miércoles, 13 de abril de 2011

Sucker punch


Título original: Sucker Punch
Año: 2011
País: EE.UU. & Canadá

Dirección: Zack Snyder
Guión: Zack Snyder & Steve Shibuya, basado en una idea original de Zack Snyder 
Producción: Deborah Snyder & Zack Snyder
Fotografía: Larry Fong
Música: Tyler Bates & Marius De Vries 
Montaje: William Hoy
Diseño de producción: Rick Carter
Dirección artística: Patrick Banister, Todd Cherniawsky, Stefan Dechant & Grant Van Der Slagt 
Vestuario: Michael Wilkinson
Reparto: Emily Browning, Abbie Cornish, Jena Malone, Vanessa Hudgens, Jamie Chung, Carla Gugino, Oscar Isaac, Jon Hamm, Scott Glenn, Richard Cetrone, Gerard Plunkett, Malcolm Scott, Ron Selmour, Alan C. Peterson, Revard Dufresne, Kelora Clingwell, Frederique De Raucourt, Monique Ganderton, Lee Tomaschefski, Eli Snyder, Cainan Wiebe, Danny Bristol, Brad Kelly, Peter Bryant, Patrick Sabongui, John R. Taylor, Chris Nowland, Christine Willes, Gina Adamthwaite, Phillip Mitchell, Ian Tracey, Sean Campbell, Arassay Reyes, Danielle Benton, Caitlin Goguen, Maiko Miyauchi, Paula Giroday, Louise Hradsky, Juliana Semenova, Allie Bertram, Vicky Lambert, Caroline Torti, Chantal Hunt, Carla Catherwood, Stephanie Sy, Kathryn Schellenberg, Geneen Georgiev, Annie Au, Tia Haraga, Hailley Caufield, Daniela Dib, Jeff Bimitriou, John Howard, Thomas Fornataro, Antoine Baby Harry Calaway, G! Force, Nii Nortey Engmann, Gary A. Hecker… 

porque yo lo valgo

Qué bien les ha venido a algunos postmodernos descubrir la ficción distópica. Un mecanismo mediante el cual pueden reinventar la realidad a su antojo mezclando épocas, vestuarios, músicas, maquillajes y lo que haga falta para conseguir una montaña rusa emocional como es Sucker Punch. (Aquí debería haber una pausa larga, larga, muy larga). Lástima que sea como la montaña rusa de la señorita Pepis.

Zack Snyder debería decantarse de una vez por todas por el cine de animación, no sólo porque su mejor película hasta la fecha sea Ga'Hoole: la leyenda de los guardianes (Legend of the Guardians: The Owls of Ga’Hoole, 2010), sino porque todas las demás películas que ha realizado pertenecen más al género de La bruja novata (Bedknobs and Broomsticks, 1971, Robert Stevenson) o Mary Poppins (1964, Robert Stevenson), dada reiterada mezcla y abuso de CGI en el que sólo integra sus protagonistas, que a una película de imagen real con efectos especiales.

Puede que Zack Snyder viera mucha televisión de pequeño, quizás leyera demasiados cómics, o a lo mejor pasara demasiadas horas viendo MTV, pero lo que realmente debió acabar por perjudicar su delicada sensibilidad fueron, indudablemente, los videojuegos. Poco a poco se va destapando a este cineasta como lo que es: un vendedor de humo. Un humo visualmente deslumbrante, no voy a ponerlo en duda, pero que se disipa en el momento en que el relato avanza un sólo minuto. Planteada como un videojuego, fotografiada como un cómic y desarrollada como un videoclip, Sucker Punch es el paradigma de la postmodernidad sin sentido.

Quizás piensa que por refugiarse en la ficción distópica no vamos a darnos cuenta de que su impresionante idea original, que da pie al guión de la película, no es más que el fruto de trasladar El gabinete del doctor Caligari (Das Cabinet des Dr. Caligari, 1920, Robert Wiene) al centro mismo de Brazil (1985, Terry Gilliam). Encuentro tan desafortunado desperdiciar el inmenso talento de una actriz como Abbie Cornish en este desaguisado que lo único que parece pretender es ofrecernos a tiernas lolitas que aparentan salvajes adolescentes, vestidas con la menor ropa posible, con tacones de vértigo, maquilladas como puertas (siempre he pensado que sería más indicado decir puercas) y con unas pestañas dignas de la drag-queen más descarada.

