lunes, 7 de marzo de 2011

Bienvenidos al sur


Título original: Benvenuti al Sud
Año: 2010
País: Italia

Dirección: Luca Miniero
Guión: Massimo Gaudioso, basado en el guión de Bienvenue chez les Ch'tis, escrito por Dany Boon, Alexandre Charlot & Franck Magnier
Producción: MMarco Chimenz, Francesca Longardi, Giovanni Stabilini & Riccardo Tozzi
Fotografía: Paolo Carnera
Música: Umberto Scipione
Montaje: Valentina Mariani
Diseño de producción: Paola Comencini
Vestuario: Sonoo Mishra
Reparto: Claudio Bisio, Alessandro Siani, Angela Finocchiaro, Valentina Lodovini, Naike Rivelli, Giacomo Rizzo, Nando Paone, Teco Celio, Riccardo Zinna, Nunzia Schiano, Salvatore Misticone, Francesco Albanese, Alessandro Vighi, Fulvio Falzarano… 

llorarás, pero de aburrimiento

Luca Miniero nos ofrece con Benvenuti al Sud una adaptación de la película francesa Bienvenidos al Norte (Bienvenue chez les Ch’tis, 2008, Danny Boon), que fuera un éxito de público en 2008. ¿Por qué? 

Esa es la primera (y única) pregunta que me planteo tras la proyección. ¿Por qué si tanto criticamos al cine de Hollywood por hacer remakes, nos llega entonces un director europeo y nos vende en italiano una película que ya vimos en francés? Porque espera hacer la misma recaudación que hiciera en Francia la película de Dany Boon, dirán algunos. Indudablemente, en Italia lo ha conseguido, por eso ahora se lanza a conquistar el mercado internacional.

Quizás si la película de Luca Miniero fuera graciosa, divertida y solventara las carencias que tenía su predecesora, tendría sentido ver Benvenuti al Sud pero el hecho es que donde aquella ya era simple, vulgar y aburrida, esta no es que sea más de lo mismo, es que resulta notablemente inferior, pues si ya viste la otra y te aburrió como a mi, esta te va a aburrir mucho más.

Ni las interpretaciones, ni la dirección, ni la fotografía, ni la banda sonora, ni nada que justifique la realización de una película innecesaria. ¡Qué me estás contando! ¿Que el guionista es el mismo que el de Gomorra (2008, Matteo Garrone)? No doy crédito. ¿Tan necesitado está Massimo Gaudioso que acepta un trabajo de traductor? porque lo único que cambia es Norte por Sur y francés por italiano, lo demás es calcado, con puntos y comas.

Sí, Valentina Lodovini está muy guapa, muy mona, muy sexy. Pero me aburrí tanto en la película que ni esperé al photocall ni la rueda de prensa. Preferí abortar los impulsos agresivos que tan soporífero bodrio produjo en mi estado de ánimo.

sábado, 5 de marzo de 2011

Rango


Título original: Rango
Año: 2011
País: EE.UU. 

Dirección: Gore Verbinski
Guión: John Logan, basado en una idea original de John Logan, Gore Verbinski & James Ward Byrkit 
Producción: John B. Carls, Graham King & Gore Verbisnki
Música: Hans Zimmer
Montaje: Craig Wood
Diseño de producción: Mark 'Crash' McCreery
Dirección artística: John Bell
Reparto: Johnny Depp, Isla Fisher, Abigail Breslin, Ned beatty, Alfred Molina, Bill Nighy, Stephen Root, Harry Dean Stanton, Timothy Plyphant, Ray Winstone, Ian Abercrombie, Gil Birmingham, James Ward Byrkit, Cluaida Black, Blake Clark, John Cothran Jr., Patrika Darbo, George DelHoyo, Malie Flanagan, Charles Fleischer, Beth Grant, Vincent Kartheiser… 

¿agua para quien?

Parecía inevitable que la vocación animé que podemos encontrar en algunas obras de Gore Verbinski, como Un ratoncito duro de roer (Mousehunt, 1997) o los títulos que ha realizado para la franquicia del pirata Jack Sparrow, Piratas del Caribe: la maldición de la perla negra (Pirates of the Caribbean: The Curse of the Black Pearl, 2003), Piratas del Caribe: el cofre del hombre muerto (Pirates of the Caribbean: Dead Man’s Chest, 2006) y Piratas del Caribe: en el fin del mundo (Pirates of the Caribbean: At World’s End, 2007), no acabase floreciendo en una obra completamente animada como es Rango. Quizás por eso se haya involucrado desde la idea original hasta la producción de la película, y aunque relegue en John Logan para la escritura de un interesante guión, me atrevo a decir que la responsabilidad de la película es enteramente suya.

