Ness, capaz de perseguir a alguien tan despiadado como Al Capone, pero que también era un hombre de familia con las preocupaciones de cualquier persona de a pie. En manos de Will Beall, Connie O'Mara (Mireille Enos), la esposa de John O'Mara (Josh Grolin), se convierte en una mujer egoísta que no parece haberse dado cuenta que se casó con un policía y a la que no le importa ni que su marido se realice profesionalmente ni lo que pase más allá de su jardín. El otro personaje femenino de la película, cuyo alter ego tendríamos que buscarlo en muchos otros títulos con femme fatale, pero que es igualmente reconocible, es retratada aquí como una zorra absurda, que ni tiene escrúpulos ni sentimientos y ni lo hace por dinero ni por estatus ni por nada, sino porque lo dice el guión.

La única integrante de género femenino retratada en forma positiva en Gangster Squad es la violencia (extraordinariamente gratuita). La diferencia con la película de De Palma es que mientras este utilizaba la estética al servicio de la secuencia, Fleischer la usa a favor de la violencia. Realzada con multitud de ralentís acompañados de música emotiva y secuencias de acción espectaculares, pero que en ningún momento nos hacen creer que estamos en los años cuarenta y que, por exceso, ni siquiera impresiona después de la tercera muerte violenta. Si visualmente la película resulta más antigua que clásica, temáticamente resulta una propuesta altamente peligrosa que defiende que te tomes la justicia por tu mano y pareciera al servicio de la Asociación Nacional del Rifle. El fin justifica los medios para Ruben Fleischer y Charlton Heston estaría bien orgulloso de él. Y no creo que haga falta explicar por qué decidieron posponer su estreno. Está claro que saben lo que han hecho. Es cierto que en el relato llega a plantearse que no hay diferencia entre las técnicas de esta Brigada de élite y las de la banda de Mickey Cohen, pero el resultado final le legitima, dado que para ellos todos los ríos de sangre son justos y necesarios. Allá cada cual con sus pensamientos éticos.

También podremos encontrar guiños al Goodfellas de Scorsese, al Godfather de Coppola, o incluso al Miller's Crossing de los Coen. Pero la baja credibilidad de la puesta en escena diluye cualquier tipo de acierto. Siendo todo el relato excesivamente previsible, sólo podremos agarrarnos a aspectos artísticos como ambientación, vestuario, montaje y fotografía para disfrutar de la película. Así como todos los integrantes del reparto, que siguen resultando interesantes. Pero el conjunto no consigue otra cosa que hacerte pasar un rato medianamente entretenido, siempre lejos de toda la ética y moral que se supone debieran tener los integrantes de esta salvaje Brigada de élite y en una película que resulta ser más antigua que clásica.

Publicado originalmente en EXTRACINE

La noche de los muertos vivientes


Título original: Night of the Living Dead
Año: 1968
País: EE.UU.

Dirección: George A. Romero
Guión: John A. Russo & George A. Romero
Producción: Karl Hardman & Russell Streiner  
Fotografía: George A. Romero
Montaje: George A. Romero 
Dirección artística: Charles O'Dato
Reparto: Duane Jones, Judith O'Dea, Karl Hardman, Marilyn Eastman, Keith Wayne, Judith Ridley, Kyra Schon, Charles Craig, S. William Hinzman, Goerges Kosana, Frank Doak, Bill 'Chilly Billy' Cardille, A.C. McDonald, Samuel R. Solito, Mark Ricci, Lee Hartman, Jack Givens, Rudy Ricci, Paula Simpson, Hernert Summer, Richard Ricci, William Burchinal, Ross Harris, Al Croft, Jason Richards, Dave James, Sharon Carroll, William Mogush, Steve Hutsko, Joann Michaels, Phillip Smith, Ella Mae Smith, Randy Burr… 

el terror se vuelve social

Es posible que George A Romero y John A. Russo no tuvieran otra intención que la de crear una película original y entretenida cuando escribieron el guión de La noche de los muertos vivientes. Pero la poderosa influencia de los acontecimientos sociales de finales de los años sesenta y las decisiones expontáneas que se vieron obligados a tomar mientras daban forma a su proyecto, terminaron por conferir una dimensión metafórica a una pequeña obra que en principio no era más que una película de terror inspirada en Soy leyenda, la novela escrita por Richard Matheson.

