lunes, 12 de julio de 2010

Millenium 3: la reina en el palacio de las corrientes de aire


Título original: Luftslottet som sprängdes
Año: 2009
Nacionalidad: Suecia, Dinamarca & Alemania
Dirección: Daniel Alfredson
Guión: Jonas Frykberg & Ulf Ryberg, basado en la novela de Stieg Larsson
Producción: Lone Korslund & Peter Nadermann
Fotografía: Peter Mokrosinski
Música: Jacob Groth
Dirección Artística: Jan Olof Agren & Maria Haard
Vestuario: Cilla Rörby
Reparto: Michael Nyqvist, Noomi Rapace, Lena Endre, Annika Hallin, Jacob Ericksson, Sofia Ledarp, Andres Ahlbom, Micke Spreitz, Georgi Staykov, Mirja Turestedt, Niklas Falk, Hans Alfredson, Lennart Hjulström, Jan Holmquist, Niklas Hjulström, Johan Kylén, Tanja Lorentzon, Donald Högberg, Magnus Krepper, Michalis Koutsogiannakis, Aksel Morisse, Xarl-Ake Eriksson, Peter Andersson, Sanna Krepper, Tomas Köhler, Johan Holmberg, Rolf Degerlund, Ylva Lööf, Pelle Bolander, Nicklas Gustavsson, Aida Gordon, Ismet Sabaredzovic, Hamidja Causevic, Tehilla Blad…


justicia terrenal que apela al corazón

La tercera entrega de la serie Millenium, Millenium 3: la reina en el palacio de las corrientes de aire, es un filme emotivo que apela al corazón del espectador que, aunque pudiera no funcionar por sí misma, completa la saga con efectividad y emoción.

Mientras Lisbeth Salander (Noomi Rapace) se recupera de las múltiples heridas físicas propinadas por su propio padre, que a su vez se recupera en la habitación de al lado, se prepara para afrontar un juicio que podría inhabilitara de nuevo y acabar internada en el mismo hospital psiquiátrico en el que estuviera de adolescente. A pesar de que no está sola y cuenta con Michael Blomkvist (Michael Nyqvist) y otros amigos, su padre y los antiguos miembros de su siniestra organización confabulan contra ella.

Esta es la trama general de Millenium 3, en la que toda la acción está orientada para el clímax del juicio y la culminación de todas las líneas argumentales, concluyendo con efectividad una emocionante saga en la que su protagonista ofrece, por un lado, un certero, eficaz y contundente retrato psicológico de una persona profundamente herida, pero fuerte y absolutamente superviviente y, por otro lado, el de una joven contemporánea que vive su sexualidad sin prejuicios, expresando con su estética lo que siente interiormente. ¡Ojo! No quiero decir que todos los jóvenes que utilizan la estética gótica hayan tenido un pasado traumático, tan sólo que la mayoría de ellos, utilizan esa estética (como cualquier otra) como liberación y expresión de sus sentimientos hacia una sociedad opresora. El asunto punk forma parte de la puesta en escena de Lisbeth para sus oponentes en una declaración, todavía más evidente, de todo aquello que no puede expresar verbalmente.

Haciendo una valoración general de la serie debo decir que la primera entrega, Millenium 1: los hombres que no amaban a las mujeres (Män som hatear kvinnor, 2009, Niels Arden Opley), me pareció la menos interesante. De hecho la acción no se centraba en el personaje de Lisbeth Salander, más bien en su futuro amigo y protector, Michael Blomkvist. Para lo que sí servía era para la sensibilización sobre el abuso a menores y, en particular, al sexo femenino, que no débil, que tanta importancia iba a tener en el resto de la saga.

La segunda entrega, MIllenium 2: la chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina (Flickan som lekte med elden, 2009, Daniel Alphredson) es el plato fuerte de la serie, un película entretenida y emocionante cuyo argumento ya no se centra en el individuo, sino en el abuso de poder de algunos individuos sobre la sociedad entera a través de la conspiración de unos hombres acostumbrados a operar a sus anchas, precisamente, por la falta de castigo de sus “vicios pequeños”.