Ya imagino que muchos estaréis pensando que no he dicho nada de la película. Pero es que no es una película. Sucker Punch es una mezcla entre aventura gráfica, plataforma y FPS que debe haber sido rechazada por la industria del videojuego. Aún así, Zack Snyder ha querido regalarnos su partida, luego si disfrutas viendo como juegan los demás, está claro que esta es tu película. Yo prefiero jugar en primera persona. ¿Habrá más partidas? NO, por favor.

Publicado originalmente en EXTRACINE


A Serbian Film


Título original: Srpski film
Año: 2010
País: Serbia

Dirección: Srdjan Spasojevic
Guión: Aleksandar Radivojevic & Srdjan Spasojevic 
Producción: Srdjan Spasojevic
Fotografía: Nemanja Jovanov
Música: Sky Wikluh 
Montaje: Darko Simic
Diseño de producción: Nemanja Petrovic
Vestuario: Jasmina Sanader
Reparto: Srdjan Todorovic, Sergei Trifunovic, Jelena Gavrilovic, Katarina Zutic, Slobodan Bestic, Ana Sakic, Lena Bogdanovic, Luka Mijatovic, Andjela Nenadovic,  Carni Djeric, Miodrag Krcmarik, Lidija Pletl, Tanja Divnic, Marina Savic, Natasa Mijus… 

más cine político que porno (dedicado a Ángel Sala)

Hacía tiempo que una película no despertaba tanta polémica como A Serbian Film que tras su proyección en distintos festivales en los que se alzara con los premios a Mejor película, Premio de Oro a la Mejor Película Europea y Película más Innovadora en el de Montreal, Premio Especial del Jurado en el Fantasporo de Oporto y Mejor Guión en el Festival Fipresci, de Serbia, no tuvo la misma suerte al llegar a las pantallas británicas y españolas.

Si en el Reino Unido el Westminster Council impide su proyección en el 21st Horror and Fantasy Film Festival, en España un juez impide su proyección en la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián Calle 13, por incurrir presumiblemente en un delito contra la libertad sexual, motivo por el cual recibe instantáneamente el Premio Especial del Público por “convertirse sin ser proyectada en símbolo de la libertad de expresión”.

Y más difícil todavía, tal y como dirían en Balada triste de trompeta (2010, Álex de la Iglesia) —-espero que se entienda la alusión al momento aquel de “vosotros ¿de qué circo sois?”—-, el director del Festival Internacional de Cine Fantástico de Catalunya, conocido popularmente como Festival de Sitges, Ángel Sala, ha sido procesado por proyectar A Serbian Film en su festival, incurriendo, siempre según un juez, en un delito de exhibición de pornografía infantil.

Como si de una performance dadaísta se tratase, A Serbian Film es un filme hecho para provocar. Sí. Pero no por deporte, sino por convicción. Se intuye que detrás de la propuesta de Srdjan Spasojevic se esconde una intención crítica hacia la doble moral y la hipocresía de unos medios que califican su filme de pornográfico, mientras en todos los noticiarios se alaban, año tras año, las voluptuosas y generosas formas de las modelos de Victoria’s Secret. Aparte de las connotaciones políticas que se traslucen del desolador paisaje que se dibuja en la película y de la elección del autor de enfrentar a dos hermanos por una misma mujer, o de obligar a un individuo a atentar sobre sus descendientes en contra de su voluntad, auténtico origen crítico de la película, a mi entender.

Indudablemente hay algunas secuencias de la película realmente desagradables, que sólo con contarlas ya revolverían el estómago de cualquier ser humano, hasta de aquellos que realizan prácticas sadomasoquistas, pero en A Serbian Film no hay ningún tipo de confusión con respecto a lo que está bien y lo que está mal. Ni un mínimo atisbo de estimulación al espectador para incitarle a poner en práctica alguna de las acciones que se muestran en pantalla. Srdjan Spasojevic deja perfectamente claro que todo lo que sucede en su película es una absoluta abominación.