El racismo latente todavía en la sociedad estadounidense -y acentuado con los asesinatos de Martin Luther King y Malcolm X, que sucedieron poco antes del estreno de la película-, el descontento con el gobierno -en aquellos momentos debido a su posición frente a la guerra de Vietnam-, y la decadencia de un modelo familiar regido siempre por la (absurda) lógica masculina, son algunos de los aspectos que llamaron la atención de la crítica de la época. 

Si a esto le añadimos la perspectiva del tiempo que parece indicar que, al contrario de los que se pensaba en los años cuarenta, era la sociedad de consumo y no el comunismo lo que llevaba a la pérdida de la individualidad, alienada ya en aquel entonces por medios de comunicación masiva como la televisión, hacen de La noche de los muertos vivientes, una película que se podía entender de una manera en su tiempo y de otra en la actualidad.

Atrás quedaban títulos como La legión de los hombres sin alma (White zombie, 1932, Victor Halperin) o Yo anduve con un zombie (I walked with a zombie, 1943, Jacques Toruneur), que utilizaban  mitos exóticos como el vudú y la magia negra para sustituir a los monstruos clásicos. Quizás hoy en día puedan parecernos ingenuas algunas soluciones visuales, pero en ningún momento da la impresión de que Romero y su equipo quisieran impactar con sus muertos vivientes, sino explorar hasta donde podría llegar la sociedad en una situación límite. 

Precisamente esa ingenuidad sea la que ha permitido que La noche de los muertos vivientes fuera un acontecimiento en la época, creando un subgénero dentro de las películas de terror, el de zombies, cuya influencia se deja notar en la actualidad, tanto en el cine como en la televisión, extendiéndose también a la literatura y otras expresiones de la cultura popular como el cómic.

Publicado originalmente en 400Films


domingo, 17 de marzo de 2013

Silent Hill: revelación


Título original: Silent Hill: Revelation
Año: 2012
País: Francia, Canadá y EE.UU.

Dirección: Michael J. Bassett
Guión: Michael Bassett
Producción: Don Carmody & Samuel Hadida  
Fotografía: Maxime Alexandre
Música: Jeff Danna & Akira Yamaoka
Montaje: Michele Conroy 
Diseño de producción: Alicia Keywan 
Dirección artística: Anthony A. Ianni
Vestuario: Wendy Partridge
Reparto: Adelaide Clemens, Kit Harington, Carrie-Anne Moss, Sean Bean, Radha Mitchell, Malcolm McDowell, Martin Donovan, Deborah Kara Unger, Roberto Campanella, Erin Pitt, Peter Outerbridge, Jefferson Brown, Milton Barnes, Heather Marks, Rachel Sellan, Michel C. Foucault, Arlene Duncan, Jason Best, Chad Camilleri, Sergey Shpakovsky, Lawrence Dickison, James Kirchner, Jacky Lai, Tig Fong, Dean Copkov, Boyd Banks, Conrad Bergschneider, Darren Josephs, peter Schoelier… 

un lugar al que ya no querrás volver

Seis años después de Silent Hill (2006, Christoph Gans), la adaptación del videojuego homónimo creado por Keiichiro Toyama, nos llega la que sin duda será su primera secuela: Silent Hill: Revelation. Los admiradores de la primera esperábamos con ansias esta segunda parte, pero deberíamos haber tenido en consideración que no iba a ser ni de lejos lo mismo que la anterior, a pesar de que los cuidadosos clips y tráilers que habían sido publicados nos dieran a entender otra cosa.

Si la primera estaba dirigida por el cineasta francés Christope Gans -que hasta la fecha sigue siendo su última película-, según un guión de Roger Avary, la segunda corría enteramente por cuenta y riesgo de un cineasta algo más mediocre, como Michael J. Bassett -responsable de títulos como Deathwatch y Solomon Kane-, quien se encargaba aquí tanto de dirigir como de escribir el guión. El resultado puede parecer entretenido, no voy a decir que no lo sea, pero no sólo no va más allá de eso, sino que parece preparar el camino de una interminable cadena de secuelas que quedan agotadas desde este mismo momento.