Esta escalera de abusos, depravación y corrupción necesitaba un castigo, que se ejecuta en la tercera y última entrega, la que nos ocupa, completando la serie y centrando el tema de la saga en un detallado análisis de cómo la impunidad de un delito puede llevar al individuo a cometer delitos mayores, convirtiéndole (o creyéndose) un dios omnipotente que tiene derecho a decidir por los demás, a los que evidentemente considera inferiores: un sociópata, en términos psiquiátricos, que precisamente se explica en esta segunda entrega.

El análisis completo de la trilogía me lleva a la conclusión de que lo que Stieg Larsson nos quiere decir es que los sociópatas no son sólo esos seres caricaturizados que se muestran en el cine de género, sino personas normales que viven entre nosotros y que, la mayoría de las veces, se escudan en la supuesta responsabilidad de sus trabajos y en que lo hacen por el bien del ciudadano de a pie. La teoría de la conspiración nos lleva, irremediablemente, a una saga precedente que se diera tanto en cine como en televisión —exactamente igual que está sucediendo con Lisbeth que también ha iniciado su periplo televisivo—, me refiero a Expediente X (The X Files, 1993) si bien es cierto que la serie de Chris Carter se revela más fantástica y menos interesada en la denuncia social, tan sólo, e incluso parece proponer que la paranoia podría estar generada desde el propio individuo.

La alusión al escritor de la novela es lícita porque las películas no comparten ni director ni guionistas, salvo en las dos últimas entregas. Entiendo que el director, Daniel Alfredson, y los guionistas, Jonas Frykberg y Ulf Ryberg, han intentado seguir la coherencia de personajes a través de la novela y estéticamente en línea con la primera entrega. Por eso quizás no me importe que esta tercera entrega sea, como he dicho, inferior a la segunda. Utiliza recursos básicos, casi melodramáticos, apelando al corazón del espectador que debe haber visto, al menos Millenium 2, para identificarse plenamente con Lisbethh y desear su liberación en una cuestión de justicia no poética, sino absolutamente merecida y real.

Aún así considero que la historia está muy bien llevada, se incluyen elementos nuevos y hay secuencias tremendamente emocionantes, como el asesinato de Zalachenko (Georgi Statkov) o la secuencia de la cafetería en la que se reúnen Michael y Erika hacia el final de la cinta. La película sigue dos líneas argumentales, una en clave de thriller, a través del seguimiento de los personajes de la edición de Millenium y la otra, mas intimista, con la evolución del juicio de Lisbeth y la fabulosa recuperación física y mental que tiene el personaje, entendiendo y comprendiendo definitivamente el porqué de su parco y arisco comportamiento, que tan sólo es la coraza tras la que se esconde una persona herida y machacada mil veces, no por la sociedad, sino por la justicia y sus diferentes representantes: policía, médicos, asistentes sociales, etc., etc.

Destaca sobre todos los profesionales que han participado en la saga la soberbia labor de actores y actrices que integran un espectacular reparto, desde todos y cada uno de los personajes secundarios como Plague (Tomas Köhler), Erika (Lena Endre) o la abogada Annika Giannini (Annika Hallin), hasta los dos protagonistas Michael Blomkvist y, sobre todo, Lisbeth Salander. El trabajo de todos ellos es de un realismo tan abrumador que pareciera los hemos visto en alguna parte en la vida real y, desde luego, no entiendo por qué no pueden ellos interpretar los mismos papeles en la versión norteamericana, si total parece que van a hacerlos otros extranjeros.

Asimismo es de elogiar toda la labor de los equipos técnicos del proyecto que ha trabajado en función de la historia, no destacando ninguno por encima de otro, especialmente el equipo de dirección artística y vestuario que no se han dejado llevar por el efectismo y la superficialidad y han acertado con unas localizaciones, decorados y vestuario no sólo reales, sino además absolutamente verosímiles. Justamente lo contrario que pasará en el remake norteamericano, sobre todo si finalmente es dirigida por el efectista, manierista (y todos los ‘istas’ que haya) director de los videoclips de Madonna, David Fincher.