Teniendo la voz de Johnny Depp —-de hecho hay varios guiños a filmes protagonizados por el actor—-, Rango es un lagarto que, a consecuencia de un accidente, debe afrontar su adaptación a un nuevo medio en el que utiliza la representación para ganarse la confianza de los demás. Más o menos lo que le sucede a cualquiera en su vida cotidiana.

Pero la gracia de Rango, desde mi punto de vista, reside en aprovechar esos mismos recursos que el personaje utiliza en la ficción, para ofrecer una película en la que, escudándose en la prosopopeya y la metáfora, nos hablar de la sociedad actual, criticando los medios capitalistas que nos han llevado a la crisis económica actual. Responsabilizando más a las autoridades, como agentes que controlan realmente todo lo que afecta a la sociedad, que a lo que puedan haber hecho otros en el provecho de su negocio.

Quizás la película adolezca de un pequeño problema de ritmo, pero que queda perfectamente solventado por la espectacularidad visual que aporta el asesoramiento de Roger Deakins en lo que al uso de la luz se refiere.

No deja de ser curioso que un cineasta que ha desarrollado la mayor parte de su carrera involucrado en proyectos destinados a un público infantil, se haya decidido por una película más orientada al público adulto cuando apuesta por la animación. Por lo menos desde mi punto de vista, dado que Rango no parece ser un filme que vaya a entretener a los menores de 12 años, ni incluso a muchos de los que superen esa edad, aunque sí a los que esperen ver una película que cuenta más de lo que parece.

martes, 1 de marzo de 2011

Sin retorno

Título original: Sin retorno
Año: 2010
País: Argentina & España

Dirección: Miguel Cohan
Guión: Miguel Cohan, basado en una novela de Ana Cohan
Producción: Mariela Besuievski, Gerardo Herrero & Vanessa Ragone
Fotografía: Hugo Colace
Música: Lucio Godoy
Montaje: Fernando Pardo
Diseño de producción: Carolina Urbieta
Reparto: Leonardo Sbaraglia, Martin Slipak, Bárbara Goenaga, Luis Machín, Ana Celentano, Arturo Goetz, Agustín Vázquez, Antonia Bengoeches, Claudia Cantero, Mariano Fabricante, Manuel Longueiras, Federico Luppi, Pedro Merlo, Rocía Miñoz, Germán Rodríguez, Abian Vainstein, Daniel Valenzuela, Felipe Villanueva, Néstor Zacco… 

un viaje en busca de un culpable

Ganadora de la Espiga de Oro en la última Seminci, Sin retorno, la ópera prima de Miguel Cohan es un cine con vocación ética en torno a cuestiones que siempre están de actualidad como la culpa y el castigo de un delito, que debe la mayor parte de su fuerza al altísimo nivel interpretativo de sus protagonistas.

A Miguel Cohan no le interesa el proceso, tan sólo el hecho y las consecuencias que genera. Un joven en su bicicleta, un estudiante bebido al volante, un ventrílocuo que vuelve a casa después de su jornada laboral. Un accidente. Un atropello. Una casualidad que provoca, no sólo que cambien sus vidas, sino las de todos sus seres queridos: sus familias y sus amigos. Por eso no nos muestra la investigación, ni el juicio, ni la condena, tan sólo la evolución (y destrucción) de las vidas de estas tres familias unidas por una desgracia. Que nadie se alarme, esto no es un spolier pues no he contado nada que no se vea en el tráiler.

Un relato sencillo, sin golpes de efecto visuales, pero directo al corazón del espectador que podrá crear una empatía con todos y cada uno de los personajes, pues todos sufren. A su manera. Unos el tormento de saberse culpables, otros el de saberse inocentes, otros la comprensible angustia que lleva a culpar a cualquiera. Personalmente encuentro muy sugerente la idea que parece promover el discurso de Cohan de que la culpabilidad no es algo que te delate ni te haga parecer vulnerable a los demás. Faustino es culpable, pero no lo parece, aunque haga cosas sospechosas o tenga un comportamiento inusual. Sin embargo Víctor no lo es, pero las circunstancias le colocan en el objetivo de los prejuicios sociales y la predeterminación hacia la culpabilidad. El odio que genera su persona en algunos personajes, convencidos de su culpabilidad, es tan poderoso que sobrepasa el sentimiento de impotencia para ubicarnos en el terror psicológico.