Lo mejor de todo es que lo hace hasta con elegancia. Como lo cuento. Sí. La película está estructurada en dos partes, diferenciadas por su estética: una primera en la que se suceden las acciones en línea temporal y en las que su mantiene una estética simple y ruda, que contrasta con la segunda parte repleta de estimulantes texturas visuales y sonoras y en la que a través de varios flashbacks, el protagonista, Milos (Srdjan Todorovic), un actor porno que ha firmado un suculento contrato económico desconociendo el carácter de las secuencias que va a ser obligado a rodar, recuerda lo que le ha sucedido a partir del momento en el que intenta desvincularse del proyecto, instante en el que es secuestrado y obligado a continuar bajo los efectos de fuertes estupefacientes, con efectos diversos.

Además, A Serbian Film está salpicada de deliciosos momentos como la absolutamente impagable cita a Sonrisas y lágrimas (The Sound of Music, 1965, Robert Wise) o el paralelismo con el entrenamiento de Milos con el de Rocky Balboa en Rocky (1976, John G. Avidsen). Asimismo, Srdjan Spasojevic realiza una turbadora variante del efecto Kulechov en el que, mientras el protagonista está realizando las prácticas que le han convertido en tan famoso actor porno, le proyectan una inocentes imágenes de una jovencita comiendo un helado y pintándose las uñas. Momento casi tan molesto que los dos momentos polémicos de la película, demostrando que no es peor lo que se muestra, sino lo que se sugiere, y delatando nuevamente la parábola política soterrada en su película ¿o es que hace falta refrescar la historia de los últimos diez años de Serbia que comenzara con la detención de Milošević y todavía hoy en día sigue siendo un país con su identidad no reconocida por todos los países del mundo?

No por casualidad la mancha de sangre del cartel promocional de la película dibuja el mapa de Serbia. Imagino que no hacía falta explicarlo, sólo era por si algún juez se pasaba por aquí.

Publicado originalmente en EXTRACINE

Tournée (On Tour)


Título original: Tournée
Año: 2010
País: Francia

Dirección: Mathieu Amalric
Guión: Mathieu Amalric, Philippe Di Folco, marcelo Novais Teles, Raphaëlle Valbrune & Tom Frank
Producción: Yael Fogiel & Laetitia Gonzalez
Fotografía: Christophe Beaucarne
Montaje: Annette Dutertre
Dirección Artística: Stéphane Taillasson
Vestuario: Delphine Jaffart
Reparto: Miranda Colclasure, Suzane Ramsey, Dirty Martini, Julie Atlas Muz, Angela de Lorenzo, Alexander Craven, Mathieu Amalric, Damien Odoul, Ulisse Klotz, Simon Roth, Joseph Roth, Aurélia Petit, Antoine Gouy, Pierre Grimblat, Jean-Toussaint Bernard, Anne Benoît, Florence Ben Sadoun, Erwan Ribard, Julie Ferrier, Franzo Curcio, André S. Labarthe, Jean-Franóis Marquet, Laurent Roth, Alexia Crisp-Jones, Hélène Houël, Feriel, Erick Lenoir, Xavier Pottier… 

una gira sin fundamento

Avalada por el premio al mejor director en el pasado Festival de Cannes, nos llega Tournée, la tercera película como director de Mathieu Amalric, más conocido en su faceta como actor en filmes como Adele y el misterio de la momia (Les aventures extraordianires d’Adèle Blanc-Sec, 2010, Luc Besson) o Les herbes folles (2009, Alain Resnais), aunque más por su participación en filmes estadounidenses como Quantum of Solace (2008, Marc Forster), La escafandra y la mariposa (Le scaphandre et le papillon, 2007, Julian Schnabel) o Munich (2007, Steven Spielberg).