Toda esta atención a la verosimilitud en el plano artístico no busca más que centrar la atención del espectador en la historia más que en cómo se cuenta, intentando que nos sintamos identificados con lo que ella sucede aunque no seamos ni suecos ni escandinavos, pues este tipo de historia, con más o menos variantes, podemos perfectamente adaptarla y ubicarla en cualquiera de nuestros países de origen. No hace falta dar nombres. Todas las sociedades y culturas del mundo tienen guerras pasadas, fantasmas ocultos o memoria histórica que los poderosos no quieren que sea destapada.

Publicado originalmente en EXTRACINE

La nana

Título original: La nana 
Año: 2009 
Nacionalidad: Chile 


Dirección: Sebastián Silva 
Guión: Sebastián Silva & Pedro Peirano 
Producción: Gregorio González 
Fotografía: Sergio Armstrong 
Montaje: Danielle Fillios 
Dirección Artística: Pablo González 
Reparto: Catalina Saavedra, Claudia Celedón, Alejandro Goic, Andrea García-Huidobro, Mariana Loyola, Agustín Silva, Darok Orellana, Sebastián La Rivera, Mercedes Villanueva, Anita Reeves, Delfina Guzmán, Luis Dubó, Luis Muñoz, Andreina Olivarí, Gloria Canales, Luis Wigdorsky, Juan Pablo Arenas…


¡¡cómo está el servicio!! 


La nana sorprende de principio a fin por ser una película completa que contiene drama, terror, comedia, denuncia social, estudio psicológico, familia, soledad, amor… todo ello reforzado una sencilla pero impactante puesta en escena y un espectacular reparto. 

Raquel es una criada al servicio de una familia por 23 años. Su familia profesional le agasaja en el día de su cumpleaños con una tarta y varios regalos. Ya en su cuarto Raquel, que ha establecido un vínculo personal con algunos de los familiares, desprecia alguno de los presentes. El problema se hace evidente cuando esta animadversión por la hija mayor, Camila, traspasa el ámbito de su intimidad. Camila comparte con su madre, sus sentimientos. Pero Pilar, se niega a despedir a la que ha quien ha criado realmente a sus hijos desde que nacieron y decide buscar otra solución: contratar una ayudante para Raquel, algo que la nana no va a tolerar. 

Cómo es posible que las carteleras de los cines españoles sigan copados por la basura que llega de Hollywood cuando en mil y un lugares del mundo se hace un cine mucho más rico, sorprendente, sensible, inquietante, divertido, terrorífico y estimulante, y con muchos menos medios, lo cual a la postre demuestra que es un cine más digno y responsable. No extraña en absoluto la cantidad de premios que ha recibido en el Festival de Sundance, el Miami International Film Festival, en numerosos festivales latinoamericanos como el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias, el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de la Havana, el Festival de Lima, entre otros, o traspasando el charco los que recibe en el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva o el Festival de Cine de América Latina de Biarritz. 

La nana es un magnífico filme se mire por donde se mire, empezando por su estupendo guión que, centrándose en Raquel, nos muestra su comportamiento, pero no lo que piensa ni lo que siente, tendremos que deducirlo o interpretarlo de sus acciones. Por eso nos mantiene atentos a ciertos síntomas, como la medicación y los desmayos, que nos hacen prever que Raquel no es una loca o desquiciada al estilo del cine de Hollywood como La mano que mece la cuna (The Hand That Rocks the Cradle, 1992, Curtis Hanson). Raquel es una persona de la que no conocemos su pasado, cómo es la relación con su madre, por qué le pide perdón, ¿no ha tenido relaciones sexuales?, tantas y tantas dudas que se dejan entrever pero no se confirman, para que sea el espectador el que decida y especule sobre su pasado e intente entender a esta mujer. 