Un viaje que no sería posible sin las prodigiosas interpretaciones de sus protagonistas, desde la breve pero contundente aportación de Federico Luppi como Víctor, el padre coraje que no ceja en su empeño de buscar al culpable que se ha llevado la vida de su hijo por delante; hasta la contenida interpretación de Leonardo Sbaraglia como Federico, el inocente acusado injustamente, víctima de unas circunstancias y su mal carácter; incluyendo a Martin Slipak como el ingrato Faustino, que lejos de provocar un rechazo en el espectador consigue dibujar a la perfección la línea que se desliza desde la compasión hasta el patetismo.

Imposible no destacar la magnífica aportación de Ana Celentano como Laura, la madre del homicida involuntario, que igual que hiciera en la magnífica Las viudas de los jueves (2009, Marcelo Piñeyro), consigue acaparar la atención en cada uno de los planos en los que aparece. Lástima que Bárbara Goenaga no se haya recuperado todavía de su Agnosia (2010, Eugenio Mira), pues hasta las niñas y adolescentes que participan son más naturales y verosímiles que ella, mermando el impacto emocional de algunas de las secuencias.

Quizás la última mitad de la película salga un tanto perjudicada, debido a unas dilatadas elipsis a las que nos somete la historia, forzando al espectador a imaginar lo que sucede en ese espacio de tiempo, necesitando asimilar en un breve período todo lo que no hemos visto del proceso definitivo de descomposición familiar. Un proceso que aunque unos personajes muestran a las perfección, otros acaban por evidenciar que si la primera parte de la historia esta perfectamente hilvanada, el ultimo tercio parece resuelto con prisa y corriendo.

Aún así Sin retorno resulta un título muy interesante que además de funcionar generando emociones en el espectador, también promueve la reflexión sobre un tema que, al menos en España, está de plena actualidad, debido a unos juicios tan mediáticos, que acaban por tergiversar la realidad y haciendo parecer lo evidente como la opción más absurda.


Secuestrados

Título original: Secuestrados
Año: 2010
País: España

Dirección: Miguel Ángel Vivas
Guión: Javier García & Miguel Ángel Vivas
Producción: Vérane Frédiani, Emma Lustres Gémez, Borja Pena & Franck Ribière
Fotografía: Pedro J. Márquez
Música: Sergio Moure
Montaje: José Manuel Jiménez
Diseño de producción: Miguel Manuel Jiménez
Vestuario: Montse Sancho
Reparto: Guillermo Barrientos, Dritan Biba, Fernando Cayo, César Díaz, Martijn Kuiper, Manuela Vallés, Ana Wagener, Xoel Yáñez… 

el paraíso se vuelve infierno

En doce planos secuencia, Miguel Ángel Vivas consigue con Secuestrados, más que una película, toda una experiencia para el espectador, que no sólo es una excelente muestra de cine orgánico, sino que también conduce a unas interesantes reflexiones sobre la violencia.

Miguel Ángel Vivas va camino de ingresar, gracias a Secuestrados, premiada como mejor película y director en el Festival Fantástico de Austin, en ese grupo de cineastas españoles que triunfan en el mercado internacional como Jaume Balagueró, Paco Plaza, Rodrigo Cortés, Luis Berdejo, Jaume Collet-Serra, Juan Antonio Bayona o Alejandro Amenábar. Cineastas que han construido sus carreras a ritmo de gritos y sustos en un cine de género que, aunque está muy bien recibido por el público, no parece llegar realmente al sector profesional (español) que parece relegarles a un segundo plano, ni mucho menos a la crítica cinematográfica que menosprecia sus propuestas. A excepción de los dos últimos, queridos a partes iguales en (casi) todos lados.

Partiendo de un hecho real, que queda plasmado en la contundente primera secuencia de la película, Secuestrados es cine naturalista, que te hace sentir lo que viven sus personajes. Sin sensacionalismo y con mucha verosimilitud. Explicado así podría echar para atrás a algún espectador, pero aunque Miguel Ángel Vivas declare que su intención era precisamente esa, que el espectador viviera la experiencia (y sin hacerle falta el 3D), lo cierto es que se puede sacar una interesante reflexión sobre la incapacidad de la sociedad actual para procesar la violencia, ni de reaccionar ante ella, además de la inutilidad de todas esas corazas de falsa seguridad que interponemos a través de pins, claves de acceso, verjas, rejas, guardias de seguridad, etc., etc., que en el momento de la verdad no sirven para nada.