Pareciera que Mathieu Amalric padeciera el síndrome de Kenneth Brannagh, es decir, un incontrolable impulso que le lleva a colocarse en el mayor número posible de planos de la película, siendo preferible que sean primeros planos y centrando toda la atención del relato en su personaje, Joachim Zand, el productor de una exuberante compañía dedicada al new burlesque, pretexto que aprovecha para volver a su patria, Francia, de la que se fuera dejando muchas cuentas pendientes.

Si la interpretación de Almaric resulta un tanto sobreactuada en su desmesurado intento por sobresalir de entre el grupo de actrices que forman el cuadro artístico de este espectáculo, y que sí se entregan en cuerpo y alma a la película, lo cierto es que la naturalidad y simpatía de estas últimas hace que la suya sea una interpretación que raya el patetismo. Hasta los dos niños que interpretan a sus hijos son más naturales y trasmiten mucho mejor las dudas y tormentos por los que viven estos desconcertados personajes.

Viendo el cartel de la película —-en el que Almaric vuelve a colocarse en el centro—- y leyendo en el dossier de prensa que vamos a ver un espectáculo lleno de mujeres voluptuosas, uno no puede dejar de pensar que va a encontrarse con algún guiño o referencia al cine de Federico Fellini. Pero no sólo no es así, sino que pareciera que el director trata de evitarlo deliberadamente. Tampoco es que pueda decir que me disguste esta estética, más cercana al cinema vérité que al de la nouvelle vague, pero echo de menos una intención, una propuesta por parte del relato que no sea mostrar todos y cada uno de los números protagonizados por este sin par grupo de artistas del vodevil.

¿Donde quedaron las notas de Collette —-que algunos conocerán por ser la autora de las novelas que inspiraron filmes como Gigi (1958, Vincente Minnelli) o, más recientemente, Chéri (2009, Stephen frears)—- que dejara publicadas en un periódico y en las que reflejara su vida como actriz de pantomima, un poco escandalosa, y que se supone sirvieron de base para la gestación del proyecto?

Lo cierto es que lo único por lo que realmente merece la pena ver Tournée es por asomarse a la intimidad de unos personajes tan fascinantes como desaprovechados, tanto los personajes como las actrices que los interpretan, que son realmente fabulosas. Bueno, y si eres drag-queen o te dedicas al transformismo, ni te cuento las cosas que vas a aprender. ¿Mi favorita? Dirty Martini, sin lugar a dudas.

Publicada originalmente en EXTRACINE

sábado, 9 de abril de 2011

Invasión a la Tierra


Título original: Battle: Los Angeles
Año: 2011
País: EE.UU.

Dirección: Jonathan Liebesman
Guión: Christopher Bertolini 
Producción: Jeffrey Chernov, Ori Marmur & Neal H. Moritz
Fotografía: Lukas Ettlin
Música: Brian Tyler 
Montaje: Christian Wagner
Diseño de producción: Peter Wenham
Dirección artística: Andrew Neskoromny, Chris L. Spellman & Thomas Valentine 
Decorados: Bob Kensinger 
Vestuario: Sanja Milkovich Hays
Reparto: Aaron Eckhart, Ramon Rodriguez, Cory Hardrict, Gino Anthony Pesi, Ne-Yo, James Hiroyuki Liao, Bridget Moynahan, Noel Fisher, Adetokumboh M'Cormack, Bryce Cass, Micahel Peña, Joey King, Michelle ROdriguez, Neil Brown Jr., Taylor Handley, Lucas Till, Kenneth Brown Jr., Jadin Gould, Joe Chrest, E. Roger Mitchell, Rus Blackwell, Susie Abromeit, Brandi Coleman, Elizabeth Keener, Jessica Heap, David Jensen, Stacey Turner, Tom Hillmann, Lena Clark, Jamie Norwood, Todd Cochran, Nzinga Blake, Taryn Southern, james D. Dever, Will Rothhaar, Jim Parrack… 

cómo alcanzar la 'primera victoria'




Jonathan Liebesman demuestra con Battle: Los Angeles que había una manera diferente de abordar un tema tantas veces llevado al cine como es una invasión extraterrestre. Y no se trata de contarla del punto de vista de los extraterrestres. No. Se trata de contarla como si fuera una auténtica película de guerra, en lugar de una de ciencia ficción.