La labor de su joven director, Sebastián Silva, que utiliza la cámara siempre en función de la historia que cuenta, sin artificios, sin aditivos. Muestra lo que debe en el momento oportuno, presta atención sólo a lo importante, a lo relevante, sin caer en recursos facilones ni en recursos de género. Apela a la realidad e intenta ayudarnos a penetrar en la intimidad de Raquel. Impecable. 

El riesgo de tan cuidada puesta escena recae, finalmente, en el elenco de actores. Todos los integrantes del reparto no parecen actores, parecen personas reales capturadas por una cámara invisible. Me quedo asombrado de la verosimilitud con la que son interpretados unos personajes tan complicados psicológicamente.

Todos están espléndidos, pero, la sutilidad que proporciona Claudia Celedón haciendo su personaje de Pilar, la señora, la madre, la jefa que tiene que lidiar con las quejas de su hija, Camila (Andrea García-Huidobro), sabiendo que tiene razón, pero se niega a desprenderse de Raquel porque sabe ver algo más, algo que nosotros, al principio, tampoco vemos. Pilar es un personaje ambiguo, que parece simplón y falto de carácter, pero que Claudia sabe dotar de coherencia y personalidad. También Catalina Saavedra defiende a la perfección su personaje, mostrando creíbles y verosímiles sus cambios de humor, sus miradas, sus gestos, transmitiéndonos el miedo que ella tiene a perder lo que le ha costado ganar. Nos da miedo, nos hace reír, nos hace llorar. Ambas coincidieran también en la ópera prima de Sebastián, La vida me mata (2007). Por último es obligado resaltar la de Mariana Loyola, que nos ayuda a entender y apreciar el valor de dar sin esperar nada a cambio. 

En la primera secuencia de La nana vemos a Raquel comiendo sola en la cocina. La cámara se acerca a ella y Raquel mira directamente al objetivo. Nos mira a nosotros en la que además es la misma imagen del cartel. Esta apelación al espectador no es una advertencia sobre todo lo que podría hacernos, más bien es todo lo contrario, una llamada de auxilio, un grito de socorro. El problema de Raquel es que necesita irremediablemente al otro, alguien que ablande su cerrado corazón tan falto de afecto. Necesita un modelo al que devolverle aquello que recibe, si recibe desconfianza devuelve lo peor de sí misma, pero si le das cariño, la miras con ternura y la abrazas y mimas, se vuelve un manso corderito.

Publicada originalmente en EXTRACINE



sábado, 10 de julio de 2010

The crazies




Titulo original: The crazies
Año: 2010
Nacionalidad: EE. UU. & Emiratos Árabes Unuidos

Dirección: Breck Eisner
Guión: Scott Kosar & Ray Wright, basada en un guión de George A. Romero
Producción: Michael Aguilar, Rob Cowan & Dean Georgaris
Fotografía: Maxime Alexandre
Música: Mark Isham
Montaje: Billy Fox
Diseño de Producción: Andrew Menzies
Dirección Artística: Greg Berry
Decorados: Cynthia La Jeunesse
Vestuario: George L. Little
Reparto: Timothy Olyphant, Radha Mitchell, Joe Anderson, Danielle Panabaker, Christie Lynn Smith, Brett Rickaby, Preston Bailey, John Aylward, Joe Reegan, Glenn Morshower, Larry Cedar, gregory Sporleder, Mike Hickman, Lisa K. Wyatt, Justin Welborn, Chet Grissom, Tahmus Rounds, Brett Wagner, Alex Van, Anthony Winters, Frank Hoyt Taylor, Justin Green, E. Roger Mitchell, Michael H. Cole, Mark Oliver, Lynn Carnel, Jimmy Waitman, Jay S, Pearson, Kathryn Kim, Albert J. greffenius, gene L. Hamilton, Steve Pilchen, Lexie Behr, Adam Dingeman, Megan Hensley, Lori Beth Edgeman, Ann Roth, Mickey Cole...


una metáfora convertida en realidad

Presentada en clave de cine de terror de serie B, The Craizes esconde una inteligente metáfora sobre la ausencia de escrúpulos de los gobernantes para mentir y experimentar con la sociedad.