Esta reflexión (la mía), sólo se puede entender partiendo de que los personajes protagonistas, el matrimonio con hija que se muda a una casa en una urbanización en las afueras, pertenece a un nivel social y cultural medio-alto, que probablemente hayan sido educados dentro de la represión y repulsa hacia cualquier acto de violencia. Por eso están indefensos ante una violencia tan primitiva como la que se produce cuando una banda de ladrones irrumpe en su casa para extorsionarles y conseguir el máximo dinero de ellos en menos de 24 horas. Seres racionales que tratan de hablar y comunicarse con seres que actúan por instinto, como animales. No se asusten, no conté nada que no estuviera en el tráiler.

Es imposible no pensar en la magnífica película de Michael Haneke, Funny Games (1997), en algún momento de la proyección. Aunque los secuestradores de la película alemana fueran tan cultos y educados como sus víctimas, están los palos de golf, la secuencia del sofá con la televisión encendida, el espacio temporal en el que se desarrolla la acción… A pesar de que Miguel Ángel Vivas se confiesa admirador de la obra del cineasta alemán, considera que la propuesta de Haneke es intelectual, mientras que la suya es visceral. Supondremos que se le deben haber colado estas pequeñas citas inconscientemente, pues incluso en la película de Haneke se muestran carreras de coches en el televisor encendido —-que yo recuerde.

El momento televisivo da para otra reflexión, pues además de los coches también se escucha uno de esos programas televisivos en los que la gente grita, discute y se pelea, aunque sean las cuatro de la tarde, creando y fomentando otro tipo de violencia: la verbal. Este momento tiene un doble sentido pues también es una manera de mostrar lo alejado que está un medio, como el televisivo, o determinados formatos, como los programas de corazón —-qué curiosa manera de llamarlos—- de la realidad, pues resulta realmente grotesco escuchar sus disparates mientras esta familia vive una auténtica pesadilla.

Esta interpretación de lo que sucede en dos lugares a la vez también tiene su importancia entre los personajes del relato pues Miguel Ángel Vivas recurre a la pantalla partida en ciertos momentos de la película. Si bien es difícil dilucidar si sus motivos eran éticos o estéticos, lo cierto es que, desde mi punto de vista, es una manera de expresar que no es lo mismo vivir una experiencia en primera persona que en tercera, pues mientras a unos personajes les suceden unos hechos, otros son ajenos a esos acontecimientos, lo que les lleva a tomar una u otra decisión.

Qué duda cabe que un experimento como este en el que, aparte de las complicaciones técnicas que puedan conllevar los planos secuencias, había que contar con un equipo de actores y actrices preparados para aguantar un rodaje, mucho más duro e intenso que cualquier otro, al estar obligados a permanecer en sus personajes a lo largo de todo el plano y en unas condiciones nada cómodas. Pues si Fernando Cayo como Jaime, el padre, y Ana Wagener como Marta, la madre, están espectaculares, Manuela Vellés como Isa, la hija, y en su tercera película tras Caótica Ana (2007, Julio Medem) y Camino (2008, Javier Fesser), está realmente espectacular. Los tres intérpretes se entregan a la historia de tal manera que no permiten que el espectador distraiga su atención un sólo momento, a pesar de que alguno de los personajes secundarios no alcancen su nivel interpretativo.

El propio Miguel Ángel Vivas confirma que le han hecho ofertas desde el otro lado del charco. No me extraña que en Hollywood se estén frotando las manos pues, si ha conseguido rodar esta pequeña gran película en ¡¡doce días!! qué no hará en un mes. No me cabe duda de que el proceso de preparación habrá sido amplio y meticuloso, pero queda clara su extraordinaria capacidad como director.