A parte del hecho de que el título de la película y el origen de la misma estén inspirados en ciertos acontecimientos ocurridos en la noche del 24 al 25 de febrero de 1942, cuando naves de vuelo sin identificar fueran avistadas en Los Angeles, y sospechando que se trataba de naves japonesas, se hicieron saltar los resortes para iniciar un contraataque hacia lo que acabó denominándose una “falsa alarma” y que se conoció como Battle of Los Angeles, lo cierto es que la película guarda bastantes similitudes con un magnífico título bélico de Otto Preminger, In Harm’s Way, titulado en España Primera victoria, que precisamente relatara lo que fuera la primera batalla ganada por los estadounidenses contra los japoneses, tras el ataque a Pearl Harbour. Justamente lo que se relata en Battle: Los Angeles, pero a propósito de una invasión extraterrestre.

Huyendo de los clichés del género y de las típicas imágenes de las naves apareciendo ante la perplejidad del ciudadano de a pie, la narración se centra en las reacciones de un grupo de marines que conocen la realidad de lo que está sucediendo a través de los medios de comunicación. De la misma manera que sucediera en In Harm’s Way, el relato avanza en primera persona, conociendo el espectador lo mismo que conocen los protagonistas.

Al contrario que otras películas del género, el retrato de los personajes no es patriótico exaltador, sino realista y humano, exactamente igual que lo fuera también la película de Otto Preminger. Y nuevamente, por muy marines (y machotes) que sean los protagonistas, todos ellos sienten miedo y todo tipo de emociones humanas, como en la película de 1965 que fuera protagonizada por, precisamente, John Wayne, personaje al que se alude comparándolo con el que interpreta el propio Aaron Eckhart. Esta alusión al que fuera el héroe estadounidense por excelencia, encuentra rápidamente su contrapunto, pues inmediatamente, otro marine contesta “¿y ese quien es?”, interpretando, al menos un servidor, que no son los mismos valores los de los Estados Unidos de los años cuarenta, que los de hoy en día.

Sí que es cierto que el discurso de Liebesman no es tan constante como lo fuera el de Preminger, pues en algunos momentos de la película se muestra débil ante la espectacularidad y verosimilitud de algunas secuencias, pecado en el que el anterior nunca caía, además de ser delatado por un uso excesivamente sensiblero en algunos momentos de la banda sonora. Pero eso no evita que, como cine bélico, Battle: Los Angeles, sea un título a tener muy en cuenta.

Otra cosa sucede si realmente esperas ver una película de ciencia ficción, casi que es mejor que vayas preparado pues, de lo contrario, puede que salgas defraudado.



Publicado originalmente en EXTRACINE

viernes, 8 de abril de 2011

Justin Bieber: Never Say Never


Título original: Justin Biever: Never Say Never
Año: 2010
País: EE.UU.

Dirección: Jon Chu
Guión:  
Producción: Scooter Braun, Dan Cutforth, Jane Lipsitz, Usher Raymond & Antonio Reid
Fotografía: Reed Smoot
Música: Deborah Lurie 
Montaje: Jay Cassidy, Jillian Twigger Moul & Avi Youabian
Diseño de producción: Devorah Herbert
Decorados: Lia Roldan 
Vestuario: Kurt Swanson
Reparto: Justin Biever, Boys II Men, Miley Cyrus, Sean Kingston, Ludacris, Jaden Smith, Usher Raymond, Diane Dale, Bruce Dale, Ryan Good, Allison Kaye, Carin Morris, Scrappy Stassen, Kenny Hamilton, Scooter Braun, Mama Jan Smith, Jeremy Bieber, Antonio Reid, Randy Phillips, Snoop Dogg, Reginald Jones, Taylor James, Melvin Baldwin, Daniel Kanter, Thomas Martin, Bernard Harvey, Dominic Mazaroii, Christopher Abad, Micah Tolentino, Marvin Millora, Anthony Carr, Anis Cheurfa, Nicholas DeMoura, Aja George, Antonio Hudnell, Raymond Mora, Jeremy Marinas, Jonathan 'Legacy' Perez, Straphanio 'Shonnie' Solomon, Mochael Vargas… 