El hecho de que lo primero que escuchamos en la película sea We’ll meet agrian, la canción que cerraba la magnífica y contundente película de Stanley Kubrick, Teléfono rojo, ¿volamos hacia Moscú? (Dr. Strabgelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb, 1964), nos coloca, inmediatamente, en la tesitura de la hipótesis, de que la película que vamos a ver es una especulación de algo que, claramente, podría pasar.

La acción transcurre en un pequeño e idílico lugar de Iowa, convulsionado con un insólito suceso al presentarse uno de sus vecinos con un arma de fuego en un partido de béisbol. El shérif del pueblo, David (Timothy Olyphant), se ve obligado a dispararle cuando percibe que su vida corre peligro. Este suceso no es más que el principio de un comportamiento que se extiende como un virus. David y su ayudante descubren un avión que se había estrellado en el mismo río que suministra de agua a todo el pueblo, por lo que intuyen que puede ser el origen del extraño virus. Al poco tiempo y sin que les de tiempo a reaccionar, el pueblo al completo es sitiado por el ejército que, sin dar ninguna explicación, evacua, ejecuta y extermina sin contemplación. Separado a la fuerza de su mujer, Judy (Radha Mitchell), la médico del pueblo, David no piensa ni irse sin ella y ni quedarse sin hacer nada al respecto.

Geroge A. Romero, autor de la versión anterior, siempre ha realizado estupendas metáforas de la sociedad a tiro de zombies, por lo que no cabe ninguna duda que este primer incidente, de un individuo que aparece en un lugar público con un arma de fuego, hace alusión a esas lamentables secuencias que ya forman parte de cualquier noticiario. Ni siquiera se reduce este tipo de actuación al ámbito anglosajón, todos estamos contaminados con la rueda de este tipo de conducta sinrazón, luego lo que venía apuntado desde la canción inicial, queda confirmado con este suceso.

Recurro a George A. Romero, porque aunque los guionistas Scott Kosar y Ray Wright conocen a la perfección las exigencias del género —el primero ya escribiera dos remakes, Matanza de Texas 2004 (The Texas chainsaw massacre, 2003, Marcus Nispel) y La morada del miedo (The Amityville Horror, 2005, Andrew Douglas), y un guión original, El maquinista, (The Machinist, 2004, Brad Anderson), y el segundo los guiones de Pulse (2006, Jim Sonzero) y Expediente 39 (Case 39, 2009, Christian Alvart)—, intuyo que el maestro del género de terror insufla a este proyecto su personalidad y coherencia, aunque sólo haya sido su productor ejecutivo, y sobre todo, porque escribiera el guión original junto con Paul McCollough. Tampoco creo que Breck Eisner haya hecho algo más que traducir en imágenes el guión que tenía entre manos, confieso que no he visto sus trabajos precedentes, ni Sahara (2005) ni Crímenes de pensamiento (Thoughtcrimes, 2003), pero muchas ganas tampoco es que tenga.

Teniendo pues tantas cabezas pensantes es difícil saber a quien corresponden los aciertos, pero el caso es que a la película le viene muy bien esa atmósfera de paranoia que recuerda a otro mítico título fantástico, La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the body snatchers, 1956, Don Siegel), reforzado por el hecho de que Judy sea médico, que bien podría haber sido profesora, alcaldesa o tendera. La elección es explícita y mi interpretación es que pudieran querer distraer nuestra atención con la idea de un virus extraterrestre o ajeno al ser humano, para sorprendernos después con que el enemigo lo tenemos en casa, volviendo de nuevo la metáfora política que hacía la película de Don Siegel sobre los peligros del capitalismo.