The Fighter

Título original: The Fighter
Año: 2010
País: EE.UU.
Dirección: David O. Russell 
Guión: Scott Silver, Paul Tamasy & Eric Johnson, sobre una idea original de Paul Tamasy, Eric Jonson & Keith Dorrington 
Producción: Dorothy Aufiero, David Hoberman, Ryan Kavanaugh, Todd Lieberman & Jeff G. Waxman 
Fotografía: Hoyte Van Hoytema 
Música: Michael Brook
Montaje: Pamela Martin
Diseño de producción: Judy Becker 
Dirección artística: Laura Ballinger
Decorados: Gene Serdena
Vestuario: Mark Bridges 
Reparto: Mark Wahlberg, Christian Bale, Amy adams, Melissa Leo, Mickey O’Keefe, Jack McGee, Melissa McMeekin, Bianca Hunter, Erica McDermott, Hill Quigg, Dendrie Taylor, Kate B. O’Brien, Jenna Lamia, Frank Renzulli, Paul Campbell, Caitlin Dwyer, Chanty Sok, Ted Arcidi, Ross Bickell, Sean Malone, José Antonio Rivera, Richard Farrell, Matthew Muzio, Steven Barkhimer, Art Ármalo, Sugar Ray Leonrad, Jackson Nicoll, Alison Folland, Sean Patrick Doherty, Sue Costello, Ray Greenhalge, Tino Kimly, Epifanio Melendez, Jremiah Kissel, Sean Eklund, Roeun Chea, Brian A. Nguyen, Rikki Kleiman, Michael Dell’Orto, Paul Locke, Kim Carrell, Dale Place, Eddie Lee Anderson, Bonnie Aarons, Walter Driscoll, Matt Russell…
tu propia familia es tu peor enemigo
Presentado en un formato sucio y realista, acorde con la dureza de la historia que cuenta, David O. Russell aprovecha en The Fighter la historia real de dos hermanos boxeadores para hablar de la negación de la realidad, la ceguera voluntaria a la que se someten algunas personas cuando no quieren ver la evidencia de lo que tienen delante, a causa de los lazos familiares que les unen.

Por un lado está Alice (Melissa Leo), una madre coraje —-a su manera—-, incapaz de asumir que su hijo es drogadicto, aunque su aspecto físico no deje lugar a dudas sobre su deterioro, aunque sea capaz de ir a buscarlo al mismísimo lugar en el que sabe se está colocando, aunque todo el mundo lo sepa y ella misma también. Después está el hermano, Dicky (Christian Bale), que vive de las rentas de un acontecimiento glorioso que incluso algunos ponen en duda. Y por último está Micky (Mark Wahlberg), un boxeador con un futuro prometedor, encadenado a una familia que no le permite florecer si ellos no lo hacen con él.

Pero lo más interesante del relato no es su historia, sino el discurso que utiliza su director para trasmitirnos la idea de la manipulación: la de los personajes entre ellos, la de la ficción sobre la realidad y la del medio sobre el espectador. David O. Russell ofrece un deliberado contraste inverso entre lo triste y lo trágico que parece gracioso y divertido en momentos como la primera vez que van a buscar a Dicky al lugar donde consume crack o el enfrentamiento entre Charlene (Amy Adams), la novia de Micky entre la madre de esta y sus hermanas, momentos que son trágicos para los personajes pero graciosos para el espectador. Y viceversa, lo gracioso se vuelve patético, particularmente Dicky relatando sus devaneos con el crack, como si fuera algo divertido, cuando para el espectador resulta absolutamente patético.

También se crea una confusión al principio de la película cuando, justo después de informarnos de que estamos viendo una película basada en un hecho real, dentro del relato también se realiza una grabación de la realidad, según los personajes sobre la vuelta al boxeo de Dicky, que luego resulta ser sobre la adicción a la droga. [SPOILER] Precisamente, ese momento concreto en el que los personajes se ven por televisión, es el preciso instante en que toman conciencia del autoengaño en el que estaban viviendo. Momento en el que también el espectador (algunos, no todos probablemente), toma conciencia de la manipulación a la que ha estado sometido al tomar a la ligera momentos que no eran nada graciosos.

Deudora, en cierta medida de Toro salvaje (Ranging Bull, 1980, Martin Scorsese), en lo dramático que resultan la mayoría de las situaciones, así como de Uno de los nuestros (Goodfellas, 1990, Martin Scorsese), por lo cómico que en algunas secuencias se presentan, The Fighter no es realmente una película sobre boxeo, sino sobre superación personal. Sobre la importancia y necesidad de romper los lazos familiares para poder florecer como individuo, aunque también de la importancia del otro, pues si el lazo maternal aprieta hasta ahogar, tampoco habría conseguido nada sin el apoyo fraternal.
Siendo un relato tan orgánico y visceral, era básico contar con un reparto capaz de sudar y respirar lo que los personajes demandan y dejando constancia de que Mark Wahlberg hace quizás su mejor personaje, los que lucen como lámparas son, indudablemente Christian Bale y Meissa Leo. El primero quizás destaque más a primera vista por su extraordinaria transformación física, pero ese personaje de fantástica ordinaria que ofrece la segunda resulta absolutamente memorable.