De nada ha servido contar con los principales protagonistas de su precedente, Radha Mitchell, Sean Bean y la siempre estimulante Deborah Kara Unger, ni las nuevas aportaciones de presencias como Carrie-Ann Moss y Malcolm McDowell, o las frescas incorporaciones de Adelaide Clemens y Kit Harington. Aunque todos ellos defienden a la perfección sus respectivos personajes, no consiguen sacar adelante un relato que parece construido a partir de soluciones improvisadas que acaban emborronadas por tanta explicación y vuelta de tuerca, terminando por ahogar una fórmula que si en principio podía enganchar, pierde su interés a medida que avanza la trama de la película.

Quizás resulte estimulante para algunos reencontrarse con el universo visual de Silent Hill, incluso a un servidor le pareció emocionante en un momento dado. Hay algunos momentos interesantes y algunas aportaciones curiosas en este universo de criaturas deformes, pero la falta de originalidad y la incapacidad de Bassett para aportar ideas realmente nuevas provoca una antipática sensación de cliché que se sirve de su modelo original, robando lo demás de otras películas de género similar. Y digo todo esto sin haber jugado al videojuego, luego ni quiero imaginarme lo que pensarán sus seguidores que, muchos, ni siquiera quedaron satisfechos con la primera adaptación. Sumando todo esto, queda claro que Silent Hill: Revelation sólo es apta para devotos y seguidores de la que ya es nueva saga cinematográfica basada en un videojuego.

Publicado originalmente en EXTRACINE

Siete psicópatas


Título original: Seven Psychopaths
Año: 2012
País: Reino Unido

Dirección: Martin McDonagh
Guión: Martin McDonagh
Producción: Graham Broadbent, Peter Czernin & Martin McDonagh  
Fotografía: Ben David
Música: Carter Burwell
Montaje: Lisa Gunning
Diseño de producción: David Wasco
Dirección artística: John Dexter
Decorados: Sandy Reynolds-Wasco
Vestuario: Karen Patch 
Reparto: Michael Pitt, Michael Stuhlbarg, Sam Rockwell, Colin Farrell, Abbie Cornish, Christopher Wlaken, Helena Mattson, Linda Bright Clay, Harry Dean Stanton, James Landry Hébert, Christopher Gehrman, Christian Barillas, Joseph Lyle Taylor, Kevin Corrigan, Woody Harrelson, Gabourey Sidibi, Zeljko Ivanek, Long Nguyen, Christine Marzaron, Frank Alvarez, Tom Waits, Brendan Sexton III, Amanda Mason Warren, John Bishop, Richard Wharton, Olga Kurylenlo, Johnny Bolton, Ronnie Gene Blevins, Tai Chan Ngo, Bonny the ShihTzu… 

un reparto molón no hace una película molona

Creo que me lo voy a pasar mejor escribiendo la crítica de Siete psicópatas que viéndo la película. Conste que yo también formaba parte del grupo de los que, inducido por un estupendo reparto en el que caben Christopher Walken, Abbie Cornish, Woody Harrelson, Sam Rockwell, Harry Dean Stanton, Olga Kurylenko o hasta Gabourney Sidibe, y seducido por un más que estimulante tráiler, me animé a ver la segunda película como director de Martin McDonangh, que había sido ganador de un oscar con un cortometraje titulado Six Shooter.

¿Seven Psychopaths después de Six Shooter? No descartaría que el juego de números, más que de palabras, estuviera creado con algún tipo de aspiración a nominación ¿¡es posible!? No estoy tratando de hacer ningún tipo de gracia, al contrario que McDonagh (¿se han fijado que su apellido suena fonéticamente muy parecido a Madonna si lo pronuncias con la dejadez con la que hablan los del sur de Londres?), que tanto ha intentado ser gracioso con el guión de su película que se ha pasado de payaso, que no de listo. Tal y como su tráiler alertaba, Seven Psychopaths trata de discurrir a través de peligroso atajos entre la lucidez de los diálogos del cine de Quentin Tarantino y la rabia visual de su compatriota Guy Ritchie (que curiosamente estuvo casado con Madonna). Pero el camino debía estar infestado de grandilocuencia y autocomplacencia porque en la primera secuencia ya sabes a todo lo que te expones con Seven Psychopaths.

Quiero pensar que si en lugar de haber dirigido su propio guión, lo hubiera dirigido otro, la historia habría tenido más posibilidades. Porque lo cierto es que no está tan mal. Me atrevo a decir que casi es intelectualmente interesante, aunque resulte previsible en muchos momentos. Quizás demasiado cercano al espíritu de Charlie Kauffman -y estoy pensando, obviamente, en El ladrón de orquídeas (Adaptation, 2002, Spike Jonze)-, sin dejar de tener un cierto interés, pero totalmente falto de originalidad. Un relato que aquí se diluye en el momento en que está representado visualmente de una manera inapropiada, demostrado que reunir un reparto molón, no te permite hacer una película molona.