Del reparto hecho en falta algo más de carisma, pues aparte de la fuerza que Radha Mitchell aporta a su personaje, nadie más sobresale, ni siquiera Timothy Olyphant que con ser guapo y llevar uniforme parece que tiene bastante. Aún así da gusto contemplar una película en la que personajes y acciones evolucionan con coherencia, y sin caer en errores anteriores de acabar convirtiendo la película en otro filme de acción con héroe que casi no llega a salvar a su chica por culpa del tráfico. No. The Crazies es entretenida cuando tiene que serlo, impactante en el momento apropiado y fiel hasta el último minuto a su discurso hipotético, siempre dentro de los parámetros del género.

Lo que desde luego sorprende es la rapidez con la que la realidad supera a la ficción pues algunos de los momentos que viven David y Judy parecen terroríficamente similares al reciente asalto de Israel a la Flotilla de la Libertad con ayuda humanitaria que se dirigía a Gaza. Impresiona la similitud de las respuestas que da el soldado capturado por David en la ficción, tan similar a las que se dan por gobiernos enteros en la vida real. Luego nos quejamos de la parquedad en los diálogos de las películas, pero señores, ¡tan sólo reflejan la vida real! A estas alturas no distingo que me produce más miedo ¿la ficción o la realidad?

(Publicado originalmente en EXTRACINE)


Legion


Titulo original: Legion
Año: 2010
Nacionalidad: EE. UU.

Dirección: Scott Charles Stewart
Guión: Peter Schink & Scott Charles Stewart
Producción: David Lancaster & Michel Litvak
Fotografía: John Lindley
Música: John Frizzel
Montaje: Steven Kemper
Diseño de Producción: Jeff Higinbotham
Decorador: Gabrielle Petrissans
Vestuario: Wendy Partridge
Reparto: Paul Bettany, Lucas Black, Tyrese Gibson, Adranne Palicki, Jon Tenney, Willa Holland, Kate Walsh, Kevin Durand, Charles S. Dutton, Dennis Quaid, Jeanette Miller, Cameron Harlow, Doug Jones, Josh Stamberg, Yancey Arias, Danielle Lozeau, Luce Rains, Bryan Chapman, Denney Pierce, Kaye Wade, Chuck Hicks, Stephen Oyoung, Tyra Danielle, Django Marsh...


catolicismo, machismo, incoherencia a tutiplén y exterminación por aburrimiento

Legion es un producto antiguo, aburrido e insoportable, que parece que estuviera producido por el mismo grupo de religiosos de pacotilla que hicieran realidad la entrañable Plan 9 from Outer Space.

Nunca hubiera pensado que llegaríamos a ver convertido en filme un guión que, sin ser surrealista, está escrito, de principio a fin, con la técnica de la escritura automática. Sólo de esa manera se puede entender los delirios fantasiosos de un especialista de efectos especiales, Scott Stewart y un montador, Peter Schink, responsables de una historia que hace agua por todas partes. A lo mejor es su manera de luchar contra la sequía.

Michael, un ángel caído, se materializa en un callejón para erigirse en protector de Charlie, una madre soltera embarazada que ha sido marcada —por que sí— como el elemento clave para evitar la exterminación del hombre en la tierra ordenada por Dios en persona. No hay más.

Si echamos la vista al pasado, comprobaremos que en tiempos de crisis, la imaginación de guionistas y directores ha sabido eludir las carencias económicas manifestándose en un cine inteligente que ha sabido contar más de lo que mostraba. Aquí estamos en un caso especial porque ni saben lo que quieren contarnos ni saben cómo contarlo. Pareciera que siguiendo la estela de James Cameron con su patético The Abyss (1989, James Cameron), Stewart y Schink estuvieran aprovechando para llevar a la gran pantalla sus fantasías de adolescentes. Lo cual me parece una desfachatez, una actitud inmoral, irresponsable y una ausencia total de respeto hacia el espectador.