En la cama con... Justin Biever

No es la primera vez que se realiza un documental sobre cantantes, bandas de música, giras o conciertos como el que se ha realizado a propósito del concierto de Justin Bieber en el Madison Square Garden en el documental Justin Biever: Never Say Never. La única diferencia es que mientras para ver los otros hemos tenido que recurrir a festivales especializados, como In-Edit en Barcelona, o la edición de cualquiera de ellos en DVD, las hordas de admiradoras del cantante canadiense podrán disfrutarlo en una sala de cine. Lástima que no vayan a valorarlo como lo que es, un documental sobre un cantante de 16 años.

Uno de los puntos que me parecía (y me sigue pareciendo) interesante de la historia de Justin Bieber, y uno de los motivos por los que me decidí a ver su película, era que su éxito es realmente consecuencia de la democratización que ofrecen las nuevas tecnologías. Y ciertamente la película comienza en ese mismo punto, en una pantalla de ordenador y su video en YouTube, pero rápidamente pasa de largo, apuntando el tema de la cuenta de twitter, pero sin analizar realmente el impulso que Internet ha proporcionado a su meteórica popularidad. De hecho, casi me parece una broma que utilicen la versión que Hans Zimmer realizara sobre el tema de Edvard Grieg para La red social (The Social Network, 2010, David Fincher), cuando están mucho más interesados en el movimiento de pelo de Justin que en cómo aprendió a tocar la batería o los demás instrumentos que toca. ¡Mueve la cabeza Justin, mueve la cabeza! ¡Es que es tan mono! (Chica pues tírale unos cacahuetes)

No voy a decir que no haya momentos emotivos en la película, como las palabras que Justin le dedica a la niña que toca el violín en el mismo lugar en que tocara él antaño la guitarra, o las niñas elegidas para acompañar a Justin en el escenario; divertidos, como el primer peinado que luce Jaden Smith, de idéntica forma que el actor secundario Bob de The Simpsons; o patéticos, como la manera en que llora el padre de Justin cuando canta en un concierto. ¿Lloraría de la misma manera si en vez de cantante pop fuera concertista de piano? Y hasta excesivos, porque compararle con Michael Jackson, me parece realmente atrevido. Muy atrevido. Pero lo cierto es que da la impresión que Jon Chu, director de la película, que no ha destacado precisamente en sus anteriores trabajos, no dispone de imágenes ni momentos suficientes para ilustrar las casi dos horas que dura el documental, convenientemente completado con los números musicales, que claro, ayudan más si te gusta la música que interpreta Justin Bieber, de lo contrario lo vas a tener muy crudo.

Lo dice en la película el propio L.A. Reid —-co-fundador de LaFace Records y responsable de habernos torturado con cantantes y cantantas de la talla de Mariah Carey, Pink, Rihanna, Kanye West, Avril Lavigne, Toni Braxton, TLC, Usher, Ciara, Outkast o Dido, además del propio Bieber—-, lo primero que pensó cuando vio por primera vez a Justin Bieber fue: “el Macauly Culkin de la música”. Precisamente, Justin Bieber: Never Say Never basa la fuerza de su protagonista, no en sus cualidades musicales, que las tiene, sino en su capacidad para llenar el Madison Square Garden y la enésima versión del sueño americano. Justamente la misma cualidad que decían tenía el joven actor de la comparación cuando era un extraordinario reclamo para vender entradas de cine, según en la época admitiera Chris Columbus, director de Solo en casa (Home Alone, 1990) y su primera secuela. ¿Y que fuera con los años del portentoso talento de Macauly Culkin? ¿Pasará lo mismo con Justin Biever? El tiempo lo dirá…

Publicada originalmente en EXTRACINE