Y no deja de ser curiosa la referencia a Adapatation porque en la película dirigida pro Spike Jonze podíamos disfrutar con, no uno, sino dos guionistas interpretados por un mismo actor. Y por uno tan devaluado hoy en día como Nicolas Cage. Sin embargo, el que fuera protagonista de Leaving Las Vegas era capaz tanto de hacernos creer que era un hermano estúpido e insensible, carente de la mínima capacidad intelectual que no fuera transmitida mediante corriente alterna y que vivía feliz en su ignorancia, como de un hermano extraordinariamente brillante, frustrado al ser plenamente consciente de la crisis artística en la que había caído. Y este es en realidad el principal problema de Seven Psycopaths. ¿Quien es capaz de creerse que de las neuronas, probablemente embutidas por la testosterona, de Colin Farrel pueda generarse algún tipo de conexión que transforme un pensamiento en palabras que alcance a plasmar en un papel? Casi podría creérmelo de cualquiera de los otros actores, pero no de él.

En definitiva, espero que el próximo guión que escriba lo pueda dirigir otro cineasta, o que la próxima película que haga, sea a partir de un guión ajeno que le permita soltarse un poco. Por que lo cierto es que visualmente no deja de tener sus aciertos. Quizás es el único motivo por el que en lugar de darle una única estrella, reservada para las películas mañas o insoportables, le dejo con dos, que evidencian que si puede ser una película entretenida, le faltan abundantes recursos para convencerme realmente.

Publicado originalmente en EXTRACINE

Hitchcock


Título original: Hitchcock
Año: 2012
País: Estados Unidos

Dirección: Sacha Gervasi
Guión: John J. McLaughlin, basado en un libro de Stephen Rebello
Producción: Alan Barnette, Joe Medjuck, Tom Pollock, Ivan Reitman & Tom Thayer  
Fotografía: Jeff Cronenweth
Música: Danny Elfman
Montaje: Pamela Martin
Diseño de producción: Judy Becker
Dirección artística: Alexander Wei
Decorados: Robert Gould
Vestuario: Julie Weiss 
Reparto: Anthony Hopkins, Helen Mirren, Scarlett Johansson, Danny Huston, Toni Colette, Michael Stuhlbarg, Michael Wincott, Jessica Biel, James D'Arcy, Richard Portnow, Kurtwood Smith, Ralph Macchio, Kai Lennox, Tara Summers, Wallace Langham, Paul Schackman, Currie Graham, Spencer Garrett, terry Rhoads, Tom Virtue, Karina Deyko, Steven Lee Allen, Richard Chassler, Frank Collison, Melinda Chilton, Mary Anne McGarry, Jon Abrahams, Gil McKinney, Emma Jacobs, Spencer Leigh, Sean MacPherson, Gerald V. Casale, Tara Arroyave, Judith Hoag, Josh Yeo, Danielle Burgio, John Lacy, Howard Gibson, Josette Prevost, Lorie Stewart, Jaehne Moebius, Ana Matallana, Lindsey Ginter, Paul Henderson, Kay Henderson, Lisa Marie Boiko, Richard Burns, Meredith Claire, Alexia DuBasso, John Faircrest, Gina Fricchione, James R. Gavio, James Henderson, Bruce Holman, Dion W.H. Holt, Jeremiah Hundley, Sebastian Vale, Michael Kurtz, Joseph Martino, Jeremy S. Miles, Jon Renfield, Linda Sans, James Tappan, Jon Thibault, Jason Wingo, Rapunzel, Cynthia Youngblood, Cinderella… 

el hombre detrás de la sombra

Parece mentira que un cineasta de la influencia de Alfred Hitchcock no tuviera al menos una película que nos alumbrara sobre su verdadera personalidad, más allá de las numerosísimas anécdotas que giran entorno a su personaje, que se crearan para vender sus películas. Quizás sea un material demasiado valioso para el debutante Sacha Gervasi que consigue con Hitchcock una película ciertamente interesante, aunque demasiado cercana a un lenguaje más televisivo que cinematográfico. Es posible que un servidor esperara demasiado al tratarse de la historia de un director capaz de crear filmes tan prodigiosos como Rebecca, Notorious, Rear Window, Vertigo o Psycho. Aunque no es para menos si tenemos en cuenta que se trata de un guión de John J. McLaughlin, responsable de Black Swan. En cualquier caso, no deja de ser una película considerablemente interesante, que profundiza tanto en los incidentes que rodearon el rodaje de Psycho, como la relación que Hitchcock mantenía con su esposa, Alma Reville, que además fue su fiel colaboradora y responsable, en cierta medida, de los éxitos cinematográficos de su marido.