Sólo fijándome en la historia, el relato n se sostiene, hace aguas por todas partes, y no estoy aludiendo al diluvio universal, citado en el filme. Asumiendo el hecho de que Dios se ha enfadado con la humanidad —algo que ni siquiera está explicado en el filme—, sin entrar en cuestiones religiosas o filosóficas y dado por hecho que algo como esto sea posible, ninguno de los dos guionistas es capaz de explicar con coherencia los motivos por los que el hijo de Charlie es sido escogido, tampoco se entienden los momentos de calma entre un ataque y el siguiente, ¿acaso Dios necesita pausas para merendar y recobrar sus fuerzas? ¿Qué es eso de que un ángel le da una lección al mismo Dios? A mi me parece que estos dos individuos no asistieron a todas sus clases de catequesis y creo que un niño de seis años lo habría hecho mucho mejor.

Quizás lo único entretenido es el juego de las referencias cinéfilas empezando por The Terminator (1984, James Cameron), no sólo porque la nombran explícitamente, sino porque el argumento guarda varios puntos en común: el tono apocalíptico, la aparición de Michael, la protección del niño a toda costa en la que Michel sería John Connor y Gabriel sería el terminator. Sorprende encontrar un referente a Bagdad Café (Out of Rosenheim, 1988, Percy Adlon) —probablemente ni ellos se han percatado de esto—, no sólo por el hecho de ser un restaurante perdido en el desierto, sino por el abandono de la pareja y por algunas similitudes entre los otros personajes, aunque desde luego totalmente desvirtuados. Pudiera ser que hubiera una referencia a Los mejores años de nuestra vida (The best years of our lives, 1946, William Wyler), pero sólo por la prótesis que lleva Percy (Charles S. Dutton) —algo que tampoco se explica tan sólo les sirve para hacer una broma. Yo me atrevería con Las aventuras de Priscilla, reina del desierto (The adventures of Priscilla, queen of the desert, 1994, Stephan Elliot), de otra manera no sabría explicar el estilismo del ángel Gabriel, que pareciera viniera de una fiesta gay con dress code.

Lo que los propios guionistas del filme tampoco se ha percatado es del machismo latente y palpable en toda la obra en la que la mujer es presentada como una buscona (por no decir puta) caprichosa —Audrey (Willa Holland)—, como una molestia inútil y patosa —su madre, Sandra (Kate Walsh)—, como la causante de todos los males presentes —la ex-mujer de Bob (Dennis Quaid)— o la misma Charlie (Adrianne Palicki)cuya única función válida es la de la procreación. Los hombretones son todos espectaculares, todos tienen su momento y si hay alguna esperanza en el futuro de la humanidad es porque uno de ellos es tan noble como un Labrador Retriever.

Si sobre el papel Stewart y Schink son incapaces de hacer algo coherente, visualmente y en solitario Scott Stewart ya ni te cuento. La única secuencia que merece la pena es la de Gladys (Jeanette Miller), pero está machacada en el tráiler, y lo que podría haber sido una entretenida película de acción, es desaprovechada en insulsas explicaciones entre unos personajes que terminan por aburrir. Lo que no entiendo es cómo le han dado carta blanca para un segundo proyecto, que parece se mantiene en la misma línea absurda-fantástica-machista-católica: Priest. Yo desde luego, tengo bastante con esta y, la siguiente, no pienso ir a verla.

(Publicada originalmente en EXTRACINE)

Jacuzzi al pasado


Titulo original: Hot tub time machine
Año: 2010
Nacionalidad: EE. UU.

Dirección: Steve Pink
Guión: John Heald, Sean Anders & John Morris
Producción: John Cusack, Grace Loh, Matt Moore & John Morris
Fotografía: Jack N. Green
Música: Christophe Beck
Montaje: George Folsey Jr. & James Thomas
Diseño de Producción: Bob Ziembicki
Dirección Artística: Kelvin Humenny & Jeremy Stanbridge
Decorados: Jill Sprayregen Henkel & Johanne Hubert
Vestuario: Dayna Pink
Reparto: John Cusack, Clark Duke, Craig Robinson, Rob Corddry,
Sebastian Stan, Lyndsy Fonseca, Crispin Glover, Chevy Chase, Charlie McDermott, Lizzy Caplan, Collette Wolfe, Aliu Oyofo, Jake Rose, Brrok Bennett, Crystal Lowe, Jessica Paré, Kellee Stewart, Julia Maxwell, Geoff Gustafson...

nerds de cuarenta y tantos


Avalada por contar con John Cusack tanto de actor como de productor, con un argumento tan insólito, Jacuzzi al pasado podría haber resultado graciosa o, cuanto menos divertida, pero, aunque a ratos pueda resultar entretenida y sea capaz de hacerte reír, termina por ser un producto insustancial de los que siempre te preguntas ¿por qué no me lo habría descargado de Internet?

Adam (John Cusack), Nick (Craig Robinson) y Lou (Rob Corddry) son amigos desde el instituto y en la actualidad unos fracasados que se soportan apenas. Para olvidar sus problemas, y superar el intento frustrado de suicidio de Lou, deciden pasar un fin de semana en la misma estación de esquí que cuando empezaban a encauzar sus vidas. A ellos se suma Jacob (Clark Duke), el sobrino de Adam, un auténtico nerd contemporáneo. La fiesta comienza aburrida, pero se desmelena cuando se activa el jacuzzi, al que se zambullen sin pensarlo y se desatan en una desenfrenada juerga. Al día siguiente, cuando despiertan están en el mismo lugar, pero no en el mismo tiempo, están en 1986 (o siete, no me acuerdo).
La desfachatez del argumento facilita la desinhibición del espectador y que ni espere profundidad ni sentimiento, tan sólo un divertido vehículo para reivindicar la década de los ochenta. Lo malo es que los autores se la tomaron en serio, y no me refiero a lo de la reivindicación de los ochenta, sino a la película misma y su argumento y, claro, nosotros ya no somos adolescentes.

Es inevitable aludir a ciertos títulos que incluyen el viaje en el tiempo en sus argumentos, en el caso de Regreso al futuro (Back to the future, 1985, Robert Zemeckis), está explícitamente evocado con la presencia de Crispin Glover en el reparto y, aparte de la posibilidad de que Jacob pueda no nacer si modifican algo en el pasado, ahí queda todo el guiño. 

Atrapado en el tiempo (Groundhog Day, 1993, Harold Ramis) es otro referente, aunque no se desarrollara de la misma manera. Aunque en esta no hay viaje en el tiempo, utiliza la repetición del mismo momento, pero persiste la idea de arreglar algo que hicieron mal en el pasado, junto con la ardilla traviesa, hace inevitable la evocación de tan mítico y entrañable título. 

La inclusión de Chavy Chase en el reparto, más que evocación de un título, es un sentimiento, el de un tipo de cine, comedia de entretenimiento tonta, absurda y sin ningún fundamento dado que, por lo menos en España, el actor neoyorquino no tiene la misma popularidad de otros actores de la misma época como puedan ser Tom Hanks, Dan Aykroyd o Bill Murray.

Quizás noto que desaprovecharon las diferencias culturales entre los ochenta y la década actual, tan cercanos en el tiempo y tan lejanos tecnológicamente. Pero ha decir verdad, no me lo pasé tan mal, me reí en muchos momentos, los personajes me resultaron simpáticos, los actores los defienden muy bien, particularmente Rob Corddry, que se entrega con uñas y dientes a un personaje tan simpático como desagradable.

Lo malo llega al final, con el presente y el mensaje, con la desagradable idea de que un grupo de amigos sólo se pueden querer y aceptar si hay dinero por medio, si hay éxito, si han alcanzado el sueño americano. ¿Cómo? ¿Perdón? El brindis de la comida final me repugna y, mira tu por donde, me hace reflexionar, igual esto es lo que me molesta cuando no me habían preparado para ello.

(Publicada originalmente en EXTRACINE)