En la primera secuencia de Hitchcock podemos encontrar el primer síntoma que nos advierte que el relato que vamos a presenciar aspira más a arrojar luz sobre sus personajes, que a profundizar en los estereotipos que hicieron de Hitchcock un devorador de rubias. Sin abandonar ese peculiar humor negro que caracterizaba al cineasta británico, vemos lo que vendría a ser un falso tráiler de Psycho, en el que se alude a Ed Gein, uno de los asesinos más lamentablemente populares de los Estados Unidos y que no sólo inspirara a Robert Bloch para escribir la novela que adaptaría Hitchcock en Psycho, sino que también sirvió a otros monstruos cinematográficos como Leatherface en La matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, 1974, Tobe Hooper) y Buffalo Bill en El silencio de los corderos (The Silence of the Lambs, 1991, Jonathan Demme).

Partiendo de este punto la película adquiere una credibilidad y veracidad que acredita todas y cada una de las cuestiones que plantea, así como resta importancia a asuntos como la responsabilidad de determinadas secuencias como la de la ducha, por ejemplo, que mucha gente se empeña en atribuir a Saul Bass. A mi también me fascinan sus diseños y títulos de crédito, pero la trayectoria de Hitchcock no tiene porqué plantear una duda sobre esa secuencia, en consonancia con el resto de su obra.

Contribuyen a generar este clima de verdad las interpretaciones de todos y cada uno de los integrantes del reparto. desde Toni Colette hasta Danny Huston, que interpretan a los personajes menos mediáticos, a las reconstrucciones de Scarlet Johansson, Jessica Biel o James D'Arcy, que interpretan al trío protagonista de la película dentro de la película. Pero los que consiguen hacer gala de su fabulosa capacidad son Anthony Hopkins y Helen Mirren. Quizás más ella que él.

No sé si porque parte de la efectividad del personaje de Hitchcock pueda deberse a la caracterización física del personaje, que ciertamente es muy lograda, así como la dicción y el acento, aunque en ocasiones me da la impresión de que habla mucho más deprisa de lo que lo hubiera hecho el propio Hitchcock. O precisamente porque no somos capaces de identificar con tanta precisión a Alma Reville, siempre en la sombra en la vida real. Si a esto sumamos que el personaje interpretado por Helen Mirren es mucho más agradecido que el de Hopkins, al mostrar en todo momento sus sentimientos, al contrario que Hitchcock, que se amparaba detrás de un comportamiento neurótico muy propio de los personajes que protagonizaban sus películas, entenderemos los motivos por los que se ha alabado más la interpretación de ella que la de él.

Más que una película, da la impresión de que se podría hacer una serie o una larga saga en torno a los rodajes de todas y cada una de las películas de Alfred Hitchcock, a pesar de que se intuye que se han dejado muchas cosas en el tintero. No sé hasta qué punto le queda claro al espectador la relación que tenía con su compositor, Bernard Herrmann, y su lucha por convencer al director de que incluyera música extradiegética en la secuencia de la ducha. Parece eludirse la manera en la que realizaba sus storyboards, ¿los dibujaba él o daba indicaciones precisas a alguien?

Sí queda clara su implicación en todas y cada una de las partes del rodaje, pero echo de menos conocer cómo fue la colaboración con su director de fotografía, John L. Russell, o con su montador, George Tomasini. Si bien se apunta perfectamente la manera en la que encauzó las interpretaciones de sus actores, quizás habría disfrutado con algún detalle más. Pero estas faltas no desmerecen en absoluto el conjunto global de una película que consigue humanizar al personaje que retrata, así como restablecer la responsabilidad que su esposa, cineasta como él, a su legado artístico. La familia que hace cine unida, permanece unida.

Publicado originalmente en EXTRACINE